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Lunes, 11 de Noviembre del 2019


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LOCAL / REGIONAL

A un año de las muertes de Sandra y Rubén, ¿qué aprendimos?

sábado, 3 agosto, 2019

ACCIÓN Y REFLEXIÓN EN SENTIDO POPULAR Y PEDAGÓGICO –

Cuando la conmoción y el dolor, dos factores que movilizaron a la población en su conjunto, Leonor Rodríguez, ex Directora de la Escuela Primaria N° 56, reafirmó su pensamiento y acción de trabajo, expuso: «Me costó mucho entender que los padres son mis pares y que la autoridad es una construcción».

A doce meses de la desaparición física de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, es una obligación releer lo producido, lo hecho, aquello que fue truncado (momentáneamente) y, en especial, el rol jerárquico y la naturalización que toma distancia de los territorios.

Leonor Rodríguez arranca el diálogo así: «Quizá no debería ser necesario aprender sobre la muerte. Tendríamos que darnos la posibilidad, como educadores o desde la comunidad educativa, de aprender desde la vida, y una de las cosas que se aprendió desde aquel 2 de agosto de 2018 es que no hay manera de salir de los estados de desidia, olvido, que llevan adelante los que aplican las políticas públicas, si no nos organizamos. El aprendizaje es ser comunidad educativa, donde cada integrante cumple un rol desparramando el poder. Creo que el descuido llama siempre a aquellos que saben cuidar, y quien más saben cuidar en las comunidades más descuidadas por el Estado son las familias, quienes para no morir en el descuido generan y buscan todo el tiempo estrategias de vida. Generalmente uno aprende sobre sucesivos borradores, entonces la comunidad pedagógica que quiere que su lugar siga siendo de resistencia, de alimento pedagógico día a día, lleva a incluir a todos pero con la lógica de validar la inclusión. Cuando nosotros hacemos el ingreso a la escuela, la mayoría de los trabajadores /as no vivimos en esos barrios o lugares, debemos comprender que ese lugar es mirado, caminado y saludado por la comunidad, por lo tanto debemos entrar a esos espacios pidiendo permiso a la comunidad, no porque no seamos dignos de estar allí sino que es la manera verdadero de integrar a aquellos que son escuela todo el tiempo. Recuerdo que cuando preparamos el acto por los 25 años de la Escuela 56, pensábamos en una frase que tenía que ver con el delirio que nos agarra a los educadores para definirnos, entonces vino una familia del barrio (Satélite) y dijo: el pasacalle tiene que decir la escuela se hizo barrio y el barrio se hizo escuela«.

Aquel 2 de agosto, esa explosión, ratifica para Leonor Rodríguez el concepto profundo y real: «Es la comunidad la que tiene que sostener el tiempo de resistencia. No es con sostenimiento demagógico de decir bueno, vengan un ratito porque es un padre que le dice a un directivo, usted quiere abrir la escuela, nosotros NO porque son nuestros hijos los que transitan, porque nosotros sabemos cuidarlos aún viviendo en una casa donde existen las mínimas condiciones de seguridad. Con esa lógica ingresaron las comunidades a partir del 2 de agosto, ese es el aprendizaje porque compartimos el cuidado con aquellos que saben cuidar. A uno lo hacen presente en un lugar cuando entiende que es par; cuando uno transita desigualdades genera ausencia; cuando uno transita paridades genera presencia. Eso eran Sandra y Rubén, eran presentes, no necesitaban morirse para hacerse presentes».







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