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Asesinatos laborales: tres muertes evitables en 48 horas

sábado, 6 junio, 2020

Víctor Rodríguez murió aplastado por una bolsa de cuarzo de 1500 kilogramos. María Ester Ledesma falleció por Covid-19, tras que se le negase seis veces el pedido de licencia por ser persona de riesgo. Mariano Sosa sufrió graves lesiones que le provocaron la muerte, al quedar atrapado en una máquina Sin Fin. En el 2019 más de 500 trabajadores fallecieron por causas evitables en un contexto de desidia empresarial y estatal. Por ANRed.

Víctor Rodríguez, de 38 años, trabajaba hacía 10 años en el área de composición de Cristalerías Rigolleau SA, ubicada en Berazategui, Provincia de Buenos Aires. El jueves pasado, mientras cumplía tareas en el depósito, murió aplastado por una bolsa de cuarzo de 1500 kg. Sus compañeros denunciaron que, por un ajuste de la empresa, allí donde antes trabajaban dos operarios, Rodríguez había quedado solo. Motivo por el cual también fue encontrado al menos dos horas después de producirse su fallecimiento.

Roberto Tullo, director de Rigolleau, apuró las pericias para volver rápidamente a producir, mientras que el Sindicato del Vidrio resolvió un paro de 1 hora, entre las 11 y las 12 de ayer.

“Era una gran persona, pero un mejor compañero”, destacaron los operarios de la cristalería.

María Ester Ledesma era enfermera en el Hospital Interzonal General de Agudos Luisa Cravenna de Gandulfo en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires. En el contexto de cuarentena por Coronavirus, solicitó seis veces el pedido de licencia debido a enfermedades que padecía. En las seis oportunidades rechazaron su pedido. Falleció el jueves. (LINK)

“María Ester no debería haber estado trabajando. Una compañera que el Estado debería haberla cuidado; pero como tenía 50 años no importó que era diabética, hipertensa y tenía problemas de obesidad. Le negaron la licencia por Covid y así fue como la compañera contrajo el virus dentro del hospital. Contagió a su madre que falleció la semana pasada, a su hijo -que aún esta internado-, a su esposo y a su otra hija. Es lamentable que este sistema perverso asesine enfermeras. Esto no fue la pandemia. Esto fue un asesinato de parte del gobierno provincial. Los responsables son los del Estado”, afirmó a ANRed, Aída, enfermera del Gandulfo y secretaria administrativa de ATE Sur.

El lunes a las 11hs habrá una jornada de duelo en la puerta del hospital.

Ayer, en Córdoba, perdió la vida Mariano Nicolás Sosa en la planta de Aceitera General Deheza (AGD) ubicada en Alejandro Roca. Sosa, trabajador eventual de 21 años, sufrió graves lesiones que le provocaron la muerte al quedar atrapado en una máquina Sin Fin. Tras el hecho, la empresa cerró las puertas de la planta e impidió el ingreso de los delegados.

Desde la Federación de Aceiteros y Desmotadores (LINK) aseveraron que Sosa “no había sido debidamente capacitado” y responsabilizaron a AGD por el asesinato laboral: “a la empresa le corresponde la implementación de todas las medidas preventivas y de seguridad que garanticen la vida y la integridad de los trabajadores”.

La Federación ha avanzado en varias plantas en la conformación de Comités Mixtos de Salud y Seguridad; sin embargo, en AGD no se cumple con esta resolución a pesar de dos acuerdos firmados en el 2016 y en el 2018.

Asimismo, desde la Federación, apuntaron a la responsabilidad estatal dado “que no ejerce sus funciones de control de acuerdo al mandato constitucional de garantizar condiciones dignas y equitativas de labor y la salud de las personas que trabajan”.

Estos tres casos se suman a una larga lista de asesinatos laborales. El 21 de mayo, se produjo la cuarta muerte de repartidores y repartidoras de APPs en el contexto de cuarentena. A fines de abril, en La Pampa, un obrero murió aplastado por un chimango en una cerealera de Caleufú. En marzo, un trabajador de Ayko SA, al servicio de Telecom, falleció luego de que se cayera un poste de teléfono.

La Campaña Basta de Asesinatos Laborales (BAL) señaló que en el 2019 murió un trabajador cada 14 horas (LINK) por “causas evitables durante el ejercicio de sus tareas en condiciones precarizadas, lo que significa 500 decesos por año”.

“Si es evitable, no es accidente”. Un concepto sencillo, que defiende la vida, pero que el empresariado y el Estado siguen desoyendo.







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