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Billeteras virtuales, ¿Criptomonedas en Cuba?

martes, 10 septiembre, 2019

Por: Dianet Doimeadios Guerrero, Lissett Izquierdo Ferrer, Edilberto Carmona Tamayo, Diego Rafael AlbornozFuente: Cuba Debate

“Vires in numeris”, la fuerza está en los números. Después de las 10:00 p.m., el 3 de julio de 2019, el canal de Telegram de CubaCripto fue un punto de partida ideal para comprenderlo. Era casi imposible seguir el hilo de la polémica, iba a cientos de caracteres por segundo. Más de sesenta usuarios activos.

Mientras debatían sobre la frenética posibilidad de ganar un gramo de oro al día siguiente: unos apelaban a “retirarse a tiempo”; otros confiaban en su “educación financiera”. Los menos, no perdían nada, ni siquiera la oportunidad de cuestionar: “locos quienes se lo tomaron tan en serio”, de vez en cuando alguien lanzaba el litúrgico “¿qué pasará?”

¿Qué importancia puede tener la cotización del oro para una comunidad de 300 cubanos, aparentemente, jóvenes todos? ¿Trading de criptomonedas en Cuba? ¿Estafa piramidal, empresa multinivel, ingresos residuales para toda la vida? ¿Comunidades de traders, “inversores y ahorradores”?

Hablaban de una exchange (casa de cambio) a las que todos accedían desde Holguín, Villa Clara, Cienfuegos, Matanzas o La Habana; de una billetera que tenían en sus teléfonos; compraban y vendían siglas —BTC, KBC y ETH—, como dinero contante y sonante.

En los bolsillos de los cubanos ahora hay más monedas, y en sus móviles también. Cuando la gran mayoría aún nos entrenamos en el uso de la banca electrónica o el Transfermóvil, miles de nuestros connacionales ya navegan y comercian aceleradamente en el “mundo cripto”. ¿Cómo llegamos a la “criptolocura”?

Del papel moneda a la cadena de bloques

En la tarde del 3 de enero de 2009 se cerraba el primer bloque de la cadena de Bitcoin: la criptomoneda empezaba a circular. Misteriosamente, una década después, su creador “Satoshi Nakamoto” permanece en el anonimato, pero otras criptodivisas han aparecido: Ethereum, Dash, Ripple, Litecoin, Petro, y dos mil trescientas más.

Si googleas criptomoneda aparecerán más de 4 millones de resultados, pero en todos hay puntos en común: “criptodivisa (del inglés cryptocurrency) o criptoactivo, medio digital de intercambio que utiliza la criptografía para garantizar la autenticidad de las transacciones, controlar la creación de unidades adicionales y verificar la transferencia de activos”.

El profesor Alexi Massó Muñoz, del Instituto de Criptografía de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, asegura que para comprender este medio descentralizado hay que saber cómo funciona el dinero en el banco.

En los cálculos más optimistas, apenas un 10% del dinero que circula globalmente ha sido impreso en papel moneda. El otro 90% existe únicamente como bits, números en la pantalla de una computadora o un móvil.

“En la tarjeta bancaria o magnética no tienes billetes físicos, sino una anotación que expresa un valor determinado. Básicamente, una criptomoneda es lo mismo: un fichero que asegura la existencia de un número de cuenta con un saldo preciso, al cual se le adjuntan todas las transacciones que se van haciendo”, simplifica el investigador.

Cuando haces una operación, los datos de esta se registran en un bloque, y automáticamente se va replicando en el resto. Cada “eslabón” enlaza a uno previo. Esto hace que los datos no puedan ser modificados ni manipulados sin modificar el resto, algo extremadamente complicado —advierte—. A esta tecnología se le conoce como cadena de bloques o blockchain.

Es un registro inmutable, diferente y verificable, un libro mayor de acontecimientos digitales que está distribuido. O esa, compartido y aprobado por muchos. Una red de ordenadores descentralizada, un enjambre de máquinas inter­conectadas, nodos repartidos por todo el mundo que, haciendo un uso enorme de la criptografía, guardan copias de todas las transacciones que se realizan. Si uno se apaga o rompe, el sistema no sufre ninguna afectación, pues siempre se podrá acceder desde otra máquina.

Los bancos, históricos intermediarios financieros, no son los únicos que pueden realizar las anotaciones ni emitir las “moneditas”. Miles de voluntarios repartidos por todo el mundo también podrán hacerlo, los famosos mineros de la Red, en analogía con quienes extraían de la tierra sus riquezas.

El registro compartido y descentralizado de la red protege al sistema contra el fraude. Para evitar entradas duplicadas en esta especie de notaría virtual, la red obliga a los mineros a resolver un cálculo matemático complicadísimo (llamado hash). Cada vez que hay que añadir algo al registro; el primero en completarlo es el que anota la transacción y, como recompensa, recibe criptomonedas.

No pocos cubanos se han pasado horas en un parque minando, tratando de resolver problemas matemáticos por unos centavos de bitcoin. O han instalado el navegador Cryptotab con la esperanza de hacerse ricos. ¿Dará resultado la minería? ¿Tendrá algún coste?

Para resolver los complejos algoritmos se necesita una gran capacidad de cómputo, y gastar ingentes cantidades de electricidad. Esta dependencia energética no resulta una buena noticia para el ecosistema.

Un informe de la Agencia Internacional de Energía posiciona al bitcoin y al resto de las criptomonedas como uno de los negocios que más electricidad consume a nivel mundial. Si estas criptodivisas fueran un país, ocuparían el peligroso puesto número 41 en el ránking de naciones que más electricidad gasta de manera anual, según Digiconomist.

Quizás una opción saludable para el medio ambiente sea utilizar el celular, pero para conseguir algo de dinero haría falta tener muchos móviles minando, simultáneamente. Y aquí también hay pérdidas, porque el teléfono se sobrecalienta y el hardware arde.

Saldos que convierten al minado de bitcoins en irrentable y al trading en la alternativa más popular. Gana adeptos así la compraventa de criptomonedas en Cuba.

4 de julio: un día para cambiar criptomonedas por oro

En octubre del 2018, el alemán Harald Seiz, CEO de Karatbars International GmbH, anunció que “el 4 de julio de 2019, Día de la Independencia del Oro” se podrían cambiar 100 KBC —criptomoneda creada meses antes por su empresa— por 1 gramo de oro. ¿Por qué aquella noche era importante para unos pocos “inversores” en la Isla? ¿Cómo llega Karatbars y su crypto-currency a Cuba?

En mayo de 2015, Rubén de Jesús Moraga Ramírez inició su emprendimiento más perdurable, hasta hoy. Conoció a Karatbars Internacional y abandonó la idea de emigrar del país. Cuatro años más tarde, este técnico medio en Informática es líder de “la comunidad más grande de criptomonedas en Cuba. Un equipo de inversores y ahorradores que estudia la educación financiera”, dice con orgullo el joven de 32 años.

Rubén estudió educación financiera, mercados, costos, beneficios y decidió, junto a su amigo Frank, comenzar a “instruir” a todo el que quisiera escucharlos, dar conferencias, charlas sobre rentabilidad e inversión. Nació Karatbars Cuba.

El 18 de julio, Karatbars Cuba era una comunidad de 6 000 personas aproximadamente, 500 de ellas activas en todo el país, desde Pinar del Río hasta Guantánamo, con mayor presencia en La Habana y Holguín. A finales de agosto, solo le faltaban 14 personas para llegar a los 7 000 socios. Actualmente, son casi 7 100, crecen a razón de 10 personas por día. “Por las redes sociales uno hace el trabajo”, dice Rubén.

En su “engranaje intergeneracional” conviven juristas, médicos, profesores de diversas especialidades, cuentapropistas y, por supuesto, informáticos. “Una familia de individuos muy diversos” —confiesa—, cuyo objetivo es el “desarrollo personal y colectivo, al tiempo que demuestra al mundo la posibilidad de pertenecer al proyecto Karatbars Internacional, sin perder la identidad como nación”.

Karatbars International se define como una empresa de ventas multinivel, con sede en Stuttgart (Alemania), fundada en 2011. “Nosotros empezamos ahí, no en el mundo cripto, por eso el KBC tiene un multinivel que no lo tienen las demás criptomonedas”, comenta Frank Velázquez Fonseca, el segundo rostro más visible de la comunidad, tras impartir una conferencia en el Palacio Central de Computación, donde habitualmente se reúnen.

Rubén explica que “nos pasamos el día completo recomendando productos, servicios, películas, y no ganamos dinero con eso. Bueno, hay todo un sistema montado en Internet, donde yo no tengo que tocar el producto, solo te recomiendo que lo compres. Entonces, vas a la empresa y te registras con un alias para siempre, cuando adquieras el bien me llegará un porcentaje y si recomiendas a otros clientes, también, igual sucederá contigo”.

Después de tener miles de afiliados, ¿qué hizo la empresa? “Exactamente lo mismo que está haciendo Facebook, emitir una criptomoneda, la primera que supuestamente iba a ser respaldada en oro. O sea, una stablecoin, creada con la finalidad de que su valor permanezca estable en algo tangible”, analiza el investigador Massó Muñoz.

Según el sitio oficial de Karatbars Internacional, la compañía “democratiza el oro físico”, pone el metal precioso “en manos de todos” mediante la venta de pequeños lingotes u objetos de colección. Harald Seiz, el CEO, creó billetes con 0,01 gramo de oro incrustado, equivalentes a 5.00 CUC aproximadamente —relata Rubén—, “para que personas como nosotros puedan ahorrar”.

El equipo de Harald, un empresario del que apenas existen referencias en sitios especializados y Google lo define como conferencista, “analiza en 2018 la tecnología de blockchain” y le dice a toda su comunidad:

“Es por aquí, vamos a crear una criptomoneda y respaldarla en oro, porque ya tenían el oro”, recuerda el líder de Karatbars Cuba. “Creó la criptomoneda, el KBC. Incluso, fue más allá, creó un ecosistema completo, con banco, exchange, cajeros, todo”.

En febrero del año pasado, “el Karat Coin Bank, con sede en Miami, y su dueño Harald Seiz introducen en el mercado el karatgold coin (KBC) como una moneda estable”, refiere el white paper (guía que ayuda a los usuarios a entender el concepto) de la empresa.

“Su valor no es como el bitcoin”, certifica Rubén. “Por ejemplo, hace cuatro horas —18 de julio de 2019—, el BTC subió de 9 280 dólares a 10 290, 1 010 unidades en un segundo. Es muy volátil, no puedes confiarte de ella.

“Yo dije: ‘hay algo que está pasando que no veo, pero Harald que está en una posición por encima de mí, y ve el mundo desde otro punto de vista, sí ve’. Decidí seguirlo, y la gente: ‘Ustedes están locos’. Sí, estamos locos”.

Aunque bitcoin (BTC), ether (ETH) y litecoin (LTC) son criptos muy populares en el país, podría ser KBC en la que más se ha invertido. Cubanos de todas las edades han puesto sus ahorros en ella, ya han comprado un fullnodo, y dos supernodos que podrían llegar a ser cuatro.

En el Palacio Central de Computación de La Habana conocimos a Berta. A través de su hijo llegó a los encuentros de Karatbars Cuba. Tiene 73 años. Sin dudas, una de las pioneras de su generación en poseer criptomonedas en el país.

“Mi hijo me ayuda a entender los pasos. Hemos tratado de involucrar a la familia —sobre todo los jóvenes—, pero nos ha costado porque muchos piensan que es una estafa, que es lavado de dinero”, expone la señora, uno de los pocos adultos mayores que estuvo el sábado 20 de julio en la sala de conferencias del Palacio.

“No quiero ver el dinero, sino ahorrarlo y que se incremente”, anhela Berta. “Siempre hay riesgos, pero no tengo temor. Hasta ahora solo he invertido, compramos KBC con dinero personal”.

El objetivo principal de Karatbars Cuba no es que sus miembros se dediquen al trading: compraventa de criptomonedas. Sin embargo, Rubén conoce muy bien que “aquí hay personas que venden”.

“Si la moneda está alta y estudio que va a bajar, puedo vender alto y comprar bajo. Eso me genera ganancias que no son despreciables, si se hace bien. Si no, pierdes. Por ejemplo, estoy en el par KBC- BTC. Si mi moneda está alta vendo los KBC. Luego, espero que baje y compro más KBC”.

El joven explica que estas operaciones se realizan, normalmente, a través de las casas de intercambio de criptomonedas, “las conocidas exchange. Hay unas tres mil, las dos más profesionales son HitBTC y Binance.

“Ahora, ¿qué pasa en Cuba? Estamos bloqueados por EE.UU., y en lo financiero el bloqueo funciona como un reloj suizo, el más caro —apunta—. No podemos operar en la bolsa, pero como las criptomonedas no tienen fronteras, encontramos la forma de entrar a ese mundo, comprar y vender”.

Cuando salió la ICO de Karatbars —Initial Coin Offering, fase donde se realiza la oferta inicial de criptomonedas, donde el emisor las vende al precio más bajo del mercado—, Rubén dijo: “Hay que comprar KBC. Arriba familia, lo que vayan a mandarme, cómprenmelo en criptomonedas. Si a un amigo le iban a mandar 100 USD, igual, y yo le daba el equivalente. Es más fácil adquirirlas desde el exterior, pues los exchanges aceptan MasterCard o Visa. También, si tienes bitcoin puedes comprar KBC. Pero aquí también se puede comprar”.

Frank Velázquez Fonseca llegó a Karatbars “por casualidad”, por el deseo de generar más ingresos. “Considero que no estoy haciendo nada ilegal, ni inmoral”.

Alrededor de esta empresa alemana hay un halo de escepticismo en la Red de redes, precisamente allí donde ha crecido tanto. ¿De dónde proviene su reserva en oro? ¿Realmente existe? En su white paper declaran que en Madagascar adquirieron una mina cuyas reserva ha sido tasada en 1,1 mil millones de dólares.

¿Por qué Cuba es importante para Karatbars? “Le dije a Juan —Sr. Juan Giner, líder mundial de Karatbars International para España—: ‘estoy en una mina sin explotar’, porque desde aquí emigra mucha gente. Formo a la gente y se van. Cae una semilla por allá”.

América Latina es terreno fértil para los emisores de los activos digitales, los inversores ven en la región muchas ventajas: baja inclusión financiera, el sector informal es gigantesco, muchos de sus ciudadanos viven de remesas y carecen de una cuenta bancaria, refiere Cointelegraph.

Hay quienes ven en Katarbars un esquema Ponzi o la tildan de estafa piramidal. “No hay estafa ninguna”, asevera categóricamente Frank. “Estafa siempre habrá en Internet, al igual que en la vida. El mundo digital es una extensión del mundo real, donde hay personas imperfectas, sin preparación, inmorales.

“¿Por qué el prejuicio con lo nuevo? ¿Por qué lo digital siempre tiene que ser una estafa? Esta tecnología trae muchísimos beneficios. El dinero se puede falsificar, el Bitcoin no, como ninguna otra criptomoneda. Simplemente, somos pioneros de algo que es inevitable”.

¿Qué garantías tienen los inversores?

—Ninguna. Depende del cambio, si lo hizo por oro sí, pero en caso de que lo deje en cripto esta fluctúa de valor. En los riesgos es donde más oportunidades hay para invertir.

Pero ustedes invierten fuera del país, ¿eso no te preocupa?

—Ni fuera ni dentro. En Internet no hay fronteras. Ojalá Cuba creara su cripto. Su uso está creciendo en el país, sobre todo entre los jóvenes.

Los especialistas de Arca Análisis Económico, grupo especializado en consultoría financiera y económica, indican que las criptodivisas despiertan muchísimo interés entre los emprendedores menores de 35 años debido a que las barreras de entrada son bajas y no se requiere de un capital demasiado alto para entrar y explorar las ventajas de este mercado.

A sus 50 años, Frank considera que “sumar siempre es la solución, no restar”. Le preocupa “que todavía no existen leyes sobre el uso de las criptomonedas en Cuba, no obstante, por su formación, está convencido que las regulaciones vigentes tampoco las prohíben.

Sobre el “Día de la Independencia del Oro”, el 4 de julio último, jornada de decepción para los usuarios cubanos que creyeron poder cambiar 100 KBC por 1 gramo de oro. A través del chat de Facebook, Rubén comenta: “Fue una pésima interpretación”.

Según el líder de Karatbars Cuba, “la empresa puso esa fecha para comenzar a cambiar 100 KBC por un gramo de oro físico, en forma de CashGold, independientemente del precio de la cripto. Ese día se hizo un evento en La Vegas y todo el que fue pudo hacerlo. Hace un mes la empresa puso el primer cajero, hoy puedes ir a canjearlo allí”.

Después del 4 de julio el KBC no ha vuelto a recuperar su valor histórico, más que un premio a la inversión, aquel día fue un flashcrash, una caída que te lleva de rico a pobre en una sola transacción.

Rubén y Frank trabajan en el departamento de Informática del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de La Habana. ¿Cuánto capital tienen hoy?, preguntamos a bocajarro. Ambos, por separado, esbozan una pícara sonrisa.

Rubén, inteligente y perspicaz, resume su éxito en haber contribuido a “educar” a muchos jóvenes, “que antes querían emigrar y hoy deciden quedarse en Cuba trabajando por Internet. Y eso es importante”. El dinero es el fin, pero no puede parecer que es una urgencia.

Artículo completo en Cuba Debate.







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