Desalambrar

Noticias de Moreno y la Región


Es difícil imaginar una acción más anunciada que el golpe lumpen policial que se descerrajó en la tarde de hoy en Brasilia.

Desde hace largas semanas está instalado en Brasilia un acampe bolsonarista, frente a las puertas del comando general del ejército. Aunque su función declarada es la de «reclamarle a los militares un golpe», está archidemostrado que el camping fascista es una usina de provocaciones y atentados. En diciembre pasado, se frustró un megaatentado en el aeropuerto de Brasilia, con explosivos que solo podían provenir de los arsenales del ejército. Las investigaciones judiciales apuntaron al acampe facho como usina del atentado. A despecho de ello, el gobierno solo ha «instado» a levantar el campamento, naturalmente, sin resultados.

Desde las entrañas del estado

Pero para que la crisis diera el salto que se produjo hoy, la agitación golpista debía empalmar directamente con una fracción del aparato estatal. Es lo que ocurrió en estas horas: los observadores superficiales aluden a la «pasividad» de la policía militar local. Fue mucho más que eso. Hay que recordar, en primer lugar, que la seguridad del distrito federal fue confiada… al ex ministro de justicia de Bolsonaro.

Este ministro, Anderson Torres, se «tomó» el fin de semana en los Estados Unidos, actual residencia de Bolsonaro. Ayer, sábado, la policía brasiliense fue «licenciada»; simultáneamente, llegaban a la capital centenares de micros de todo el país.

Ya el domingo, los escasos efectivos policiales se aplicaron a «acompañar»(sic) a la manifestación fascista, simulando una «represión» estéril horas después. Ahora, Lula ha decretado la intervención federal del distrito federal… «en el área seguridad», o sea, rescatando al gobernador que puso su seguridad en manos del bolsonarismo. Los gobernadores, «solidarios», le han ofrecido al presidente sus propios efectivos policiales, igualmente inficionados por la escoria bolsonarista.

El golpe trumpista y policial ha derrumbado prematuramente la pretensión de la «democracia» brasileña -y de su izquierda- respecto de la asimilación «institucional» del bolsonarismo o de una parte de él. Brasilia, en verdad, es solo un botón de muestra: en el nuevo gabinete brasileño, han conseguido cargos quienes -como la ministra de Turismo- cuenta con lazos probados con los milicianos, las claques que ofrecen «seguridad barrial» en combinación con el narcodelito y la policía.

El golpe lumpen policial de este domingo es solo un comienzo. El escenario golpista ha quedado instalado, de cara a las contradicciones explosivas que enfrenta Brasil. Los «demócratas» se han enfrentado al espejo de su propia impotencia. Es urgente la movilización continental contra el golpismo.