Desalambrar

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ORGANIZACIÓN Y LUCHA –

Por Pabla Luzmia Fava– Fotos / Colectivo Fotografía a Pedal– El Domingo 11 de diciembre, después de un mes de acampe frente de la Municipalidad de La Matanza, se levantó la medida de lucha pero la carpa en el barrio Las Mercedes de Virrey del Pino continúa. La huelga de hambre que inició Susana Aranda muestra la organización popular que le dice No a la muerte causada por la empresa Parex- Klaukol. Esta mujer muestra templanza y valentía en su forma de caminar y de hablar. Está convencida de su lucha y, más allá de las amenazas, resiste frente a sus vecinos y se enfrenta al sistema de negocios de las empresas monopólicas con el Estado. En diálogo con Desalambrar, Aranda habló del acampe frente a la Municipalidad de La Matanza: «Decidimos acampar por la desesperación e inoperancia de los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En siete años de lucha nos escuchó mucha gente pero el reclamo sigue sin tener respuestas. Estamos hablando de envenenamiento masivo, la gente se muere y nadie hace nada. Nuestros chicos no tienen futuro porque contaminados no pueden estudiar ni hacer nada”.

 

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Los datos son contundentes, son 70 las muertes que tiene el barrio Las Mercedes, 7 enfermos de cáncer y 11 cardíacos, más 100 personas medicadas. La existencia de plomo en sangre en 74 niños del barrio es un dato que da terror de solo informarlo. El promedio de vida en el barrio es alrededor de 60 años, no hay gente más de 70 y los mayores de edad tienen algún cáncer o la salud deteriorada. Susana está contaminada, pero no deja de señalar que lucha por el futuro de esos pibes y que no es fácil enfrentarse a Klaukol: «El dueño de esta empresa es muy poderoso pero sabemos que hasta los más gigantes caen. Por ahí no contamos con el poder adquisitivo pero tenemos la verdad y el coraje de decirle a cualquiera lo que vivimos y quienes son los responsables. Sabemos que los gobernantes tienen sus negocios con esa empresa y no defienden nuestros derechos. Si no hay respuestas en el mes de marzo del año próximo vamos a ir a La Plata a que nos escuche la gobernadora Vidal, si no recibimos nada nos vamos a poner en las puertas del Congreso de la Nación, pero no vamos a parar hasta que estén en el banquillo de los acusados los que nos asesinan”.

 

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Las amenazas están a la orden del día, lejos de hacer alejar a los vecinos de la lucha, los fortalece. Susana vivió situaciones muy graves, la de ser amenazada con un revólver en el estómago y ser obligada a comer baterías (pilas). Pero lo más alarmante, es que en el mes de noviembre, esa misma persona, fue primero a su casa y habló con su hijo haciéndose pasar por periodista. «Las amenazas siempre están han llegado a romperme los huesos y hecho tragar baterías, quizás te paraliza una hora pero después te motoriza para seguir en la lucha. Ellos tienen impunidad, a media mañana o a la noche hacen su tarea, porque tienen la protección de las fuerzas de seguridad. Lamentablemente ya me acostumbré y creo que eso está mal, pero más allá de eso vamos a seguir con nuestra lucha por la vida”, afirma Susana.

 

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Esa mujer que lucha, que resiste y enfrenta, entrega algo más que un mensaje de información: «No busco ningún rédito económico, no llevo ningún juicio en lo penal porque no buscamos nada económico, sólo que los culpables que envenenaron a nuestras familias sean condenados. Los gobernantes no nos entienden o no nos quieren escuchar, nos dicen que van a cerrar fuentes de trabajo. Lo que decimos es que cada obrero que sale de Klaukol no se inserta después en el mercado laboral porque está completamente contaminado».

 

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Los vecinos denuncian que la planta de Parex- Klaukol contamina el aire, la tierra y el agua con sus desechos químicos; “Cuando hace 46 años fui a vivir al barrio no tenía ni una fábrica, ahora Klaukol trabaja en el día y a la noche no se puede abrir las ventanas por el olor nauseabundo”.

Se organizan y se fortalecen en cada transitar por la lucha por la vida. Buscan que los responsables públicos y privados respondan al reclamo colectivo, que los culpables de las muertes y la contaminación se sienten en el banquillo de los acusados. Susana ya no está frente al municipio de La Matanza con su acampe. Ella está ahí, segura de su norte… el de las nuevas generaciones que deben crecer en el barrio Las Mercedes.