Desalambrar

Noticias de Moreno y la Región


Por Emiliano Fabris.- A 70 años de la muerte de María Eva Duarte de Perón.

Hace 70 años, se reprodujeron las siguientes palabras por radio y en cadena nacional “ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la nación”. Una multitud participó de su velatorio que duró semanas (su cuerpo fue embalsamado), con más de 15 horas de espera para pasar por el féretro, el mayor de toda la historia argentina. La CGT convocó a tres días seguidos de paro.

María Eva Duarte de Perón, “Evita”, que falleció a tan solo 33 años de edad, despertó una simpatía popular gigantesca por su accionar en beneficio de los más empobrecidos y de los trabajadores en su conjunto. Impactó en una forma extraordinaria a nivel internacional. Ha sido objeto de una literatura enorme, como en el cine y en el teatro. De origen humilde, muy joven y mujer, su nombre trascendió el país y atravesó a todas las clases sociales.

En lo que atañe a una caracterización política estricta, fue la agitadora por antonomasia de un gobierno bonapartista, que de entrada había advertido al gran capital que en el escenario revolucionario posterior a la segunda guerra mundial era necesario sustraer a las masas del comunismo, mediante concesiones sociales excepcionales. Bajo otras formas de gobierno fue lo que ocurrió en todo el mundo, desde África, Asia y América Latina a los principales países de occidente que habían quedado afuera de la ocupación militar de la Unión Soviética.

Este cuadro histórico explica el rol ‘sui géneris’ de Eva Perón –partidaria de las reivindicaciones sociales de los trabajadores, de un lado, y una anti-comunista militante, del otro-. Nadie como ella militó por el desalojo de la izquierda de la época de los sindicatos y por la estatización del movimiento sindical. Desde el inicio la emprendió contra los burócratas que apoyaron la llegada del peronismo, pero desde una pretendida posición independiente. La cruzada que Evita impulsó contra cualquier forma de independencia de clase de la clase obrera, bajo el primer peronismo, la aleja de la fantasía setentista según la cual “Si Evita viviera sería Montonera”. Su línea de acción estaba infinitamente más cerca del burócrata de la UOM, José Ignacio Rucci, que de Eduardo Firmenich.

Evita desató también el odio feroz de los círculos oligárquicos, como el de la pequeña burguesía liberal y universitaria, y de los partidos socialista y comunista. El neutralismo internacional que mantuvieron numerosos líderes nacionalistas en la segunda guerra fue caracterizado como pro-nazi, en función del apoyo de la izquierda a la alianza entre Estados Unidos y Gran Bretaña, fundamentalmente, con la URSS. La burocracia rusa pretendía que los países sometidos por el imperialismo yanqui se alinearan con su opresor nacional. Ciertamente, muchos de estos movimientos nacionalistas estaban convencidos de que la independencia de sus países se alcanzaría en el caso de una victoria del hitlerismo. El resultado de la guerra los obligó a cambiar de campo. La forma extrema en que Evita desarrolló el bonapartismo de Perón la ha llevado a ocupar un lugar destacado en las ciencias políticas y en la atención de los pueblos. La revolución mexicana de 1910, conducida por el nacionalista Madero y enseguida Zapata y Pancho Villa; la revolución boliviana de 1952, que entronizó al gobierno del MNR, y el peronismo que llegó al gobierno después del 17 de octubre, fueron los grandes movimientos históricos nacionales hasta la victoria de la Revolución Cubana.

Eva Perón muere entre dos episodios relevantes: la renuncia a ser candidata a la vicepresidencia, acompañando a Perón, en agosto de 1951, y el golpe militar de 1955. La renuncia obedeció al veto que impuso el alto mando de las fuerzas armadas a esa candidatura, que se rehusó a poner la institución bajo el control de un grupo familiar; un mes más tarde un general de la familia Menéndez impulsaría un golpe militar que fracasó. Cuando en septiembre de 1955 Perón buscó asilo en una cañonera de Paraguay, una mayoría del pueblo peronista se manifestó convencida de que Eva Perón hubiera aplastado el golpe e incluso armado a la clase obrera, si ello hubiera sido necesario. Existen registros históricos que señalan que Evita compró armas para entregar a los sindicatos y resistir el golpe. La naturaleza francamente extraordinaria y excepcional de la década del primer peronismo sirvió de fuerte educación política para una minoría de la juventud que se encaminaba por el camino del trotskismo, o sea de la IV Internacional, aunque buena parte de ella retornó al peronismo o coqueteó con él en el plano estratégico, como ocurrió después del Cordobazo.

Su figura ha sido rescatada por el peronismo en forma sistemática, incluso cuando Menem forjó la alianza con Alsogaray, el número uno de los golpes del 55, del 66 y del 76. El relato histórico del peronismo sufrió las más extremas mutaciones, en consonancia con su carácter ‘sui generis’, o sea que sirvió a todas las finalidades del momento. A eso se refería Marx, al menos en parte, cuando abordó el bonapartismo en Francia en su segunda versión, a partir de 1850, al observar “que el pasado oprime la conciencia de los vivos”. Cristina Kirchner se autoproclamó bonapartista varias veces, sin darse cuenta de que para Marx las segundas vueltas, en estos casos, son invariablemente una farsa.

Perón rebautizó al proletariado como “descamisados”, para redireccionarlo hacia el Estado. Sobre Perón, dice Eva en su libro “La razón de mi vida” (un texto de lectura obligatoria en las escuelas públicas) que “el nuevo Líder les hablaba del espíritu y de sus valores, no les predicaba la lucha entre el capital y el trabajo sino la cooperación, y aun les decía que era necesario poner en la práctica los viejos principios olvidados del cristianismo”, y que “el objeto fundamental del Justicialismo en relación con el movimiento obrero es hacer desaparecer la lucha de clases y sustituirla por la cooperación entre capital y trabajo”.

Eva Perón, que en su fugaz carrera como actriz llego a ser presidenta de la Asociación Radial Argentina (ARA), pasó a jugar un rol determinante, una vez electo Perón como presidente. Participó de la vinculación de la Secretaria de Trabajo y Previsión con ciertos dirigentes sindicales y por encima del funcionario de esa secretaría, José María Freire, del gremio del vidrio. Evita recibía a las delegaciones sindicales, mediaba en conflictos, realizaba visitas a fábricas y convenciones sindicales. Seguía personalmente todos los asuntos laborales que le presentaban así como las obras para la estructura de los sindicatos, la construcción de sedes, casas de afiliados y la ampliación de instituciones de prestación social, recreativas o de salud. Incluso la entrega directa de subsidios. La posterior conformación de la “Fundación Eva Perón”, de prolífica acción social, recibiría sonantes aportes de los sindicatos enrolados con el peronismo. Muchos dirigentes sindicales o aspirantes reconocieron de inmediato la palanca que podían obtener en su propio sindicato a partir de una alianza con el Estado, a cambio de la denominada “lealtad peronista”.

En cierta medida y en oposición a los recientes dichos de CFK, el peronismo llevó una “tercerización de la protección social” mediante los sindicatos, a los cuales convertiría paulatinamente en sucursales del gobierno, entrelazando sus cajas.

Evita se encargaba de combinar una intensa campaña ideológica con una implacable exigencia de disciplinamiento y alineamiento con el Estado. La fidelidad de los dirigentes tenía un carácter individual, mientras que los mítines con obreros tomaban forma de actos políticos, no de asambleas con resoluciones de lucha. Prontamente Evita empezó a apuntar como “traidores” a los sectores díscolos del movimiento obrero. Puso un particular empeño en combatir la influencia del marxismo en el movimiento obrero, denunciándolo como una “ideología extraña”, contraria “al sentir nacional”. Les decía a los obreros que ellos debían tener “un solo himno, una sola bandera”. La animosidad contra la izquierda está registrada en numerosos discursos de Evita. En uno de ellos se la escucha llamar a “romper un botellazo en la cabeza a los que critiquen al general Perón” (https://www.youtube.com/watch?v=MGd52-3_qK8). Su accionar en la huelga ferroviaria del 50-51 está registrada en la película escrita por José Pablo Feinmann y protagonizada por Esther Goris, en donde Evita llama a los obreros a levantar la huelga con una profunda hostilidad y bajo la amenaza de “echar leña”, apuntando específicamente a anarquistas, socialistas y comunistas. La huelga sería ilegalizada, reprimida con bandas para estatales y también con el ejército, incluyendo detenciones y despidos. Es imposible no ver aquí el germen de las bandas de la Triple A que serían armadas por Perón, una vez más ante un nuevo y mayor resurgimiento independiente en el movimiento obrero que venía del Cordobazo y las huelgas fabriles del 75.

Evita fue la primera mujer en la Argentina con un protagonismo político indiscutible. Intervino fuertemente en las elecciones del 46. Fue la abanderada por la implementación del voto femenino. Impulsó un partido propio femenino dentro del peronismo. Defendía la “profesión de mujer” y un lugar reservado en el “hogar” (ver «La Razón de mi vida»), en donde se puede apreciar claramente la subordinación del peronismo a la fe religiosa cristiana. Dicho esto, Evita se distanciaba del feminismo y hablaba de los problemas de las mujeres poniendo acento en su condición obrera. Propuso una asignación medida como la mitad de un salario medio nacional para las amas de casa. Fue opositora al aborto legal.

En 1948, Evita promovió incorporar en la legislación los derechos de los adultos mayores, mientras que su fundación construía cientos de hogares para ancianos. Su partido sería luego el encargado de llevar a la destrucción completa estos derechos, convirtiendo a la jubilación en un negociado privado para las financieras (AFJP), aniquilando la movilidad jubilatoria e imponiendo ingresos mínimos de indigencia. En tiempos de CFK, un emblemático afiche del Partido Obrero del 2010 rezaba “Si Evita viviera… Sería una jubilada con 1.046 pesos”, y denunciaba al kirchnerismo por rechazar un aumento y la movilidad jubilatoria en detrimento del pago de la deuda. Una política que continúa incólume a la fecha, bajo el gobierno de los Fernández.

La corta, intensa e irrepetible trayectoria política de Eva es una de las mejores vidrieras de los límites insalvables de los movimientos nacionalistas de base capitalista por llevar adelante las aspiraciones del pueblo, en la época de decadencia del capitalismo. La burguesía nacional, protegida por Eva y el peronismo, promovieron sanguinarios golpes de Estado y siguen intentando barrer con todos los derechos de los trabajadores. Hoy son el principal puntal del “golpismo de mercado” fugando capitales y promoviendo una mega devaluación. Los cimientos burocráticos del sindicalismo peronista, edificadas enormemente por Eva Perón, hoy son un peso muerto en la bancarrota social en curso.