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PAIS / MUNDO

Guernica antes y después (un análisis de la coyuntura política)

lunes, 16 noviembre, 2020

Por Jorge «Abasto» Barone / Fuente: Contrehegemonia. – Las imágenes de las largas filas de familias llevando sus humildes bártulos, con los colchones sobre sus cabezas alejándose de un sueño simple, tener un pedazo de tierra propio, más que la brutal represión, constituyen un símbolo difícil de ignorar a la hora de analizar el escenario político actual.

Kicillof, a quien votamos y de quien esperamos políticas diferentes a las desarrolladas en este conflicto, tenía la disyuntiva y la oportunidad de elegir entre el negocio inmobiliario en la provincia y los sin tierra y sin techo. Eligió, y eligió mal lamentablemente.

El argumento que hemos escuchado hasta el hartazgo estos días es similar, al que en ausencia de testigos nos ofrecen como testimonio de racionalidad, los funcionarios macristas de la CABA. ¿Sabes por qué no construimos vivienda? nos preguntó con desparpajo una vez un subsecretario, porque si hacemos 100 nos van a pedir 1000 y si hacemos 1000 nos van a pedir 10.000. La demanda es inagotable.

Corta y brutal descripción del capitalismo contemporáneo en el contexto del debate de una cuestión urbana. Las necesidades en este despiadado régimen son tantas, que la burguesía no se atreve a abrir la canilla de soluciones parciales, porque sabe que será desbordada.

Pero ¿puede ser este el argumento de compañeras y compañeros del campo popular?

– Si dejamos que tomen tierras, rápidamente se van a producir tomas en toda la provincia y no está la situación para enfrentar algo así – nos ofrece como argumento la racionalidad de los funcionarios provinciales.
La pregunta es si el campo popular puede gobernar con la misma lógica de fondo que la gran burguesía. La defensa de la propiedad privada monopólica, que priva de propiedad a la mayoría de los argentinos. La adhesión a un derecho civil y penal que pone en la práctica el derecho de propiedad, incluso por encima de la vida. El respaldo en síntesis a los grandes negociados por encima de las necesidades populares. La sacrosanta correlación de fuerzas ¿nos obliga a tanto?

Un gobierno popular ¿no debería aprovechar las luchas de los de abajo, por ejemplo las tomas de tierras, como fuente de energía para impulsar transformaciones más profundas? Recuerdo que Chávez en el marco de un largo conflicto, con la ocupación por parte de los trabajadores de una planta industrial propiedad de Techint, se montó en esa lucha y nacionalizó la empresa. Néstor tuvo que interceder a pedido de Roca, para que los intereses del grupo sean considerados por el gobierno Bolivariano.
Si claro, entendemos que Axel no es Chávez y que las circunstancias son otras. Lo que reclamamos es el lugar desde donde pararse, la lógica del accionar, los resultados concretos dependen de la capacidad de liderazgo y el momento político.

Lo que reclamamos es que había que tomar partido por los sin tierra y sin techo. Lejos de salir a declarar que las tomas son ilegales y que se reprimiría a quienes las realizan (admirable consecuencia de Berni entre el decir y el hacer, digna eso sí de mejores causas). Hubiésemos querido escuchar de boca del gobierno de la provincia, la defensa enérgica de los sin tierra y techo, la explicación clara y contundente, que las tomas dejan al descubierto la trama de la desigualdad y la pobreza en la provincia y el país. Hubiésemos querido ver como con decisión política se frenaba el desalojo. Este camino seguro hubiese sido duro, difícil, le hubiese puesto a la derecha en contra, pero no hay otra forma de construir conciencia, voluntad y organización popular, que luchando y enfrentando al enemigo. Lo complejo es escuchar a compañeros hacerse cargo de argumentos importados de otras clases sociales y otras ideologías.

El estado provincial podría haber usado su poder para imponer una solución negociada favorable a los vecinos. Esto hubiese sido bancado masivamente y fortalecido enormemente a la militancia popular, hoy golpeada, debilitada y confundida por el curso de los acontecimientos. ​El culto a la correlación de fuerzas actúa siempre como un elemento de consolidación de esa correlación, en una espiral perversa que nos debilita y hace retroceder.

Intervenir enérgicamente a favor de los sin techo no está por fuera de las posibilidades “institucionales” aún en el marco del estado burgués. Si el estado provincial realiza, a través de los organismos pertinentes, una presentación contundente en el juzgado y pide un año de suspensión de la medida, no es lo mismo que esa presentación la realice la defensa o una ONG. Si esto se acompaña con negociaciones “convincentes” con los privados todos flojitos de papeles. Si a la Intendenta se la persuade de la inconveniencia de desalojar con los “buenos argumentos” que tiene una gobernación para hacerlo, el conflicto se hubiese encaminado de otra manera.

No estamos hablando de hacer ninguna revolución, sino de usar el pragmatismo y las herramientas políticas al alcance de un gobernador, que usualmente se usan para garantizar los privilegios, al menos una vez para hacer valer los derechos de los de abajo. Que el poder ejecutivo y que el Frente de Todos y el PJ cuando quieren o les interesa, ejercen fuertes presiones interpoderes todos lo sabemos, de Juntos por el Cambio ni hablar, se llevaron puesto al poder judicial como quisieron durante su gestión, pero cuando se trata de defender a los pobres aparece una “pureza” insospechada en la defensa de la división de poderes.

– El desalojo lo ordenó la justicia – dice el ejecutivo provincial, sin aclarar que el juez y el fiscal responden a sus aliados masistas. Si a esto le sumamos el spot profascista del Ministro de Seguridad donde se jacta del operativo en términos militaristas, tenemos un combo muy complejo, pero el gobernador dice en página 12 minimizando el hecho, cada ministro tiene su perfil y en sus redes publica lo que quiere.

Posicionarse firmemente junto a los sin tierra y sin techo, implicaba una decisión política, basada en un posicionamiento ideológico firme, en una visión del mundo determinada, evidentemente eso hoy no existe, el posmodernismo, la volatilidad y el travestismo ideológico caracterizan a muchos de los cuadros populares actuales.

Esa decisión hubiese sido acompañada con una amplia movilización popular y eso nos hubiese fortalecido, nos hubiese puesto en mejores condiciones para seguir avanzando, para eso no hay que temerle a la movilización y hay que convocar a la militancia a la lucha y no simplemente a aguantar indefinidamente.

Las explicaciones que después abundaron demonizando a grupos de izquierda y responsabilizándolos del fracaso de las negociaciones, sólo agregan bochorno a la situación, demasiado parecido a los argumentos de la derecha cuando enfrenta conflictos populares.

La realidad y quien esto escribe conoce de cerca esos procesos, porque he estado decenas de veces en esas negociaciones, es que la gente que está en una ocupación tiene una sola certeza: el pedazo de tierra bajo sus pies es lo único seguro en sus precarias vidas. Esto torna muy difícil lograr que lo dejen sin el uso del amedrentamiento, el miedo o la violencia para lograrlo. Detrás de esa resistencia a desalojar de esa incredulidad ante propuestas de último momento, hay siglos de humillaciones, décadas de promesas incumplidas y olvidos. Solo un tonto o un cínico, puede creerse su propio discurso sobre futuras soluciones.

Las ofertas siempre precarias de traslados a lugares transitorios, plata siempre insuficiente que la gente se termina comiendo y no usando para vivienda y soluciones futuras inciertas, son un combo para el fracaso de cualquier negociación. Por eso una negociación exitosa y que respete las necesidades y las experiencias de los sin techo, requiere tiempo, prolijidad y generación de confianza, esto no se puede hacer con Berni velando las armas para desalojar.

El gobierno provincial comenzó tratando el conflicto como lo hubiese hecho cualquier gobierno, subestimando la demanda y tratando que la gente se vaya con algunas migajas en el bolsillo. Cuando entendió que el conflicto era duro y no había salidas fáciles comenzó a elaborar ofertas más consistentes, a último momento se terminó de delinear una solución mínimamente aceptable, siempre claro sobre la base del desalojo, de aceptar que el eje del problema es satisfacer la demanda del negocio inmobiliario en primer término. Pero ya no había tiempo, porque como corolario de esa improvisación, dejaron durante todo el conflicto que los tiempos los manejara un fiscal provincial facho, aceptando sus decisiones como si se tratara del Dios Themis.

El argumento esgrimido es que las tomas de tierra no son el camino, -así no- dice el gobernador y es una letanía que hemos escuchado hasta el cansancio de todos los gobiernos de todos los signos, poca es la originalidad del oficialismo en la provincia cuando nos repite la cantinela usada hasta el cansancio por el poder, para sancionar a los que luchamos. -No es necesario hacer huelga para lograr aumentos de salarios- dice el empresario, -no hace falta movilizarse siempre estamos dispuestos al diálogo- dice el funcionario del Ministerio de Desarrollo Social de cualquier gobierno. Los trabajadores no compramos esos argumentos aunque muchos compañeros ahora parecen repentinamente convencidos de ellos. Lo cierto es que sin Guernica no había plan de viviendas. Sin tomas podríamos resumir que no hay viviendas, tal como sin huelgas no hay derechos obreros, por lo menos así pensamos los marxistas.

Sobre una idea muy general que tenían, Guernica los obligó a sentarse a armar contra reloj una propuesta más profunda sobre vivienda, para poder presentarla en público, por ahora solo esbozos, garabatos sobre papeles. Así y todo, la misma nos deja muchas dudas. No pueden convivir en el mismo territorio el negocio inmobiliario, el real State y una concepción de justicia territorial, de igualdad socio espacial, es una cosa o la otra, sino termina ganando el negocio inmobiliario.

En un artículo la Nación (lo busco para poner el autor y no lo encuentro, límites de la metodología de un autodidacta) se ríe de la propuesta de los lotes con servicios. Dice eso lo intentaron hacer todos los gobiernos incluida la dictadura, pero la gente no se quiere ir de los centros urbanos, por eso fracasa.

Y la verdad el liberal algo de razón tiene. Si el lote con servicios está a kilómetros del colegio primario más cercano, de la salita de salud, si el colectivo más próximo pasa a 15 cuadras, si la estación de tren está a 6 kilómetros y solo se puede llegar en bicicleta, el lote con servicios se lo pueden guardar en el bolsillo, porque nadie excepto Robinson Crusoe va ir a vivir allí. Cuestión básica que está en el ABC del urbanismo.

Si las mejores tierras están reservadas a los emprendimientos inmobiliarios, si no hay políticas de recuperación de suelo urbano (a Guernica se lo podría haber expropiado y se estaban recuperando lotes para esa política de urbanización popular), suena difícil de creer que puedan convivir una política que defiende el gran negocio inmobiliario y al mismo tiempo una de justicia socio-espacial y construcción masiva de viviendas.

En resumidas cuentas el camino elegido fue el desalojo y en ese contexto le dieron al cuervo la tarea de construir una propuesta que convenciera a la gente de irse sin resistencias. Primero es la elección de qué lado del mostrador te pones, después vienen las tácticas para sustentar esa postura. Lo triste es cuando compañeros militantes en nombre de un realismo con olor a resignación y claudicación asumen, aún transitoriamente, la posición del enemigo como propia. Todo esto marca un antes y un después de Guernica.

De alguna manera, la vivida en la provincia de Buenos Aires, es una disyuntiva compleja que simboliza y se puede traspolar a la situación política nacional y al campo popular. Ante la crisis ¿Qué camino se elegirá?
Vemos con preocupación señales complejas, como el empoderamiento del consejo agroindustrial, expresión de lo más concentrado de la elite capitalista en la Argentina, aquellos que viven de las exportaciones y poco les importa lo que pase puertas adentro del país. Sin embargo parece que serán los protagonistas económicos centrales, con el aval del gobierno claro, de “la recuperación argentina post pandemia”.

La carta de Cristina, en un comienzo reivindica los puntos centrales de su gobierno e identifica que fueron esas políticas las que le granjearon el odio de la oligarquía, hasta ahí compartimos, pero nos preocupa el final y la convocatoria a un gran acuerdo para solucionar el problema del bimonetarismo. ¿A quién está convocando a acordar? Que el dólar sea la moneda de ahorro, no es una desgracia divina, es expresión de un modelo económico y la lógica que elite le impone a toda la formación socioeconómica en Argentina. ¿Qué podemos acordar con esa élite? La historia del país es prolífica en ejemplos que nos muestran, los sucesivos fracasos de los intentos de acordar con la oligarquía, fracasos, por supuesto, desde el punto de vista de los intereses populares.

Los gestos repentinamente moderados de Carrió y su incorporación al ala dialoguista de Juntos por el cambio, nos hacen intuir un giro ordenado pero claro a la derecha de todo el escenario político, con un gran acuerdo del cual los únicos excluidos serán los privados de toda propiedad, a los que en Guernica se les explicó didácticamente cual es su lugar.

Un grupo de compañeros que abrevamos en el marxismo, entre muchos otros, allá por el 2008 entendimos que en el amplio bloque de los capitalistas en Argentina se abría una fisura importante, entre el sector agro-exportador y quienes pretendían un desarrollo industrial y nacional autónomo. Esa contradicción real dentro de la burguesía Argentina, en determinados momentos históricos cobra dimensión política y se expresa en la superestructura del país con fuerza.

Esta es una vieja pelea que ha atravesado buena parte de la economía y la política del siglo XX. Se explica en la estructura económica Argentina y latinoamericana y el rol de exportadores de materias primas que la historia del desarrollo del capitalismo nos impuso. Esa pelea entre la élite agro-exportadora y la débil burguesía industrial emergente y sus expresiones políticas, explica una parte importante de los acontecimientos del siglo XX surgimiento del Peronismo incluido.

Esa fisura en el entramado del capitalismo en nuestra patria, se agranda o se opaca según el momento histórico y los acontecimientos de la lucha de clases. En el 2001 luego de varias décadas de hegemonía neoliberal, el estallido popular y el que se vayan todos, generó las condiciones para la reapertura de esa pelea y el kirchnerismo vino a encarnar las ideas del nacionalismo popular, de desarrollo nacional autónomo.

Volviendo al 2008, año de la llamada crisis del campo, entendimos que había que acompañar las políticas de recuperación de derechos de los gobiernos kirchneristas, enfrentando a lo más concentrado de la elite oligárquica en Argentina.
Nos sumamos justamente a defender aquellas políticas mencionadas por Cristina en su carta: La estatización de las AFJP; La estatización parcial de YPF; La asignación universal por hijo; La ley de Medios; El matrimonio igualitario etc.

La situación hoy es otra, la coalición gobernante tiene en su seno sectores muy heterogéneos, algunos de los cuales representan al poder económico tradicional, esto se traduce cotidianamente en miradas y propuestas de esos actores, que entran en abierta colisión con los intereses populares.

La intendenta de Presidente Perón es parte del Frente Renovador de Masa, quien fue uno de los primeros en salir a reclamar mano dura con las tomas de tierras, quien plantea habitualmente con fuerte oportunismo la mano dura contra el delito, lease los pobres y en defensa de la propiedad privada de la elite, quien por otra parte nada dice y nada propone, excepto palos, para los eternos privados de propiedad.

Esa amplia alianza entendemos fue fundamental para derrotar al Macrismo y por ello la alentamos y la votamos. Sin embargo, la dialéctica de la política y la historia, nos dice que lo que fue apto para ganar no necesariamente es apto para gobernar. En un alianza de esa amplitud es necesario definir, una vez en marcha, la hegemonía interna con claridad.

La gente votó el fin del neoliberalismo, el fin de la pesadilla Macrista y realizar ese objetivo requiere de políticas concretas y firmes.
Por eso, respetar el sentido con que se constituyó el frente requiere de definir una dirección de la orientación política: popular, antiimperialista, antimonopolista, de fuerte redistribución de riquezas. Esta orientación no se verifica hasta ahora en la práctica y pareciera que van ganando preeminencia en la elaboración de las líneas de acción, aquellos sectores que fueron realmente minoritarios en el aporte de votos.

La cuarentena prolongada que se llevó a cabo en la argentina afectó fundamentalmente a los sectores populares. Todos repudiamos la expresión frívola y brutal de los anti cuarentena despreciando el esfuerzo de millones de argentinos para cuidarnos entre todos. Sin embargo hay casi un 30 % de la población,sumergida en la pobreza, para quienes quedarse en casa era literalmente imposible. ​En ese sentido la multiplicación hasta el hartazgo del debate cuarentena – anti cuarentena, frivoliza y oculta el verdadero debate que es: como los trabajadores afrontamos esta situación, cómo garantizamos que los más humildes tengan las mejores condiciones para afrontar la pandemia y del mismo modo, cuando esta se empiece a superar, quien será el que pague el costo de la crisis.

Las políticas de contención hacia este sector vulnerable fueron absolutamente débiles e insuficientes, el IFE significó 4000 pesos por mes para familias que perdieron todos sus ingresos, cuando el alquiler del hotel solamente les sale entre 12 y 15 mil. Lamentablemente esta política tan promocionada por el gobierno, es casi una burla abierta para los humildes de la patria. El resto de la intervención en la economía para amortiguar los efectos de la cuarentena, como los ATP y el resto de las medidas de intervención del estado, significaron una erogación del 4 tal vez el 5 % del PBI, cuando en el mundo esas cifras llegaron al 20 % en muchos países.

Las iniciativas que podrían haber afectado a los sectores del privilegio aunque sea mínimamente, con el objetivo de realizar aquella transferencia de recursos que reclamamos,

como la estatización de Vicentin o el impuesto a la riqueza, fue totalmente desmantelada la primera y cajoneada la segunda.
Mientras tanto continúa la especulación financiera, premiando a los exportadores que no liquidan divisas con quitas a las retenciones y a los especuladores con festival de bonos. Frente a la sublevación de la policía bonaerense se volvió a demostrar una debilidad preocupante, la debilidad frente a los fuertes, que muchos salieron a denunciar en los últimos días, sin embargo en el caso de las tomas de tierras emblemáticamente en Guernica, se demostró la fortaleza que se tiene ante los débiles.

Vemos signos preocupantes y claros de que aquella fisura entre los capitalistas locales, hoy al menos a nivel de la superestructura política, comienza a cerrarse nuevamente bajo la metralla mediática derechista, a favor de la élite de siempre.
Claro que este no es un proceso definitivo ni concluido. Sin embargo, nos obliga a los movimientos sociales y populares, a los militantes políticos que intentamos posicionarnos desde los intereses de los trabajadores a repensar nuestro accionar.

En Octubre del 2019 votamos para derrotar el neoliberalismo, para sepultar las políticas que destruyeron nuestra economía y sometieron al hambre y la miseria a nuestro pueblo. El contenido y sentido de esa victoria electoral no debe ser traicionado una vez más en nuestra historia. En el camino de defender los sueños de una patria más justa, seguiremos trabajando, pero la condición para defender aquel triunfo es levantar nuestra voz y nuestro brazo contra los que oprimen a nuestro pueblo.

La primera década de este siglo, deja en Argentina y el continente interesantes e ineludibles lecciones políticas, sino superamos las limitaciones e inconsistencias de aquellos procesos repetiremos una vez más la historia como farsa. También esos años nos han dejado la herencia de una militancia joven y pujante, cuyos sueños tienen que ver con la patria latinoamericana y la justicia social, esa militancia debe ser parte de este debate, debe ser parte de la rebeldía frente a la mediocridad y las claudicaciones.

No podemos ser obsecuentes con las políticas que nos alejan del objetivo de garantizar la felicidad de las y los humildes, que nos alejan del sentido de lo que votó la gente en octubre y fundamentalmente que nos alejan de la posibilidad de recoger la herencia de aquella década inicial del siglo y proyectarla en una nueva etapa, que superando los entendibles límites iniciales nos permita derrotar definitivamente el proyecto de la Argentina dependiente y miserable.

En síntesis la obsecuencia es hoy más que nunca un lastre del que debemos desprendernos con energía.
Habrá que debatir con fraternidad pero con firmeza con las y los compañeros kirchneristas y peronistas, habrá que disputar con fuerza en la lucha de clases la orientación de las masas para una política de transformaciones profundas, habrá que polemizar y batallar más en torno al programa de salida de la crisis.

Por Jorge “Abasto” Barone, Resumen Latinoamericano, 6 de noviembre de 2020.


*Integrante de la Dirección de la Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires







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