Desalambrar

Noticias de Moreno y la Región


Por Rolando Astarita / Blog del Autor.- En una nota anterior (aquí) sostuve que la resistencia de los ucranianos frente a la invasión de las tropas rusas es una lucha por su derecho a existir como nación políticamente independiente. Por eso es progresiva, y la ofensiva de los rusos tiene un contenido reaccionario.

Frente a esta postura varios lectores me preguntaron por la idea de que se trata de “una guerra imperialista”, entendida esta en el sentido que dio Lenin al enfrentamiento armado de las grandes potencias en la Primera Guerra. Y si, por lo tanto, no es apropiado que los socialistas aboguen por el “derrotismo revolucionario”. En resumidas cuentas, el argumento viene a decir “Rusia y Ucrania son igualmente imperialistas, y hay que transformar esta guerra en una guerra civil de la clase obrera de cada país contra ‘su’ burguesía y gobierno”.

Dedico entonces esta nota a esta cuestión. Con este fin, paso revista al concepto, de Lenin, de guerra imperialista y su diferencia con las guerras de liberación nacional (o por la autodeterminación).  

La guerra imperialista, según Lenin

La guerra imperialista, en el enfoque de Lenin, es una guerra entre las potencias capitalistas con el objetivo de apropiarse de las colonias y arruinar a las naciones competidoras. Sostiene que los países capitalistas desarrollados exportan capitales y “luchan por repartirse los últimos restos que quedan libres del globo terráqueo” (Conferencia sobre el tema “El proletariado y la guerra”, 1 (14) de octubre 1914). También sostiene que el objetivo de la guerra era consolidar y extender dominios coloniales, oprimir a las naciones pequeñas y saquear territorios ajenos (“Los sofismas de los socialchovinistas”, 1 de mayo de 1915).

La afirmación de que las potencias luchan por “lo que queda libre” será ampliada en otros textos. En el “El imperialismo, fase superior del capitalismo” plantea que en los centros del capitalismo prevalece la tendencia al estancamiento y el parasitismo; por lo tanto, la única forma que tienen las potencias de ampliar sus mercados es mediante la empresa colonial; pero el mundo ya está repartido; por lo cual las guerras por nuevos repartos son inevitables, en tanto existe el capitalismo. También en “La bancarrota de la II Internacional” (mayo de 1915): “…la división del globo obliga a pasar de la expansión pacífica a la lucha armada por un nuevo reparto de las colonias y esferas de influencia”. El reparto del globo entre las potencias se expresa en que solo seis potencias oprimen bajo el colonialismo a más de 500 millones de personas (“El socialismo y la guerra”, julio-agosto 1915). En otro texto afirma que la guerra es “para decidir qué burguesía nacional deberá tener el privilegio de despojar a los otros países (“Acerca del programa de paz”, febrero o marzo de 1916).

Dado que en la guerra imperialista la lucha es por repartir las colonias y oprimir naciones pequeñas, no tiene la menor importancia decidir quién es el agredidoNi establecer a alguno de los bandos como progresivo. De aquí la política derrotista, con su antecedente en la Comuna de París, que “fue la transformación de una guerra entre pueblos en una guerra civil” (“La situación y las tareas de la Internacional Socialista”, noviembre de 1914). Esta orientación había sido votada en el Congreso de Basilea (1912) de la Segunda Internacional. Su objetivo era el levantamiento de las masas contra “sus” burguesía. Naturalmente, en los países en que no había condiciones, había que prepararlo. Para eso, los socialistas no debían votar los presupuestos de guerra; tenían que salir de los ministerios burgueses; romper con la política de “paz civil”; e impulsar la confraternización de los soldados en las trincheras, entre otras tareas (“Conferencia de las secciones del POSDR en el extranjero”, 29 de marzo de 1915).

Precisemos que el carácter de las guerras imperialistas es asociado por Lenin a un cambio al interior de la clase dominante. Mientras que entre 1789 y 1871 lo distintivo había sido el ascenso de la burguesía –las guerras nacionales contra el viejo régimen eran progresivas-, a partir de 1871 se había abierto una nueva época, marcada por el dominio del capital financiero imperialista:  “La lucha del capital ascendente por la liberación nacional contra el feudalismo, ha cedido el paso a la lucha que libra contra las fuerzas nuevas el capital financiero ultra reaccionario, decrépito y caduco, en marcha descendente hacia la decadencia. Los límites nacionales burgueses de los Estados, que fueron durante la primera época un punto de apoyo -para el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad que se liberaba del feudalismo, se han convertido ahora, en la tercera época, en un obstáculo para el sucesivo desarrollo de las fuerzas productivas. De clase de avanzada en ascenso, la burguesía ha pasado a ser una clase declinante, decadente, interiormente carcomida y reaccionaria. La clase que está en ascenso, en amplia escala histórica, es otra clase completamente distinta” (“Bajo pabellón ajeno”, enero 1915). Estaba convencido, además, que estas guerras señalaban el final del capitalismo.

Guerras por la autodeterminación nacional

De lo explicado en el apartado anterior no debería desprenderse que Lenin haya considerado que todas las guerras fueran igualmente imperialistas. Por ejemplo, en la Conferencia de octubre de 1914, ya referida, sostiene que en India y China “los proletarios conscientes” deberían seguir “el camino nacional”, esto es, apoyar los combates contra el colonialismo y por la autodeterminación. Lo mismo se aplicaba a Serbia: “los serbios luchan por su existencia”, afirma. O sea, peleaban por conservase como nación. También en “La bancarrota…”, ya citado, afirma que los serbios sostienen “un movimiento de liberación nacional”. Y aun en condiciones de vinculación con la guerra europea, su guerra “es la continuación de la política del movimiento burgués de liberación”.

En otro texto denuncia a los terratenientes y capitalistas rusos y al zarismo por llevar a las masas a la guerra “para estrangular a Polonia y Ucrania, para ahogar el movimiento democrático en Persia y China…”. Recuerda la afirmación de Marx y Engels de que “el pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”, y explica que si Rusia fuera un país democrático los socialistas tampoco deberían colaborar en estrangular a Ucrania (“El orgullo nacional de los rusos”, 12 de diciembre de 1914). También en “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación” (al que nos referiremos luego con cierta extensión) sostiene que en el Este de Europa, Austria, los Balcanes y Rusia se habían desarrollado movimientos nacionales democrático-burgueses, se había exacerbado la lucha nacional, y el proletariado debía defender el derecho de las naciones (Finlandia, Polonia, Ucrania, Irlanda, entre otras) a la autodeterminación. La lucha por la autodeterminación también estaba planteada para Turquía, China y Persia (países semicoloniales) y todas las colonias.  

Existe pues una marcada diferencia entre estos países y las potencias: mientras que en el caso de estas últimas la defensa de la patria era incompatible con el internacionalismo y el socialismo, la lucha por la autodeterminación nacional sí lo era, ya que generaba las condiciones para superar al nacionalismo (ampliamos en el siguiente apartado). Por eso a Lenin no se le ocurría declararse partidario del “derrotismo” en un conflicto en el cual una nación capitalista poderosa buscaba barrer la autonomía nacional de un país pequeño.

Antes de dejar este punto, destaco la crítica de Lenin a los socialistas que apoyaban las agresiones y la opresión nacional por parte de potencias sobre países pequeños con el argumento de implantar en estos alguna suerte de democracia (cualquier semejanza con el argumento de estos días de «Rusia interviene en Ucrania para desnazificar» no es casualidad).

Autodeterminación

Subrayamos que la autodeterminación es “el derecho a la libre separación política”. Si no existe esa libertad de separación, es una frase vacía, un engaño (“La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”). Esa decisión se tomaría entonces por medio de un referéndum de la nación que quisiera separarse. La idea directriz es que la lucha por la democracia contribuye a la lucha por el socialismo: “es imposible… que se prepare para la victoria sobre la burguesía un proletariado que no sostenga una lucha múltiple, consecuente y revolucionaria por la democracia” (ibid.; énfasis nuestro).

Un punto central de Lenin – en oposición a Rosa Luxemburgo- es que el derecho a la autodeterminación, en tanto derecho burgués, es realizable bajo el capitalismo. A diferencia de otras demandas, como suprimir las crisis o reemplazar el dinero por bonos de trabajo, la autodeterminación, dice Lenin, se puede conquistar en el capitalismo, como lo demuestra la separación de Noruega de Suecia. Aunque la independencia política no significa que un país deje de estar sometido al capital financiero internacional. “El dominio del capital financiero, como el del capital en general, no puede ser eliminado por ninguna transformación en el terreno de la democracia política; y la autodeterminación corresponde íntegra y exclusivamente a este terreno. Pero ese dominio del capital financiero no anula en lo más mínimo la importancia de la democracia política como una forma más libre, amplia y clara de opresión de clase y de lucha de clases” (ibid.; énfasis nuestro).

La liberación nacional de la mayoría de los países oprimidos –especialmente en las colonias- solo será posible mediante una serie de revoluciones. Por eso los socialistas deben apoyar y estimular la lucha de las masas “por toda reivindicación democrática fundamental hasta llegar al ataque directo del proletariado a la burguesía…” (ibid.). Aclara también que la pelea de un país oprimido por constituirse como nación independiente puede ser aprovechada por otra gran potencia para avanzar en sus fines imperialistas, pero esto “no puede obligar a la socialdemocracia a renunciar al reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación” (ibid.). Es que si no se reconoce el derecho democrático a la autodeterminación “el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora”.

Por otra parte, la autodeterminación “no equivale en absoluto a la de separación, fraccionamiento y formación de Estados pequeños”. Los socialistas defienden el derecho a la separación, pero no estimulan el fraccionamiento y la división. Se trata de superar las divisiones nacionales dando la más amplia libertad a decidir sobre los derechos nacionales.  

Como señalé en una entrada anterior, es discutible que, una vez tomado el poder, Lenin y el partido Bolchevique hayan aplicado siempre estos criterios. En particular, con relación a Georgia y su “sovietización” forzosa. Pero sí se puede decir que la orientación que desarrolla Lenin a partir de 1914 conforma un enfoque democrático y revolucionario que debería ser tenido en cuenta a la hora de reelaborar un programa y estrategia socialistas.

Ucrania – Rusia, ¿guerra imperialista?

A partir de lo desarrollado, parece difícil sostener que el actual enfrentamiento entre Ucrania y Rusia sea una guerra imperialista (en el sentido que le daba Lenin). Es que no hay manera de ubicar a Ucrania dentro de las categorías “potencia colonial” o “potencia del capital financiero”. Pero tampoco si se utilizan nociones que hoy son de uso común entre los tercermundistas y nacionalistas socialistas: no se puede decir que Ucrania explota a otros países vía el intercambio desigual; por medio de deudas externas; o de sus inversiones externas. En cualquiera de estos “rubros” se ubicaría, aproximadamente, al nivel de un país como Argentina (y nadie dice seriamente que Argentina es “imperialista”). Pero si Ucrania no entra dentro de la categoría “potencia imperialista”, no se puede sostener que con la invasión rusa estemos frente a una guerra entre “potencias igualmente imperialistas”.

La realidad es que la agresión de la potencia militar gran rusa busca aplastar el derecho de Ucrania a la existencia nacional. En consecuencia, y siempre según las categorías leninistas –me atengo a ellas porque son las usuales en el discurso “todos son igualmente imperialistas”- la de Ucrania es una típica lucha por la autodeterminación nacional.   

Por último, y en oposición a los ultraizquierdistas, es necesario reivindicar la importancia de la lucha por las libertades democráticas en la lucha por el socialismo. Las masas obreras y populares hoy identifican al socialismo (o a algo que huela a socialista) con regímenes burocrático-estatistas y dictatoriales que sofocan derechos elementales, incluido el de la autodeterminación nacional. Pero esto no tiene nada que ver con la tradición del marxismo. “La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo” fue una de los principios del movimiento socialista. Y esa emancipación es imposible si las masas trabajadoras no disponen de libertades para expresarse y organizarse. Menos aún si están sometidas a cualquier forma de opresión nacional.