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Interpretaciones virus-conspirativas

martes, 21 abril, 2020

Fuente: Blog de Rolando Astarita – En los últimos días me han llegado varios textos y mensajes que sostienen que la pandemia beneficia a la clase capitalista, y por eso esta última la promueve o, al menos, la tolera. Los argumentos son de todo tipo: que conviene “porque los sistemas de detección del virus hacen grandes ganancias”; que con la crisis van a reconvertir los sistemas productivos y la división del trabajo; que brinda la oportunidad de fugar capitales hacia EEUU; que el virus es útil para aumentar el gasto público “y ahorrar capital privado”; que con la pandemia la burguesía busca eliminar jubilados para equilibrar las cuentas de la seguridad social; que es un ataque de China contra EEUU; que es un ataque de EEUU contra China; y que el virus le es útil a los capitalistas para ir contra las huelgas. El complemento necesario de estos discursos es que el virus no desató crisis alguna porque la economía mundial está en recesión desde hace años; y que a la burguesía la tiene sin cuidado la pérdida de vidas de trabajadores.

¿Economía mundial en recesión desde 2015?

Empiezo con la afirmación de que el virus no alteró la dinámica económica porque “la economía mundial está en recesión desde 2015” (como me ha dicho un crítico). En el siguiente cuadro presento las tasas de crecimiento de la economía global, las economías avanzadas y las atrasadas, en los cinco últimos años.

Tasas de crecimiento de las economías, 2015 – 2019 (fte:FMI)

20152016201720182019
Econ. Mundial3,23,23,83,53
P. adelantados2,122,52,31,7
EE.UU.2,52,32,42,92,4
P. atrasados44,64,84,53,9

No son cifras de recesión o depresión económica. En los últimos años subí notas al blog en las que dije que desde la recuperación de 2009 la economía mundial experimentó un crecimiento débil; que la acumulación fue anémica; que hubo recesiones o depresiones en varios países (sur de Europa; Rusia, Brasil, Argentina); que las economías capitalistas nadan en un mar de deudas. Y que, en consecuencia, estaban dadas las condiciones para una recesión o depresión. Pero esto no es lo mismo que decir que la economía mundial está en recesión desde hace media década, o desde 2007, como se ha afirmado en algunos textos.

Pero además, la realidad es que la difusión del virus no solo disparó la recesión, sino la agravó. Las razones las di en una nota anterior (aquí). Básicamente, hay una contracción brusca de la fuerza de trabajo y de la demanda, en un contexto de gran endeudamiento, y sobreacumulación de capital. Así, se reúnen los elementos para que se desate una espiral contractiva de consecuencias imposibles de calcular ahora. Y lo datos, provisorios, parecen confirmarlo. Según UNCTAD, a partir del estallido de la pandemia las 5000 mayores multinacionales globales monitoreadas por el organismo informan que prevén una caída de sus ingresos, en promedio, del 30%. Las compañías de energía, aviación y construcción de automóviles, entre otras, están viendo derrumbarse sus ventas y en muchos casos el valor de sus activos. Según la OCDE, las empresas estarían reduciendo sus inversiones entre un 20 y 50%. Pero por fuera de estas cifras, el asunto es casi de sentido común. ¿Cómo se puede desconocer que la producción en China, Italia o España se vio y ve afectada por las cuarentenas? ¿O creer que actividades como restaurantes, hoteles, compañías de turismo, espectáculo y deportes, que mueven billones de dólares, están igual que si no hubiera habido virus? Es incomprensible que mucha gente de izquierda no pueda admitir cosas tan evidentes.

Las tesis virus-conspirativas

Lo dicho en el apartado anterior se aplica a las tesis virus-conspirativas. No tienen sustento empírico, ni lógica. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene decir que la burguesía se ve beneficiada con la caída de la producción y las ventas, con el derrumbe de los activos financieros, con el cese de la producción de plusvalía? ¿Se tiene dimensión de lo que significan esas caídas en términos de desvalorización de capitales? Más en concreto, no hay proporción entre, por ejemplo, lo que puedan bajar los gastos en jubilaciones, y las pérdidas de una depresión económica global. Tampoco existe proporción lógica entre las ventajas que alguna fracción del capital chino o estadounidense pueden obtener en un conflicto por tarifas aduaneras, y los costos de una depresión global. En el mismo sentido, ¿qué lógica tiene decir que la crisis del virus conviene al capital porque da beneficios a los laboratorios que realizan los test? ¿O que la burguesía provoca la crisis del virus para fugar capitales? Como si le hiciera falta una crisis para fugar capitales… En cualquier caso, ¿se pueden concebir argumentos más toscos y brutos?

Enfatizo: es necesario tener un cierto sentido de las proporciones cuando se presentan argumentos. Y hay que acabar con esa estúpida idea –expresión de un extremo subjetivismo- de que la burguesía puede manejar a voluntad las leyes de la economía, y siempre en su beneficio.

Por otro lado, es un error afirmar que la burguesía no se preocupa por la salud de las masas trabajadoras, y que por eso, cuando logre la vacuna no va a vacunar a las masas empobrecidas (esto lo escribe un intelectual de izquierda, en un diario de izquierda “radical”). ¿De dónde sacan semejante cosa? En su momento la clase dominante se ocupó de que la vacuna contra la polio llegara a todos los sectores (al menos de las poblaciones urbanas). Lo mismo ocurrió con la vacuna contra la difteria. No hay motivo para suponer que tendrá una actitud distinta si aparece la vacuna contra el Covid-19. Es que la clase capitalista quiere que se conserve y reproduzca “la gallina de los huevos de oro”. Los servicios públicos de salud, sanidad, educación, tienen que ver con ello.

Por supuesto, pretende afrontarlos con el costo mínimo indispensable (de ahí también la alta explotación a los trabajadores de la salud y educación). Pero carece de lógica pensar que quiere acabar con la clase obrera enviándole virus. Por otra parte, a lo anterior se agrega el tema de la legitimación del sistema capitalista a los ojos de las masas; y  vinculada a ella, la captación de sindicatos y organizaciones populares, y sus dirigentes. Y por último, está el interés en la auto-preservación de la clase dominante: una obrera que trabaja en sanatorios, viviendas o escuelas de la burguesía no puede ser un factor de contagio.

Por último, el argumento tal vez más extravagante: que el virus fue lanzado para derrotar huelgas obreras. ¿Virus rompehuelgas? ¿La clase capitalista mundial estaba acorralada por una ola generalizada de huelgas y les lanzó el virus? Pareciera que no hay límites para los disparates. De una buena vez, hay que parar con la charlatanería “revolucionaria”. Son argumentos ridículos, y no hacen favor alguno a las ideas del socialismo.







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