Desalambrar

Noticias de Moreno y la Región


Izquierda Diario.- Este viernes, mientras el gobernador bonaerense elogiaba su gestión en materia educativa, cientos de escuelas del AMBA se paralizaban por falta de agua, ventiladores y demás insumos básicos para enfrentar el calor. Docentes, estudiantes y familias de La Plata, La Matanza, Tigre y otros distritos levantaron su voz y hubo suspensión de clases. El doble discurso tiene patas cortas.

Este viernes, en Florencio Varela, Axel Kicillof elogió su gestión en materia educativa. En un acto donde entregó 158 computadoras a estudiantes de cuatro escuelas (menos de 40 dispositivos por establecimiento), el gobernador de la Provincia de Buenos Aires sentenció: “Muchos dicen que los políticos son todos iguales, pero están los que hacen escuelas y los que no; los que distribuyen computadoras y los que no; los que conectan las escuelas y los que no. Así que iguales no somos”.

Obviamente, una cohorte de funcionarios y militantes del intendente local, Andrés Watson, aplaudió a rabiar cuando Kicillof nombró a Mauricio Macri y María Eugenia Vidal como responsables de abandonar el programa Conectar Igualdad Bonaerense. Otro tanto cuando se vanaglorió de dar más conectividad a las escuelas públicas respecto a sus predecesores.

Pero en ese mismo momento Kicillof, su ministro de Educación Alberto Sileoni y el resto del funcionariado (en el que habría que incluir a la dirigencia de Suteba y otros gremios) no dejaban de recibir mensajes desde todos los distritos alertando del hartazgo que se empezaba a expresar en cientos de escuelas y que, en algunos casos, derivó en la suspensión de clases por falta de condiciones mínimas de funcionamiento en aulas, patios y baños que registraban, en promedio, 40 grados de temperatura.

Obras de ampliación de espacio que hace años que no se terminan (o sea, superpoblación de aulas y salones), ventiladores (olvidate de un aire acondicionado) que no funcionan desde hace más de un año, falta de agua (a veces por corte general y otras por falta de cañerías y presión), edificios sin ventilación adecuada, ausencia de dispensers u otra forma alternativa de provisión de hidratación; y un larguísimo etcétera. Ésa es la postal extendida en la mayoría de las escuelas de toda la provincia. Una postal que, conscientemente, todas las alas del Frente de Todos quieren ocultar con la complicidad de la oposición de derecha (a la que ni le interesa el tema o lo toma sólo demagógicamente).

Como lo relataron en La Izquierda Diario docentes y demás miembros de la comunidad educativa, los ejemplos abundan. En La Matanza, durante el mediodía hubo una marcha al Consejo Escolar donde confluyeron desde diversas escuelas. “¡Así no se puede dar clases!”, gritaban frente al edificio del ente que, junto a la Gobernación, se encarga del mantenimiento de las escuelas en cada ciudad o distrito. De esa marcha participaron los diputados nacionales Nicolás del Caño y Romina del Plá, la exdiputada Nathalia González Seligra y la concejala local Natalia Hernández, todes del Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad.

Por esas mismas horas, en Tigre casi cincuenta escuelas (según datos recogidos por la conducción Multicolor del Suteba local, opositora al frentetodista Roberto Baradel) directamente suspendieron sus clases. Allí se llegaron a detectar varios casos de descompensaciones de docentes, alumnas y alumnos. Otro tanto se pudo saber de La PlataBerisso y Ensenada, donde la oposición de la conducción “celeste” de Suteba tiene mucho peso y adhesión de las bases.

Los reclamos, desatendidos sistemáticamente por el Ministerio de Educación que conduce Sileoni, van desde un plan de contingencia ante la “sorpresiva” (se sabía que sería así) ola de calor hasta el comienzo de obras en escuelas que hace tiempo tienen “presupuesto asignado”. En la capital provincial, la Escuela 55 (6 y 72) es un ejemplo palmario. Desde el año pasado tiene asignados $ 42 millones para contrucción de aulas y baños. Les dijeron que en el verano se harían, pero no se tocó ni un ladrillo. Hoy la escuela funciona con “rotación” de cursos (ocupan aulas -sin ventiladores- alternadamente) y de baños (hay horarios para ir según el curso al que se pertenezca). De allí que se vengan haciendo abrazos simbólicos y demás protestas.

Ante esta situación, tanto los funcionarios como las dirigencias sindicales burocráticas exhortan a docentes y auxiliares a dar clases a como dé lugar. Lo hacen en línea con las directivas del ministro de Educación de la Nación que conduce Jaime Perzcyk, quien llegó a decir que si hace mucho calor “hay que dar clases en el patio”. Sin dudas, un desprecio por el bienestar de miles de niñas y niños de las barriadas populares y, por supuesto, de las trabajadoras y los trabajadores de la educación.

La decadencia de la escuela pública en la provincia no es responsabilidad exclusiva de la gestión peronista actual. Tampoco se da únicamente en territorio bonaerense. En La Izquierda Diario podés ver la cantidad de denuncias al respecto que llegan desde todo el país. Pero en el caso de Kicillof, es singular el esfuerzo que hace por hacerle creer a la población que está preocupado por la crisis educativa.

Tanto cuando Kicillof fue ministro de Economía de Cristina Kirchner como ahora que gobierna la provincia más grande del país, la decadencia de la escuela pública fue una constante. Sólo en los mejores años de crecimiento del PBI el peronismo “derramó” algunos recursos para la educación pública. Nunca en un nivel que pudiera comprometer el “ahorro” de presupuesto para pagar la deuda o financiar a los grandes capitalistas.

Quienes día a día sostienen la escuela pública en la provincia de Buenos Aires, las y los docentes, las y los auxiliares y las y los estudiantes ya no le creen nada a Kicillof y sus voceros. En ese sentido, la Agrupación Marrón en la Multicolor plantea “impulsar desde las escuelas comités de seguridad e higiene” junto a las familias, “para llevar el control de las condiciones de las escuelas” y a la vez establecer “una coordinación a nivel provincial” para exigir a Baradel y el resto de la burocracia sindical “que rompa su integración al Gobierno y pelee por presupuesto para educación”.