Desalambrar

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Por Federico De Stavola. Fuente: ANRed – La expansión mundial de las plataformas digitales es una realidad ante la cual es difícil cerrar los ojos. La avanzada de este modelo de negocio y de organización de trabajo, parece multiplicarse en los ámbitos más diversos: desde las micro tareas informáticas de Amazon Mechanical Turk, las operaciones sobre grandes cantidades de datos de Amazon Web Services (AWS), la contratación de trabajo doméstico a través de Zolvers, la hotelería “hecha en casa” por medio de Airbnb, el servicio de taxi con UBER, los servicios de comunicación y social network con Facebook, Whatsapp o Instagram, las entregas a domicilio con Glovo o Rappi y hasta muchas más.

El capitalismo de plataforma es un fenómeno que se basa en la captura y administración (subsunción se diría en jerga marxista) de procesos productivos, servicios y logística —a menudo ya presentes en la semi-informalidad— a través de plataformas que logran optimizar las prestaciones, gracias a la geolocalización y al desarrollo de algoritmos siempre más precisos y puntuales. Este modelo nace en el ámbito de la que se llamó, con una cierta euforia tecnicista y postideológica, sharing economy.

Hoy en día, las supuestas nobles intenciones de la sharing economy —o economía compartida— son vaciadas por la aparición de empresas capitalistas y semi-oligopólicas con grandes valores en las bolsas financieras. Estas reproponen el discurso según el cual a la digitalización correspondería una democratización del mercado y se presentan con una imagen más young & friendly (joven y amigable). Gracias a la fantasía de la horizontalidad típica de la peer-to-peer economy (economía entre pares), mezclada con la ideología neoliberal de la auto-empresarialidad, estas empresas justifican una flexibilización total de las relaciones de trabajo e instauran un modelo de externalización extrema.

UBER no tiene taxi, ni taxistas a sus dependencias. La empresa más grande del mundo de hotelería, Airbnb, no es dueña de un solo cuarto. Rappi no ejecuta ninguna función de entrega ya que se limita a poner en contacto usuarios —restaurantes, clientes y repartidores— que hacen un utilizo autónomo de la plataforma. De esta forma las empresas bajan los costos del trabajo evadiendo el pago de los derechos que le corresponderían a les trabajadores, como vacaciones pagadas, seguro social por infortunios, enfermedad y aporte previsional. Sin embargo, las empresas-plataformas no se limitan a ofrecer servicios, sino que funcionan como infraestructuras para la recolección y elaboración de datos. Durante las normales labores capturan y recolectan datos sobre el tráfico, las preferencias de mercado de los clientes, el rendimiento de les trabajadores, las zonas donde la demanda es más alta y muchos más.

Una vez recolectados, los datos son elaborados (gracias a otras plataformas como AWS) y vendidos como BigData o usados para el desarrollo de la inteligencia artificial; este tipo de actividad fundamenta la mayoría de los capitales que atraen estas empresas en las bolsas, ya que las entregas por les repartidores o los viajes ofrecidos por les taxistas de UBER no son suficientes a generar activos que justifiquen estos valores.

La plataforma colombiana de entrega Rappi, por ejemplo, fue nombrada en 2018 “empresa unicornio” ya que en los primeros tres años de su actividad obtuvo un valor bursátil de 1000 millones de dólares, alcanzando en mayo 2019 los 3.500 millones. El servicio de entrega de por sí está en perdida, mientras que la mayoría de los capitales que afluyen se pueden considerar inversiones de alto riesgo.

Nick Srnicek, autor de Capitalismo de plataforma, publicado en Argentina por Caja Negra Editora, avisa que la expansión de la mayoría de estas plataformas tiene un esquema similar a la burbuja financiera que llevó al colapso de las empresas Dot-com entre 2000 y 2001. A pesar de su derrumbe, la burbuja Dot-com dejó la infraestructura material necesaria para el desarrollo de esta otra revolución digital de plataforma: es el caso de la instalación de cables interoceánicos de fibra óptica a lo largo del globo sobre los cuales, hoy en día, es transportado el 99% de los datos de internet. Si las predicciones de Srnicek son reales, habría que preguntarnos: ¿Qué dejará la burbuja financiera de las plataformas al explotar?