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Lucio, el anarquista

martes, 28 julio, 2020

Por Juan Meza / Fuente: ANCAP

Esta semana se conoció la noticia de la muerte de Lucio Urtubia, anarquista español, quien en la década del 80 hizo poner de rodillas al City Bank con una estafa maestra, conocido en esa época como el nombre de First National City Bank. 

Albañil de profesión y anarquista de acción, a los 89 años falleció en París. Originario de tierras españolas, precisamente de la ciudad de Navarra de Cascante, Lucio, se dio al exilio en 1954, por haber contrabandeando en la frontera entre España y Francia mercadería del almacén de la compañía en la que se encontraba realizando el servicio militar. Para evitar la muerte tuvo que desertar y huir hacia Francia. Allí vivió el resto de su vida, hasta esta semana, cuando el 18 de julio se conoció su fallecimiento.

Lucio en Francia, se acercó a grupos anarquistas. Esa palabra, la escuchó por primera vez de boca de su padre, quien era un “rojo” y él mismo contó que alguna vez, su progenitor dijo “si tuviera que volver a comenzar, sería anarquista”.

Solidario por elección, este libertario “escondió” a un compañero que era buscado: “El Quico”, así se lo conocía a Francisco Sabaté, quien era perseguido por la dictadura de Franco en España y quien murió, tiempo después, acribillado en Sant Celoni. El Quico y Lucio, entablaron una amistad y fue él quien le enseñó todo sobre robos a bancos. Robos que Lucio fue realizando, sin mucho entusiasmo ya que su intención no era hacerles daño a les trabajadores de los bancos, ya que ellos sólo trabajan allí, no eran el enemigo. En el documental “Lucio” dirigido por los cineastas Aitor Arregi Galdós y José María Goenaga del año 2007, el mismo protagonista, contó que ante los robos “se orinaba en los pantalones” para no lastimar a un trabajador. Pero en reiteradas entrevistas a lo largo de su vida confesaba que había “sido un honor y un orgullo haber robado bancos”.

Según este anarquista español, en los años 80, donde ya se dedicaba a falsificar dinero, y generar estafas a las entidades bancarias y financieras, el hecho que cambió su vida fue su obra maestra, la que hizo tambalear al banco más importante de esa época, dándole un golpe de 20 millones de dólares, dinero de la época, falsificando los famosos “traveller checks”. Su plan fue llevado a cabo junto a sus compañeros. Para 1980, compró cheques de viajes originales, por un monto total de 30.000 francos franceses. Esos cheques, fueron utilizados para copiar toda su numeración, para luego multiplicar talonarios con los mismos números de cheques. Luego de realizada la etapa de impresión, llegó el momento de canjearlos, y junto a sus compañeros los cambiaron todos juntos en el mismo momento, pero en distintas partes del mundo. Este hecho le valió, una vez que lo hallaron, tan solo 6 meses de prisión, siendo que ese banco tan importante tuvo que negociar con él, un simple albañil, ya que en la investigación no pudieron encontrarlo culpable, porque no aparecieron las planchas con las que se imprimieron los cheques falsos. Lucio, siempre celebró sus hechos y siempre dijo que fue para la causa. De todo el dinero que robó a los bancos, jamás se quedó con un centavo, ya que no lo hacía para acrecentar una fortuna que nunca tuvo. “Tuve la suerte de nacer muy pobre. Es el trabajo quien me ha abierto las puertas y me ha dado el orgullo de la vida” señalaba en una entrevista el llamado Robin Hood, como bien lo definió Bernard Thomas, quien escribió su biografía (Lucio, el irreductible), que robaba para darle a los pobres y a los compañeros de militancia anarquista que necesitaran.

La falsificación en la vida de Lucio, apareció en los años 60, cuando se unió al grupo de tipógrafos libertarios que se encargaban de falsificar billetes. Fue un defensor de esa teoría en palabras y hechos, la idea de golpear al sistema donde más le duele, con el dinero, que es el que corrompe a las personas y les pone precio.

Mediante la embajadora de Cuba, en Francia, Rosa Simeon, en 1962 fue que conoció al Che Guevara. En una charla de alrededor de seis horas, le explicó al Che, quien era por entonces el Ministro de Economía de Cuba. Su plan y los aspectos técnicos los defendió convencido de lo que decía. Su idea era inyectar dólares falsos a la economía yankee, y de esta manera poder brindar su ayuda libertaria a la revolución cubana. “El Che, me pareció amable, pero frío. Si se quiere, me decepcionó. Se llevó la muestra de dólares que le di, pero me dijo que, incluso con dólares falsos, EE.UU. seguiría enriqueciéndose. Respeto y admiro mucho al Che, pero eso es todo”.

Ante la partida de cada una de estas personas que nos enseñan en la vida y en la lucha, lo importante de brindarse solidarios con nuestros compañeros y aprender a tener empatía por las causas más justas y nobles, el mundo parece que se vuelve más feo. Pero allí es donde hay que tomar esa posta y regar el mundo como lo hicieron ellos, como lo hizo Lucio.







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