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LOCAL / REGIONAL

«Que el bosque no tape al trébol, perdón quise escribir al árbol»

martes, 19 mayo, 2020

Por Carlos López /concejal mandato cumplido

Muchas dudas y porque no alarmas, han quedado en el aire después de la tan extensa y confusa última sesión del Concejo Deliberante de MORENO, en la que tuvo un lugar destacado el expediente relativo al Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos. Ante todo, no puedo dejar de manifestar mi beneplácito, por el hecho de haber llegado al recinto de sesiones; aunque sea, el tratamiento de un sistema medianamente lógico para el procesamiento de desechos urbanos, después de haber bregado por ello, durante más de treinta años, sin obtener siquiera una respuesta negativa.Hemos podido escuchar y ver, la vehemencia con que algunos de los concejales oficialistas, trataban de centrar la discusión exclusivamente en los nuevos métodos de tratamiento, hasta ahora, jamás utilizados.

No voy a ser yo, justamente, quien relativice la discusión profunda sobre un tema que puede, sin  dudas cambiar para mejor la calidad de vida a quienes vivimos en este distrito tan castigado del área Metropolitana. Creo que hay que ahondar ese debate, para comenzar la ejecución de este programa de la mejor manera, pero sin dudas la experiencia en el terreno irá dando en forma permanente, pautas para implementar correcciones necesarias, ya que si bien hay experiencias muy ricas sobre este tema en varias ciudades de nuestro país, no todas son trasladables debido a las características propias de Moreno. No es la esencia de este programa, lo que hoy motiva esta opinión, no porque lo merezca. Por el contrario. Ocurre que el soslayar algunas cuestiones de previo tratamiento, conspiran o dificultan la puesta en marcha y harán, sin dudas,  naufragar a un programa que promete sustentabilidad ambiental, como principal pilar. El desafío que tiene que afrontar esta gestión de manera inexorable, es poder ofrecer eficiencia y una gestión divorciada de la corrupción, en general y en particular en lo relativo a un segmento fundamental dentro de la  GIRSU, como lo es la recolección de residuos domiciliarios. Desde 1992, año en que se le dio el último golpe a la gestión de la recolección domiciliaria por parte de la municipalidad, eficiente o aceptable por lo menos hasta la crisis de 1999 y desfinaciada y sepultada por la gestión asumida a partir de 1991. Gestión que adscripta al pensamiento político dominante por esos años, nos prometía eficiencia “primermundista” a partir de la gestión privada” única capaz de brindar o alcanzar dichos estándares” dando por sentado, falazmente, la intrínseca ineficiencia estatal. La empresa C.O.S. y su continuadora Eco Urbana fueron la más escandalosa muestra de ineficiencia de la gestión privada. Ninguna de ellas terminó bien. Lo del consorcio El Trébol o Trébol S.A. es historia más reciente, la ineficiencia de la misma es conocida por la totalidad de los que vivimos en este lugar y la corrupción que ha caracterizado a su gestión, ha trascendido las fronteras de nuestro distrito. La ineficiencia de estas empresas, tiene que ver con cuestiones de índole económicas  y políticas. Las primeras tienen que ver con los mayores costos que debe afrontar el municipio, a partir del lógico beneficio a que aspira todo aquel que realiza una actividad lucrativa y justo es decirlo que estos “ empresarios” tenían y tienen muy claro esta premisa. Con respecto a las últimas, quedó de manifiesto claramente, que desde  los `90 las distintas gestiones, han renunciado a la facultad de controlar debidamente la ejecución de los respectivos contratos. En este punto, no me refiero a la inexistencia de dispositivos predispuestos para dicha función; el inadecuado funcionamiento de los mismos. El desdeñar el trabajo de control realizado, aceptando como ejecutados servicios no prestados; aplicar de manera incomprobable multas cuyos irrisorios montos y la recurrencia en no descontar los servicios no prestados en las sucesivas facturaciones mensuales, resultaron ser un incentivo a la inconducta empresaria. La suma de estos componentes, dan como resultado el nivel de ineficiencia conocido. Se ha declamado sobre una municipalización del sistema, cosa que en la práctica no se dará, tal vez esta fue la razón de la marcada tendencia a evadir el tema de la recolección domiciliaria en la última sesión del concejo por parte del oficialismo. Frente a esta certeza, surge fuerte la primer duda: ¿controlará esta gestión a la empresa recolectora que se hará cargo del servicio, a partir del mes de noviembre? No se trata la mía, de una duda antojadiza. Ocurre que esta gestión, iniciada el pasado 10 de diciembre, no controla, solo se ha escuchado a la Intendente “pedir que la empresa cumpla con el contrato” con lo que da por sentado que no cumple e igualmente se le paga, además de aceptar reclamos por diferencias en el servicio. Lo de la multa aplicada no escapa a lo dicho: incomprobable e irrisoria. En las actuales circunstancias, es posible llevar a cabo un incumplimiento programado sobre  2000, 3000 o mas cuadras diariamente, pasando desapercibidos, salvo para los vecinos. Me excuso de abundar con cifras sobre lo resultante de esto, solo digo que si Mariel Fernández paga  por estos servicios no prestados, durante casi un año de su gestión, que no está demás decirlo, atravesada por una crisis sin precedentes, ¿ porqué cambiará su conducta a partir de noviembre? Otra gran duda yergue vigorosa: ¿será Trébol S.A.   Tran Serv , Ashira o empresarios pertenecientes a alguna de estas, los adjudicatarios de la licitación que viene?

Dudo, a partir de la reticencia marcada del oficialismo a tratar el tema y al poder demostrado por la empresa frente a todo el arco político representado en el Concejo Deliberante, que le toleró alegremente, cambiar en dos oportunidades las condiciones de contratación, después de haber sido declarada adjudicataria. Otro tema que me genera duda y preocupación, es la sustentabilidad política del programa a implementarse, debido a un nivel de discrecionalidad inaceptable en la contratación de alguna de la o las etapas del programa. Se ha dicho en la citada reunión legislativa, que ya tiene nombre y apellido la adjudicataria. Esto no fue desmentido por nadie, lo que implica un avasallamiento de la ley que no puede ser salvado aduciendo el carácter social de dicha empresa. Comparto la intención de debatir el tema en su integridad. Eso implica darle a cada una de las etapas del programa un adecuado y transparente tratamiento, no escondiendo ni evadiendo la discusión, pregonando aquello de “hablemos del programa y no solo de la recolección” (que el árbol no tape al bosque)  a lo que debo decirlo, Estoy de acuerdo. Como también, debo agregar: “Que el bosque no tape al trébol” , perdón! Quise escribir: al árbol.







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