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PAIS / MUNDO

Un virus doble propósito

sábado, 21 marzo, 2020

El Covid-19 como chivo expiatorio de la inminente debacle económica y el pánico como arma de contención social. Una pandemia virtual desata el pánico a nivel global y concentra la atención de la población mundial, desviándola del verdadero desastre producido por la especulación financiera y los Estados gerentes de las transnacionales. Por Ivan Fierro / Fuente: ANCAP

El “descubrimiento” de una nueva cepa de coronavirus hacia finales de 2019 en China desató, debido a la manipulación mediática ,una paranoia generalizada sin precedentes en la historia de la humanidad. En un breve lapso de tiempo los medios de todo el mundo instalaron, inmisericordemente, la idea de una pandemia de proporciones dantescas, dando con ello la excusa perfecta para que gobiernos de todo el mundo adoptaran absurdas medidas “preventivas” cuyo verdadero objetivo es aterrorizar a las poblaciones a fin de responsabilizar al covid-19 de una recesión global vaticinada por reconocidos economistas mucho antes de que se conocieran las primeras muertes por neumonía a causa del coronavirus. En efecto, desde setiembre del año pasado se verifica  en los Estados Unidos una falta de liquidez de dólares ocasionada por la especulación financiera y los monopolios de la información y comunicación, quienes se enriquecen desproporcionadamente gracias a que acumulan extraordinarias sumas de dinero realizando mínimas inversiones.

Si se otea el contexto en el que se da este fenómeno, hasta el observador más superficial se percata de que la vertiginosa difusión de noticias sobre el virus tiene lugar en momentos en que la llamada guerra comercial entre la potencia del norte y el gigante asiático se encuentra condicionando la economía mundial a niveles nunca antes vistos. Por otra parte las recientes revueltas populares, que tienen lugar en el viejo y el nuevo continente, ponen de manifiesto el descorrimiento del velo que los poderosos de la tierra mantuvieron durante dos siglo sobre los ojos de millones y millones de personas que hoy se cuestionan, de manera instintiva, el modo en que el capitalismo genera, distribuye y acumula las riquezas generadas.

Todo ello en el marco de un gran auge de la denominada “revolución informacional” que, profundizando las consecuencias nefastas de la “revolución industrial”  (con su recurrente segregación de grandes masas de trabajadores manuales del mercado laboral empujades a la desocupación y utilizades historicamente como ejercito de reserva del capitalismo) necesariamente hace prescindibles hoy a una inmensa cantidad de asalariades en todas las ramas de la producción.

No es objetivo de estas líneas historiar ni analizar las cíclicas crisis del sistema y el modo en que  se ha reconvertido para salir de ellas, pero un repaso a vuelo de pájaro por este tópico junto a un breve recorrido por la crónica del desarrollo de la “pandemia”, algunas declaraciones de reconocidos especialistas de la salud y el análisis de las medidas adoptadas por el gobierno argentino,  quizás arrojen un poco de luz sobre este virus que, en la intrascendente opinión de quien escribe, es utilizado por especuladores y gobernantes de todo el mundo para tratar de justificar el congelamiento de las economías e intentar desbaratar la consiguiente protesta humana que promete tomar carácter universal. Veamos. Hacia 1870 el capitalismo ingresa en su primer gran crisis ocasionada por una desmedida emisión de bonos que los empresarios ferroviarios emitieron para financiar sus negocios y que la economía real no pudo remunerar. Para poder salir de ese descalabro, las grandes economías nacionales monopolizadas recurrieron a la monopolización imperialista y esto derivó en una segunda gran crisis que alcanzó su cenit en 1914 con el estallido de la primera guerra mundial, la cual tuvo lugar por el choque de intereses entre las potencias que se disputaban el mercado mundial. La salida que encontraron los países en conflicto fue la industrialización y la ampliación de los mercados internacionales, lo cual favoreció a los Estados Unidos que , por no haber sufrido la guerra en su territorio, emergió como potencia e impuso sus condiciones a los otros estados beligerantes.

La tercera gran crisis estalla en Wall Street en 1929 y tiene como causa, entre otras, la caída de la demanda en el mercado mundial y el descenso de la tasa de ganancia inherente al sistema. Para salvar el desastre  se recurrió a la colocación de acciones de las empresas en la bolsa y créditos bancarios a particulares para que adquirieran dichas acciones. Esto hizo subir artificialmente el precio de las mismas, provocando con ello una gran burbuja financiera que explotó provocando el crack de la bolsa y el consiguiente desempleo por el quiebre de empresas. Esta situación favoreció el ascenso del fascismo, el nazismo y el surgimiento del Estado Benefactor como medios para enfrentar el desastre.

Luego de la guerra civil española (1936-1939), la segunda guerra mundial (1939-1945) y de una etapa de sustitución de importaciones encarada por los países emergentes, hacia los años `60, Estados Unidos comienza a sufrir la competencia de sus contrincantes  y las consiguientes trabas a sus exportaciones, por lo que decidió realizar una alocada emisión de dólares (aprovechando que era considerado moneda internacional luego de la conferencia monetaria y financiera de Naciones Unidas, en julio de 1944, que tuvo lugar en Breton Woods, New Hampshire), para inyectarlos en el mercado interno.

Esta situación lleva al desencadenamiento de la cuarta gran crisis cuando en 1971 el presidente  del Watergate, Richard Nixon, declaró la inconvertibilidad del dólar en oro, estafando al mundo entero y otorgando a los bancos la posibilidad de realizar emisiones sin límites objetivos, dando lugar con ello a la implantación del neoliberalismo como corriente económica predominante a nivel mundial. De aquí en más se impuso en el mundo un capitalismo monopolista de Estado que derivó en una serie de crisis parciales sufridas por los países emergentes (Méjico 1994, Asia 1997, Rusia 1998, Brasil 1999, Turquía 2000, Argentina 2001.) y el surgimiento de los progresismos que no pudieron evitar la gran quinta  crisis de 2008 de la cual se salió con créditos de los organismos internacionales  para sostener la demanda de bienes y servicios de importación y grandísimas inyecciones de dinero en los mercados internos para intentar mantener los desquiciados niveles de consumo. Así llegamos al 2019 con un planeta al borde del colapso por la contaminación originada por los modos de producción extractivistas y con países endeudados hasta el cuello e incapaces de “honrar” sus compromisos.

Frente a este panorama, los pueblos de los países emergentes ven el resurgimiento de gobiernos que intentan aplicar paquetazos de ajuste con mayor o menor suerte según el grado de resistencia que encuentran en la sociedad civil. Es así que desde el año anterior se vienen dando una serie de revueltas populares que, ocultadas por los medios masivos, cuestionan en las calles las políticas  de saqueo que se les intentan imponer (léase Haití, Ecuador, Colombia, Francia, Chile y otras alrededor del mundo de las que poco conocemos debido al blindaje mediático). Para aplacar tamaño descontento, los Estados gerentes no escatiman medios ni herramientas. Es así que han echado mano a los neofascismos, la represión y persecución a los pueblos en lucha, el evangelismo, las promesas de segundos semestre y brotes verdes, el entretenimiento y la distracción virtuales, la exaltación de la meritocracia y un interminable catálogo de prestidigitaciones que, por lo burdas, no hacen más que caldear los ánimos de quienes comienzan a atisbar las deficiencias insalvables de este sistema que destruye todo y beneficia a unos pocos.

Hoy la sexta gran crisis presenta dimensiones nunca antes vistas. Tan es así que los gobiernos de los países centrales han tomado medidas inauditas dando manotazos de ahogado. Tal es el caso de Estados Unidos bajando su tasa de interés al 0 %.

Frente al inminente desquiciamiento de un modelo económico que cae por su propio peso, los responsables  del desastre apelan hoy a instalar, con relativo éxito,  la idea de que el coronavirus es el culpable de tamaña catástrofe y bombardean al mundo con alarmantes noticias con el claro objetivo de paralizarnos por el pánico y distraer nuestra atención de las verdaderas causas de lo que se presenta como la recesión más fuerte de la historia universal. Llama poderosamente la atención el hecho de que, para los medios masivos de occidente, el covid-19 apareciera a finales de 2019 en China, país que como dijimos, funge como el enemigo económico de la primera potencia imperialista. Lo cierto es que ya en 2015 la O.M.S. anunció la posibilidad de un fuerte brote de coronavirus y Margaret Chan, directora de dicho organismo, afirmó que Estados Unidos y Arabia Saudita  podían preparar una vacuna para atajar la enfermedad. También Bill Gates vaticinó por ese año que “puede que exista un virus con el que las personas se sientan lo suficientemente bien mientras están afectadas para subirse a un avión o ir al supermercado y eso haría que se extienda por todo el mundo de manera muy rápida”. También sentenció en esa TED talk que ” no habrá misiles sino microbios”. Pero este personaje es empresario y no especialista en virus. Por lo tanto demos la palabra a un médico argentino que trabaja en Francia y es reconocido por la Organización Mundial de la Salud. Pablo Goldschmidt, virólogo y especialista en enfermedades infecciosas afirmó, para Clarìn.com, que “las opiniones mal fundamentadas expresadas por los expertos internacionales, replicadas por los medios de comunicación y las redes sociales repiten el pánico innecesario que ya vivimos anteriormente. El coronavirus identificado en China en 2019 provoca ni más ni menos que un resfrío fuerte o gripe, sin diferencia hasta hoy con el resfrío o la gripe tal como la conocemos”. (Escuchar entrevistas LINK, LINK y LINK) Sin perjuicio de lo dicho por el bioquímico, farmacéutico, psicólogo, diplomado en farmacocinética, farmacología clínica, neuropsicofarmacología y farmacología antimicrobiana, Doctor en farmacología molecular, diplomado también en virología fundamental, biología molecular y voluntario de la O.M.S, el multimedio de Magneto habla hoy, 19/3/20, de la crisis causada por el coronavirus al igual que otrora responsabilizara a la crisis argentina de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

En otra entrevista realizada por Reinaldo Sietecase para Radio con vos, Goldschmidt se refirió a que ” todo el mundo está siendo abusado. ¿Abusado por qué? Por peritos que están asustando a la gente. Ese susto lo retoma la prensa y los políticos, lo copian, lo pegan y lo amplifican”. En esta breve e interesantísima nota el multifacultado especialista fundamenta su argumentación sobre los datos de Italia y China  y  atribuye las muertes a la deficiente capacitación de les sanitaristas Italianes y al desmantelamiento del sistema de salud pública de ese país, así como también al manejo incorrecto de antibióticos en China. Por su parte , en una nota publicada por Infobae.com, el epidemiólogo, especialista en prevención de enfermedades, experto en ciencia de datos biomédicos, , matemático, codirector del centro de innovación meta-investigación y profesor de la universidad de Standford, John P. A, Ioannidis (Ver LINK), afirma que “la actual enfermedad coronavirus covid-19 se ha determinado como una pandemia que se da una vez en un siglo. Pero también puede ser un fiasco de una vez en un siglo” y que “los datos recopilados hasta ahora sobre cuántas personas están infectadas y cómo está evolucionando la epidemia  son poco confiables por completo. Dadas  las pruebas limitadas hasta la fecha, se pierden algunas muertes y la gran mayoría de las infecciones”. “Tres meses después de que surgió el brote, la mayoría de los países, incluido los Estados Unidos, no tienen la capacidad de evaluar a un gran número de personas, y ningún país tiene datos confiables sobre la prevalencia del virus en una muestra aleatoria representativa de la población general”. Más adelante agrega que ” la única situación en la que se probó una población cerrada fue en el crucero Daiamond Princess y sus pasajeros en cuarentena. La tasa de letalidad fue de 1%, pero esta era una población mayormente de edad avanzada, en la cual la tasa de mortalidad de covid-19 es mucho más alta”. En la misma nota el académico sostiene que las estimaciones razonables para el índice de letalidad en la población  de Estados Unidos varían de 0,5 al 1% y sentencia que “si ese es el ritmo real, cerrar el mundo con consecuencias sociales y financieras potencialmente tremendas puede ser irracional. Es como un elefante atacado por un gato doméstico. Frustrado e intentando evitar al gato, el elefante salta accidentalmente de un acantilado y se muere”.

En sintonía con este razonamiento (el del elefante) los gobiernos de muchos países toman descabelladas medidas  que, a juzgar por el número de muertos y afectados, obedecen o a una extraordinaria ineptitud para enfrentar cualquier contingencia sanitaria o a un plan preconcebido para paralizar la economía hoy y justificar mañana políticas que irán en detrimento de la clase trabajadora, como pueden ser las reformas laborales en los países dependiente o las reformas impositivas en los países centrales o ambas y cruzadas.

El caso argentino es paradigmático a este respecto e ilustra de manera patente lo antedicho. Con cerca de un centenar de contagiades y tres muertes, el gobierno de Fernández aisló a la población y paralizo literalmente al país con la excusa de evitar la propagación de la epidemia, pero poco y nada ha hecho para paliar los rebrotes de sarampión, dengue, tuberculosis y sífilis.

En cuanto a las medidas “preventivas” contra el coronavirus son llamativos los condicionamientos al transporte, la suspensión de espectáculos públicos , el apostamiento de fuerzas de seguridad para evitar concentraciones, las licencias masivas en organismos estatales, la paralización de la producción de la industria del entretenimiento y un abultado paquete de disposiciones que afectan directamente a la sufrida economía argentina que, sumergida en una deuda externa exorbitante aprovechada mayoritariamente por les inescrupulosos del gobierno anterior, se resentirá aún mas al generalizarse la cuarentena por la que clama todo el arco político; ya que en las últimas horas el coronavirus desarrolló la capacidad de acabar con la famosa grieta y hoy oficialismo y oposición se alían para exacerbar la psicosis.

Si bien es prácticamente imposible hacer predicciones sobre el futuro que aguarda a les trabajadores de Argentina, es probable que les dueñes de todas las cosas intenten que los costos de esta sin razón  recaigan, como otras veces, sobre nuestras espaldas si se cumple el evidente propósito del gobierno de desmovilizar a la población para que acepte pasivamente los ajustes y reformas que necesariamente intentará implementar para ayudar al salvataje de un sistema que se derrumba y arrastra con él a los Estados tal y como los hemos conocido hasta nuestros días.

Debemos, por lo tanto y como dijera un carismático líder de masas, estar Atentes y Vigilantes, con perdón de la palabra.







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