Desalambrar

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EMERGENTE DE LA LARGA EXCLUSIÓN SOCIAL –

Amanece en Cuartel V y la bruma matinal se disipa. Las figuras se recortan a lo lejos. Toman forma y posición en la plaza, en el espacio público con una década de historia en lo que puede denominarse economía popular. Es un tiempo de mercantilismo casi absoluto, la oferta y la demanda expresan otros movimientos, otros vínculos que conducen a la realidad que ni los políticos ni la política registra.

La Plaza del Barrio Anderson es punto de fusión de todos los emergentes que produce la exclusión: el busca, el transa, el prestamista, los desocupados, los subocupados, los indigentes, los nadie. Es un cuadrado entre las calles La Escultura, Discépolo, Curapaligûe y La Pampa. Hombres, mujeres, niños /as, ancianos transitan toda la semana para garantizar la diaria. Ivana despliega sus productos de belleza en la mesa que le  alquila a uno de los dos vecinos que «hegemoniza» el espacio público. Comienza la charla, mientras el sol seca la tierra: «Acá viene gente de todos lados porque aceptamos a todos. Algunos cartonean en Capital Federal, otros no tienen jubilación ni pensión, tampoco tienen DNI».

Esta feria tiene muchos años, ¿cuántos?

Y diez años, pero yo estoy acá hace ocho años. Los que consiguen trabajo se van pero después vuelven.

Acá no hay trueque, se vende lo que cada uno trae

Lo que tienen en su casa o por ahí traen las cosas cuando cerraron un negocio. Los fines de semana hay más puestos, puede llegar a 500 puestos en la feria. Hay muchos manteros.

Pero hoy es martes y el movimiento es incesante

Sí.

¿Pagan por estar acá?

Las mesas. Ellos te dan un servicio de una mesa y una sombrilla, sobre todo para los productos que no se pueden tirar en el piso.

¿Quiénes son ellos, los que les alquilan?

Una señora y un señor de acá. Ellos no permiten que una persona traiga su mesa aún cuando esto es una plaza municipal.

La municipalidad realiza operativos de control, me refiero a saber qué se vende

No, acá vino Gendarmería y también la policía vino a pedir plata. Pero bueno acá estamos. Yo persisto, no tengo jubilación ni pensión, arrastro problemas de salud. Trabajo hasta el mediodía, obtengo algo para comprar la comida diario y regreso a mi casa que está acá en el barrio Anderson.

¿Qué fue más loco e increíble que viste en estos ochos años de presencia en la feria?

La ignorancia de la gente que trae cosas de Capital Federal pero llegan los vivos y compran. Anillos de mucho valor y recuerdo una muñeca que en su interior estaba llena de dólares.

¿Cuando decís la ignorancia es porque los que venden no tienen registro de cuánto vale lo que comercializan?

Sí, puede ser una cadenita que se encontró en la basura entonces viene alguien y ofrece 300 pesos y luego la revende a más. Acá vienen muchos buscas, todos los días.

AUDIO 1 IVANA

 

Mirando la plaza, la feria, te digo pobreza, ¿qué me respondés?

Somos humildes, hablo de mucha gente que viene acá, pero no robamos. Somos pobres pero no robamos, venimos acá para tener un plato de comida, para ayudar a nuestros hijos y cuidar a nuestros nietos porque esta feria dura hasta el mediodía. A la tarde este mismo lugar se llena de chorros y drogadictos, pero la gente de alrededor de la plaza se queja de nosotros. Eso me parece realmente injusto.

Hace muchos años que paso por acá y veo que la feria crece porque la pobreza lleva un largo tiempo

Sí, pero acá hay muchos vivos y prestamistas que tienen pantalla de bicicleteros, pero si vos te atrasás ellos te mandan a los sicarios. También tengo que decirte que hay mucha gente que especula con los pobres. Entrego boleta de estos productos (perfumería) pero no puedo hacerlo si vendo ropa usada. A lo largo de ocho años cambié mucho la variedad.

¿Qué es lo que más se busca en esta feria?

Los «buscas» tratan de conseguir todo lo que es oro, plata, artesanías. Hace poco vi que compraron una colcha a 300 pesos y después la pusieron a la venta por internet a 2500 pesos.

¿Hay venta de verduras, comida?

Sí, pero acá se compran la ofertas de cada lugar. Hay puestos fijos que venden comida pero hay que estar despiertos porque llega el vivo y te mete un producto ya vencido porque hay mucha gente que no sabe leer ni escribir.

AUDIO 2 IVANA

 

Ivana tiene hijos y nietos. Destaca un grupo de mujeres que fabrican la ropa que venden en la feria:

¿Te acompañan tus hijos a la feria?

A ellos les da vergüenza porque esto es pobreza. 

Pero para vos esto es dignidad

Yo vengo limpia, me baño todos los días, vendo buenos productos. Me daría vergüenza si salgo a robar, yo no le voy a pedir a la asistencia social si me da una bolsa de mercadería. Vengo a laburar.

¿A qué hora arrancás?

Porque tengo problemas de salud vengo un poco tarde, pero años atrás venía a las 3 de la mañana para tener mi mesa. Esto es una familia y tenés que saber respetar al otro, no buscar conflicto con la gente, ser humilde y comprender que el cliente siempre tiene la razón

Esto es parte de tu mundo

Sí. Hace diez años atrás un juez me sacó de mi casa por el tema de violencia familiar. Yo tenía trabajo, trabajé en Palermo, en Barracas, era acompañante terapéutica. Luego me junté con mi marido, era viudo, y vivo con él, sus hijos y los míos. Yo tenía tres trabajos porque había que mantener a 17 personas, esa es nuestra familia.

¿Cómo te definís hoy?

La sombra de lo que era antes. Yo me vestía muy bien y ahora soy más humilde, pero en realidad siempre fui humilde. Trabajé en las cooperativas, en los planes, rasqueteamos los asfaltos, hicimos plazas pero nunca se nos reconoció. Hoy están sentados en una esquina, a las tres cuadras se está haciendo un basural y no hacen nada. Ellos están ganando bien y nosotros trabajamos por 150 pesos.

¿Eso es lo que ganás por día?

Hay días que se vende mucho y otros nada. El domingo pasado vendí 35 pesos, pagué la mesa y volví a mi casa.

AUDIO 3 IVANA

 

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