Desalambrar

Noticias de Moreno y la Región


Leila Rodríguez trabaja en la escuela pública. Hoy, después de la pandemia y el encierro – aislamiento, comenta que las vulnerabilidades son altas, para los /as docentes como para los /as alumnos /as. Perfectamente ubicada en el actual contexto, afirma que la primer vulneración y violencia es que un niño /a no tenga garantizado un plato de comida:

Cuáles son los síntomas o las violencias en la escuela, puertas adentro

La realidad es que las familias no están pasando un buen momento, es real por eso me parece oportuno tomar esto de la infraestructura, realmente faltan muchas obras por realizarse, hay muchísimas escuelas que tienen esas obras paralizadas, que no se sigue haciendo, ni se llevan adelante, y en un contexto donde necesitamos las escuelas abiertas pero en condiciones de habitabilidad.

Es un hecho de vulnerabilidad social que alcanza a ustedes como laburantes que tienen que prestar un servicio ¿cómo se resuelve eso?, ¿quién va a mediar en ese conflicto que es diario?

Los trabajadores y trabajadoras de la educación que estamos todos los días en las escuelas, nosotros estamos hablando con la familia, comunicamos. Cada familia tiene su particularidad, también pero también tenemos que atender todo lo que viene de nuestros vecinos y vecinas.

¿Qué escuchás que va llegando de los vecinos? Están dispuestas a escuchar

A escuchar y acompañar, la verdad que uno de los grandes logros que ha tenido la provincia de Buenos Aires es los nombramientos de los equipos de orientación escolar, que son absolutamente necesarios que necesitamos que acompañen, tanto los trabajadores como a las familias. Esos equipos de orientación escolar son los que están sosteniendo todo el tema de la vulnerabilidad que van sufriendo nuestros alumnos y nuestras alumnas por la falta de infraestructura y el Servicio Alimentario Escolar que es decadente. Y es decadente desde que empezamos nosotros con la presencialidad intermitente y ahora que estamos en la presencialidad plena seguimos padeciendo lo mismo. A los alumnos y las alumnas se les entrega en las escuelas una magdalena, se les entrega una vainilla, tres unidades en realidad. La realidad es que seguimos dándole harina a los chicos, no están recibiendo la alimentación adecuada. También en ese Servicio Alimentario Escolar, les recuerdo a los compañeras y compañeros, muchos ya lo saben, que lo reciben aquellos niños y niñas que están escolarizados y todavía nosotros en el distrito tenemos una gran deuda con las primeras infancias porque no hay jardines. Y ahí me remonto a esta época de la pandemia que tuvimos que atravesar con el anuncio de la cárcel, entonces, realmente nosotros necesitamos otro tipo de políticas públicas en nuestro distrito para poder acompañar estas infancias y a los adolescentes. Ese servicio alimentario escolar que se entrega, esa caja que le dan a la familias, también pone en la mesa de la familia lo que considera el Estado municipal que esa familia tiene que comer y muchas veces hemos planteado, o al menos como trabajadores y trabajadoras de la educación, que vaya a la Tarjeta Alimentar o que vaya a la Asignación Universal y que ellos puedan decir qué poner en la boca todos los días. Pero también el Servicio Alimentario Escolar que es diario como las viandas de listo consumo, las escuelas que tienen comedor, que sea de calidad lo que se entrega.

Para vos, sin duda se trata de una decadencia

La particularidad de este distrito es que el Servicio Alimentario Escolar está municipalizado. Está municipalizado y precarizado.

Pasó en este gobierno, Mariel Fernández dijo saco la caja del Consejo Escolar, la administro yo, la pregunta es simple, ¿es caja o no es caja?

Es caja, meramente es caja. Ahora, en el medio de esta situación, el silencio de sindicatos y este tema de no acompañar esto que venimos hablando y diciendo que es paupérrimo lo que los chicos comen en las escuelas, es terrible. Antes recibían yogurt con cereales y hoy están comiendo una magdalena, una unidad, lo que significa que comen harina todos los días. No le están dando la importancia que tienen, considerando que nuestras infancias, adolescentes, niños y niñas son pobres.

Entonces hablamos de violencia institucional

Primero, violencia es que le falte el plato de comida a nuestros alumnos, eso es violencia porque es uno de los derechos básicos universales, y eso es lo que más no duele a los trabajadores y trabajadoras de la educación, tener que repartir esa vianda a los chicos. Eso es violencia, y es violencia institucional porque lo administran las instituciones públicas del Estado que son los que deberían velar por esos niños y esas niñas, y tampoco quedarnos en la queja. Podemos tener un montón de propuestas superadoras, de hecho lo hemos tenido en otras épocas y hablando políticamente también, pero no buscan la forma de poder encausar el tema del Servicio Alimentario Escolar porque no les interesa.

Acá también juega, no es algo semántico, pero se dice que si antes era la caja del Consejo Escolar y ya no lo es. Cuando la política no discute el modo y la forma, entonces, para mí no es política, si yo saco la caja porque la prestación era deficiente y hoy sigue siéndolo. Anuncian que sacan a una empresa pero todas siguen

Es que ni siquiera nosotros podemos poner el eje en la empresa, de eso se tiene que encargar el Estado y se tienen que encargar nuestros concejales que son quienes están para controlar que eso no pase, ¿a quién le importa los pibes y las pibas? Ninguno de nosotros puede aceptar que esa caja se siga dando porque también en algún momento…

No se debate

No, nadie debate esto, porque la caja es necesaria para vaya el diarito de Moreno, ¿no hay militantes? Que vayan los militantes puerta por puerta y entreguen el diario, ahora, esa caja no puede seguir dándose de la forma que se está dando. Además, la calidad de la caja es paupérrima, las cosas que se entregan, la leche no la podés mezclar con nada.

No estaba autorizada leche en polvo

No estaba autorizada, con batidor la revuelven para sacarle los grumos, eso es lo que comen nuestros niños y niñas. Los pibes y las pibas de la gestión pública la están pasando mal.