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Vuelven los 90′ en YPF: estiman 4 mil empleados menos con retiros voluntarios

lunes, 13 julio, 2020

La gran empresa energética del país soltó, de la mano de su presidente Guillermo Nielsen, un plan de retiros voluntarios que, según considera, puede llegar a expulsar a 4 mil de los 20 mil trabajadores y trabajadoras de la compañía. A su vez, se entiende que en los cajones secretos del directorio yace la intención de suplantar el Convenio Colectivo de Trabajo por cláusulas de productividad y eficiencia. Aunque desmentido por la propia firma argentina, Nielsen había hablado de despidos en una teleconferencia. Todo quedó en la nada hasta que, hace días, se volvió al tema mediante las recientes medidas, copiadas casi como un calco del proceso menemista en YPF en la década de los noventa. Por Máximo Paz, para ANRed.


Lo dijo, en inglés: “La cuenta de personal por barril producido de YPF en 2010 era de 21 personas que usaba la estructura de YPF para producir un barril de petróleo. Y en 2019 nos fuimos a tener 44,6 personas para producir el mismo barril de petróleo”.

Es que el 30 de mayo pasado Guillermo Nielsen, el presidente de YPF, fue invitado a participar como uno de los oradores de la “XXIX Conferencia de La Jolla del Institute of the Americas”, realizada en esa oportunidad por teleconferencia. En ese marco fue que el premier de los yacimientos nacionales soltara lo que inmediatamente pusiera a dormir, dadas las especulaciones y rumores varios que colocó en la agenda de la rama productiva acerca de una inexorable masiva ola de despidos.

Ante las preocupaciones instigadas, una de las pocas voces a favor fue la del extrovertido titular del sindicato de Petroleros Privados de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra: “En la última gestión, por ejemplo, entraron más de 400 personas a YPF sólo en Loma Campana. Eso se puede ver en la cantidad de colectivos que hay en la entrada y que no son de las contratistas sino de YPF y en Puerto Madero hay más de 2000 trabajadores (…) Coincido con Nielsen en que sobra gente”, indicó a las pocas horas el sindicalista a Energía On, portal informativo especializado en el tema.

Desde el vértice opuesto, se lució la Federación de Sindicatos Unidos del Petróleo e Hidrocarburos (FSUPeH) quién, a través de un comunicado titulado “Pecado imperdonable: la imprudencia” apuntó contra Guillermo Nielsen y, no conforme con ello, también fue por Pereyra y sus dichos: “Nos sorprenden las declaraciones del compañero Pereyra y queremos creer que fueron malinterpretadas. Si así no fuere. Deberíamos recordarle que cuando todas las empresas privadas huyen y despiden gente sin aplicar las abultadas ganancias que obtuvieron durante años, YPF y sus trabajadores siguen siendo quienes ponen el pecho para que no detenga la actividad”, comunicó la federación.

En medio de la contienda desatada, la propia compañía desmintió a su presidente mediante un comunicado: “No existe en la compañía ninguna iniciativa en ese sentido y la empresa no recibió ninguna consulta periodística respecto de la cuestión”, sostuvo la empresa.

Deuda

Lo cierto es que YPF presenta un globo de deuda inflado, en mayor medida, sobre los próximos doce meses, en donde la operadora deberá responder al pago de alrededor de 2 mil millones de dólares. Todos los caminos de deudas que se bifurcan tienen un tronco común relacionado con los títulos sobre obligaciones negociables que colocó la empresa todos estos años a partir del ensueño esperanzador que representó Vaca Muerta.

La foto de los 12 meses próximos se monta en la película de YPF: en década y media – 2005 a 2020 – pasó de valer 21 mil millones a 2 mil millones de dólares, llegando a tantear para mitad del mes de marzo el depresivo precio de mil cincuenta millones. Si se tiene en cuenta que YPF tiene un rojo internacional cercano a los 8.500 millones de dólares, buena parte contraída para la explotación de Vaca Muerta, la quiebra se planta como inminente.

Desde la hora cero de su asunción, cuando el entonces reciente presidente electo Alberto Fernández lo situara en la cima de la compañía, Nielsen hizo mucho hincapié sobre la situación en que se encuentra YPF, persistiendo en los números nada alentadores de la firma, aunque nunca, de hecho, puso de manifiesto explícitamente algún recorte abrupto sobre el cuerpo trabajador de la gran firma productora de petróleo. Aquella vuelta sí, se animó y, ante el revuelo, mandó a guardar inmediatamente sus deseos sobre el tema al rincón más recóndito de sus pensamientos.

Reunión

La primera prueba sometida a las miradas fue sobre una tarde de julio reciente, cuando desde una reunión de un grupo de funcionarios encabezados por el jefe de Gabinete Santiago Cafiero y el mismísimo Nielsen hablaron puntualmente de la empresa y sus problemas.

La juntada oficial se completó con la presencia del ministro de Economía, Martín Guzmán y su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, su vicejefa de gabinete Cecilia Todesca Bocco, más las presencias del CEO de YPF, Sergio Afrontti y el vicepresidente de asuntos corporativos, comunicación y marketing de la firma, Santiago Álvarez. Estuvieron todos.

Allí, en reunión planificada, rodeados por los grandes retratos que cuelgan imponentes para brindar recordación a figuras como Mercedes Sosa, Juana Azurduy, Madres de Plaza de Mayo o Eva Duarte en el Salón Mujeres Argentinas de la Casa Rosada, se sintonizó un plan de ajuste sobre la compañía energética. La prueba fue aprobada: nadie habló de modo directo de despidos aunque los presentes descomieron lo que venían masticando sobre YPF desde hace un tiempo: la crisis en la empresa toca suelos históricos y algo hay que hacer.

En ese sentido, Afrontti dio cuenta de su plan de recortes de gastos diseñado y, sobre la marcha de la reunión, se conoció también la propuesta para reestructurar su deuda financiera, posponiendo hasta 2025 un vencimiento por mil millones de dólares que debía afrontar en marzo del año próximo. Tema central, el del CEO, dado a que el complicado escenario urgente se trata del de no poder renegociar la mayoría de los vencimientos en momentos en los que la caída de la demanda desplomó el nivel de ventas.

Los medios periodísticos levantaron sus respectivas crónicas sobre la reunión en donde se pudo construir un croquis de YPF representando a una empresa en problemas pronto a revertirlos mediante bicicletas, repagos y creatividad contable. Las y los trabajadores aflojaron el músculo del estado de alerta al ver que ninguno –y menos Nielsen- en una reunión crucial trate el tema despidos.

Retiros voluntarios

Ello duró poco. Montado sobre la bomba que significó la tertulia entre pesos pesados, cuando todos volvían, de espaldas, Nielsen sacó de su galera –casi desapercibido- el instrumento estrella de aquellos noventa flexibilizadores: los retiros voluntarios para los asalariados en la empresa estatal. El instrumento patronal que no expulsa de modo explícito pero que pone en acción, en cambio, los artilugios que invitan al asalariado que no vuelva más.

Como todo espejismo, el “paquete Nielsen” brinda una serie de atributos atractivos, entre los que se destacan, a la hora del retiro, el pago de un monto equivalente a la doble indemnización, preaviso sin tope y una base indemnizatoria mejorada a partir del aguinaldo más un incremento en el salario base como cálculo de la indemnización. Eso sí, la felicidad nunca es completa: los pagos se harán suministrados mediante 36 cómodas cuotas.

El “paquete” imagina un plan de fondo que apunta a la defección de 4 mil de los 20 mil trabajadores de la planta. Es decir, de un 20 % del total de quienes desempeñan allí sus tareas.

Con la guardia baja, el sindicato se frotó los ojos y volvió sobre Nielsen: “Esta organización gremial no avala y rechaza terminantemente este procedimiento que, como ya lo vimos anteriormente, precariza a los trabajadores que son inducidos y hasta a veces obligados por las jefaturas a aceptar el retiro”, soltó el FSUPeH.

Desde luego y tal como dio a entender el sindicato, los retiros poseen en su naturaleza la impronta del despido encubierto, en tanto que la experiencia de la aplicación de esta medida contiene el trabajo patronal de la persuasión al empleado para tomar la oferta, en el mejor de los casos, y hasta la obligatoriedad de agarrarla, en el peor.

La maniobra de los retiros se completa cuando aparece el nuevo personal reemplazante del eliminado con un contrato a la baja respecto al anterior lo cual, de inmediato, pone en desbarajuste –a propósito y para su beneficio- las escalas de salarios en la empresa.

El Convenio

Confiado por la jugada y jugado por las circunstancias, para el 9 de Julio Guillermo Nielsen y su guardia pretoriana profundizaron la apuesta y arrojaron como proyecto la suspensión del Convenio Colectivo de Trabajo para las labores en Vaca Muerta post pandemia. Aunque, todavía consciente del estigma que le fue ponderado al exponer aquella reflexión en inglés, los detalles del proyecto fueron, hasta ahora, resguardados a cuatro llaves. Desde luego, los informantes de los periódicos pudieron hurgar en los sótanos de la aristocracia petrolera y llegar a entrever la matriz central del plan: reemplazar el convenio por cláusulas de productividad y eficiencia.

Aunque la línea planificadora de la dirigencia de YPF remita a una suerte de distopía trabajadora, ese tipo de normativas flexibilizadoras se encuentran en plenas funciones bajo los acuerdos permitidos por el Sindicato Petrolero de Santa Cruz, manejado por el peronista Claudio Vidal.

En realidad, y más allá de los comunicados, el trazado histórico de los sindicatos petroleros aloja una serie numerosa de episodios cuyas implicancias determinaron el desmejoramiento de las condiciones de trabajo. Por caso, los protagonistas nombrados fueron colaboradores directos de la medida de aplicación de suspensiones al personal petrolero durante la pandemia, con un recorte del 40% del básico del salario, peor aún que el 25% neto acordado entre la Unión Industrial Argentina (UIA) y la CGT. Desde luego, también conllevan para sí la herida cardinal de haber dejado pasar sin problemas el proceso menemista sobre YPF con sus ya conocidas consecuencias. Proceso que de la mano de Nielsen pasa a recobrar inexorable vigor.







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