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Martes, 21 de Abril del 2026

Luego de dos años de detención ininterrumpida, el Tribunal en lo Criminal Nº 2 de Mercedes escuchó en la audiencia oral y pública el testimonio de una de las jóvenes del barrio Sanguinetti. Fue la primera vez que la justicia debió tomar nota de los acontecimientos de abuso y acoso sexual que provocaron el acto de legítima defensa. Para sorpresa de los magistrados, la supuesta víctima Juan Leguizamón expuso un compendio de contradicciones, mentiras y fábulas que hacen caer la causa caratulada como tentativa de homicidio. Las hermanas Jara transitan las últimas horas de un encierro sólo comprendido por el abuso de poder en todas sus formas.
El lunes 18 de marzo amaneció con fuerza en ese pueblo de campaña. Mercedes contiene a la corporación judicial, acumula causas, sentencias y condenas. Ese bastión conservador sintió el paso de mujeres y hombres; de estructuras de base y organizaciones sociales que luchan contra todo tipo de violencia hacia las mujeres. Ese lunes ya quedó en la agenda de la movilización popular pero, fundamentalmente, fue la jornada donde la privación de la libertad de Ailén y Marina Jara alcanzó el rótulo de incomprensible y brutal. Es que los integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 2, los doctores Larroque, Barski y Brahim, jamás pensaron que la supuesta víctima, Juan Leguizamón, podía sólidamente voltear la causa, esa que lo ubicó como damnificado y cuya instrucción le creyó a ciegas para negar a Ailén y Marina la mínima posibilidad de contar la verdad, peor aún, la Dra. Manuela González, defensora oficial, calificó de mentira el acoso sexual a sus “pupilas”.
El lunes 18 de marzo, Juan Leguizamón se encargó de explicar con sus propias palabras que “tenía mucho conocimiento sobre armas de fuego”, que “tenía un buen concepto de las hermanas Jara”, que “se vinculaba amorosamente sin precisar tiempo, espacio, lugares”; que “no recuerda bien las calles donde se produce el hecho que se ventila”; que fueron cuatro disparos los que habrían efectuado las atacantes cuando su declaración leída por el mismísimo fiscal de Juicio, Guillermo Altube, le recordó que fue sólo uno; que no tiene testigos que acrediten su supuesta relación amorosa; que “nunca se defendió sino que pasivamente aguardó su destino diciendo, Mañana hablamos".
El testimonio de la llamada víctima fue un compendio exacerbado de su indisimulable violencia, característica que ningún actor judicial a lo largo de dos años decidió observar. Dicho en otras palabras, si las defensoras oficiales, la fiscal del caso o la Jueza de Garantías, hubiesen trabajado por un arrebato mínimo de justicia, Ailén y Marina Jara jamás hubieran perdido su preciada libertad.
El lunes 18 de marzo, Ailén, luego de dos años de encierro y destrucción, habló frente al Tribunal con la firmeza de quien dice la verdad para derribar una mentira insoportable. Su descripción fue notable y notoria. El Tribunal tuvo que escucharla. Ese momento marcó una profundidad emocional y descriptiva del acoso que sufrió durante mucho tiempo, abuso ejercido por un hombre 15 años mayor que ella y que culminó en febrero de 2011 cuando Leguizamón las ataca con un arma de fuego.
En la primera jornada del juicio oral y público las voces marcaron una coincidencia: la causa armada se cae a pedazos.
Sólo por esos jirones que sostienen lo corporativo es que nadie podía afirmar que el fin de un encierro inexplicable llega a su fin. El Dr. Isidro Encina, abogado patrocinante de las hermanas Jara, habló de la audiencia oral y pública: “Acá se ve la verdad, y en este caso Juan Leguizamón, además de fabular y decir un montón de mentiras, dijo algo verdadero, tenía una camiseta verde con rayas negras y la declaración que se incorporó por simple lectura da cuenta que la persona que disparó tenía casaca verde con rayas negras. En otro momento, por un furcio, Leguizamón reconoció que Ailén le sacó el arma. Creo que está clara la situación de legítima defensa, como así también quedo claro el mal asesoramiento legal que sufrieron las hermanas Jara”.
AUDIO 1 ENCINA
Si el testimonio de la supuesta víctima destruye la tesis oficial del ataque premeditado, la palabra de Ailén Jara tuvo un impacto verdadero sobre la única verdad: la legítima defensa. Encina puso de relieve la precisión de su defendida, al tiempo que subraya que el testimonio de la hermana de Leguizamón dejó pruebas sobre la conducta violenta de este hombre.
AUDIO 2 ENCINA
Para el Dr. Encina, el Tribunal Oral Nº 2 “pudo ver lo que vemos todos, que las chicas se pueden defender, que encontraron un asesoramiento y por eso su versión es concreta y se corroboran en el debate. Por el contrario, Leguizamón no pudo sostener su versión, con lo cual el escenario es muy favorable”.
AUDIO 3 ENCINA
Pasadas las 18 horas del primer día de debate, el Dr. Eduardo Soares, integrante de la Gremial de Abogados y co-defensor de las hermanas Jara, se expresó moderadamente optimista. “En la audiencia se visibilizó que se trata de un hombre violento, que hasta ejerció violencia contra su propia familia. Toda su declaración tambaleó, lo mismo ocurrió con aquellos que hablaron a favor de Leguizamón porque presentaron varias contradicciones. Esperamos que el Tribunal valore todas estas contradicciones al momento de los alegatos”.
AUDIO 1 SOARES
Elena Salinas, madre de las jóvenes privadas injustamente de su libertad, respiró el aire otoñal de Mercedes. Una sonrisa de tranquilidad acompañó su palabra, su deseo que tiene forma de exigencia innegociable: “El testimonio de Leguizamón no tuvo coherencia. Mi hija Ailén contó la verdad de lo sucedido. Le preguntaron varias veces lo mismo y ella lo explicó desde la verdad. Ahora estamos tranquilos”.
AUDIO 1 ELENA
Mañana martes a las 9 horas se reanuda el debate. El Tribunal Oral Nº 2 se quedó sin esa causa que en forma bochornosa armó la fiscal Pontecorvo, el personal policial interviniente, la defensora oficial Manuela González, la Jueza de Garantías Julián y el resto de los protagonistas de un encierro brutal que ahora muestra su rostro: el de una condena insostenible.
La libertad para las hermanas Jara ya es una cuestión de horas. Sólo allí cerrará una etapa de injusticia porque la lucha lejos está de concluir.
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