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Jueves, 30 de Abril del 2026

Todavía escucho las frases de Nilda Garré, los aplausos que llenan la atmósfera de un gobierno listo para emprender la construcción de una seguridad democrática. Está presente el Operativo Centinela y la propaganda periodística sobre logros, metas y objetivos en los centros donde la delincuencia produce lo peor. La Cenicienta del gobierno nacional muestra su poder. Gendarmería dejó la frontera por dónde no pasa nada para entrometerse en el laberinto del Conurbano. En el repaso no debemos olvidar que el 26 de junio y tras un violento accidente de tránsito nueve efectivos de esa fuerza perdieron la vida muy cerca de Puerto Madryn, cuando regresaban de asistir en la represión a las fuerzas provinciales que no podían contener la protesta social y laboral de los llamados “Dragones”. Consternada, la presidenta leyó los nombres de los fallecidos, cuestionó a las administraciones provinciales y dijo que “los uniformados ganan la cuarta parte de los que realizan la toma”. Esa diferencia, la caracterización sin medida, construye el relato que tiene capítulos tragicómicos. Quiere el destino que, una vez, la Cenicienta encontró en los cajeros sumas miserables, producto de un decreto que la autoridad construyó para achicar la brecha entre superiores e inferiores. Miró por arriba del muro y constató que Prefectura salió de la costa para ganar la calle. La historia de fantasía, la del golpe y la desestabilización construida arteramente por el gobierno a cada paso, azuzando a una sociedad compelida a aceptar los productos de oferta, tomó una forma heterodoxa. Los militares piden por salarios dignos. Se asumen como hijos de la democracia pero se animan a cuestionar la institucionalidad; hablan de la traición de los superiores (oficiales) y ofrecen dos horas a la Presidenta de la Nación para que resuelva la demanda. El Teniente Coronel Sergio Berni, segundo en la línea de mando ministerial, no pudo seducir a sus pares. Nilda Garré desapareció de las pantallas. Abal Medina y Hernán Lorenzino, Jefe de Gabinete y Ministro de Economía, respectivamente, tomaron la posta. La táctica del desgaste lógico, coherente y necesario, pone al gobierno en ejercicio del poder que ostenta para encauzar a sus subordinados, en la obligación de reconstruir una cadena de mandos que no existe porque la deslegitimación los alcanza a todos. Los salarios, los sueldos magros, el pago de sumas en negro que admite el jefe de la cartera de Hacienda, los nichos de corrupción que no se comparten, los kioscos que los militares reclaman sin pedirlos aportan a la degradación de un modelo político corrompido pero que goza de un alto consenso social. Por supuesto, las marketineras figuras de la oposición no perdieron el regalo. Se alinearon y a la voz de alto calificaron a “gendarmes y prefectos como trabajadores que reclaman por salarios dignos”. Olvidaron que ellos, digo esos dirigentes, pusieron a Gendarmería como la fuerza de choque que despliega CFK para reprimir la protesta social; olvidaron que el Proyecto X de espionaje brutal tiene a esa fuerza como protagonista; olvidaron que 15 días atrás hombres y mujeres fueron cazados por Gendarmería cuando cortaban Panamericana; los marketineros olvidaron que los hombres de verde llevaron a los detenidos a Campo de Mayo y que jamás apareció una orden judicial.
La confusión que reina lejos está de producir un desencantamiento. Gendarmes y Prefectos, todos, volverán para servir a la patria y la presidenta, con su glamour, no tendrá ninguna necesidad de decir, “mi casa está en orden”.
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