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Domingo, 19 de Abril del 2026

Un dirigente del peronismo me comentó al pasar la pérdida de gigantografías y el ingreso de desconocidos a su local partidario. Otra figura explicó que una camioneta de su agrupación fue incendiada en la zona Norte. Imagino que las historias serán prolíficas en estos aspectos tan propios de un partido fragmentado. Ahora lo que puedo clasificar en rasgos analíticos – periodísticos, es que la batalla de trincheras es el anuncio de una guerra de largo alcance y de desgaste. La única posibilidad de evitar que llegue un tiempo de endeble gobernabilidad es que el General pierda en la "cancha rayada", de octubre.
Los adulones del magnánimo, obsecuentes por conveniencia, descuentan que el licenciado en administración de empresas sabrá aleccionar a los que siempre están de oferta, seducirlos en el clamor de la gobernabilidad para el beneficio de toda la población de Moreno. Congelar la foto, reverdecer los años dorados del menemismo, cuando todo comenzó, para convertirlos en plataforma de una "revolución" política, significa (es una interpretación), un Edipo no resuelto en cuadros políticos que se amamantan de la teta de un estado comunal famélico.
Pero a diferencia de cualquier otra pintura renacentista de los últimos 16 años, el futuro inmediato no hará la completud del peronismo sino la exhibición de jirones. Reteniendo el oficialismo la intendencia, una opción posible, deberá el sucesor de Arregui administrar el Ejecutivo con un Concejo Deliberante opositor, y no me refiero al vecinalismo que siempre supo “no poner palos en la rueda y cumplir con una función constructiva” sino a una o varias corrientes del peronismo encargadas de dinamitar el regreso del Barón. Debe sumársele la implosión que vive la agrupación principal, los costos de una campaña donde Arregui asumió el rótulo de “tolerante”.
Como mar de fondo, se ha desatado la guerra entre concepciones diferentes que se disputan el peronismo, ya que para muchos dirigentes formados en las unidades básicas, la selección de los jóvenes rentados para forjar el cambio no sólo los desplaza y los vuelve prescindentes, sino que tiene sabor a traición, además de mascullar bronca por la puesta en escena de un cambio marketinero que, no obstante, mantiene la columna vertebral intacta.
Para el candidato o el primero en la línea de sucesión, ya se preparan antídotos. Es algo que se respira en un aire que asfixia.
Quien mire el calendario sólo con primarias y generales no comprenderá la disputa que, como es histórico, saldrá de lo partidario para impactar en la sociedad. El verdadero cuerpo social, que reconoce a punteros, oportunistas, estafadores, reyes y mendigos, es retenido en el tejido clientelar y paternalista que se ramifica, porque la función es impedir que se libere la extraordinaria potencia de lo popular.
Los campos a disputar son, el institucional y el barrial, fluctuando pero sin disociarse por completo.
Los de ayer, los que aprendieron que el poder no se divide; los mismos que hicieron del desmantelamiento local un paraíso de nuevas oportunidades y revoluciones, ya están en la batalla. Hasta el 2013 podrán esperarse heridos, bajas y un único ganador.
El pueblo seguirá en espera.
En la misma semana
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