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BALTIMORE, EL COMBUSTIBLE DE LA DESIGUALDAD

¿Conflicto racial?

Jueves, 30 de abril de 2015

Por Daniel Goñi.. — Dentro de la magnificencia de Hollywood, que penetra en la diaria de las series y el cine, es difícil entender porqué sucede una protesta de la magnitud de la ocurrida desde el lunes pasado en una ciudad de la hasta ahora, primera economía mundial. Quizá sea porque dentro del reino del capitalismo mundial, las reglas del sistema se replican con la misma lógica que se desparrama por el mundo. Baltimore es una urbe dividida en dos: un núcleo revitalizado que busca recuperar su antiguo papel como motor económico y otra donde la pobreza y el crimen son las poderosas razones para que apenas una chispa la hiciera estallar.

Los graves disturbios del lunes en que resultaron 20 policías heridos y más de 200 detenciones, volvieron a las portales periodísticos la imagen de una ciudad al borde del colapso que popularizó “The Wire”, una crónica de la violencia, la corrupción y el auge de las drogas en esa ciudad que se convirtió en serie de culto la década pasada, pero es sólo un retrato televisivo donde cabe una parte de la compleja realidad de Baltimore, una ciudad de 622.000 habitantes en el estado de Maryland, noreste de EE.UU., que ha superado la magnitud de los disturbios registrados en agosto pasado en Ferguson.
Aunque la muerte de Freddie Gray, el joven negro cuya muerte fue a raíz de lesiones sufridas cuando estaba bajo custodia policial y es el hecho que ha desatado los disturbios, evidencia que Baltimore no es Ferguson, y sus principales problemas no son raciales, ya que el índice más alto de personas encarceladas en el estado de Maryland se registra en el barrio donde vivía Freddie Gray.

En Baltimore, el 63% de la población es negra, como también lo son la mitad de su fuerza policial y su alcaldesa, heredera de una larga tradición de políticos y activistas de los derechos civiles afroamericanos en la ciudad.
Pero la desigualdad en Baltimore es una de las más marcadas de Estados Unidos, con un 23,8% de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza entre el 2009 y el 2013, un índice muy superior a la media del estado de Maryland, del 9,8 %, según la Oficina del Censo.

Esas bolsas de pobreza se concentran en los barrios del este y el oeste de la ciudad, muchos de ellos vigilados durante años por cámaras cuyos destellos azules servían a los residentes para identificar las calles que se consideraban peligrosas o zonas marginales, donde la falta de empleo arrastraba a muchos jóvenes a la droga y el crimen.

¿Pero como se llegó hasta acá? Hagamos un poco de historia: fundada en 1729, Baltimore fue, después de Nueva York, la segunda ciudad del país en alcanzar los 100.000 habitantes, amparada en un cotizado puerto y una pujante industria del acero, pero el declive de la actividad manufacturera en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial golpeó especialmente duro en la localidad.

Baltimore ha perdido un tercio de su población desde 1950, cuando su nutrida clase media empezó a emigrar en busca de empleos, y apenas comenzó a recuperarla en el 2012, el primer año en más de medio siglo en que el Censo estadounidense constató un crecimiento demográfico en la ciudad, con unos 1.100 habitantes nuevos. En este marco de degradación económica la degradación del tejido social se empezó a presentar irremediablemente, la droga se abrió paso entre los barrios más pobres de la ciudad, que según el Gobierno federal tiene la mayor concentración de adictos a la heroína del país, y comenzaron a multiplicarse los arrestos por narcotráfico y posesión de estupefacientes entre la población negra. El índice más alto de personas encarceladas en el estado de Maryland se registra en el barrio donde vivía Freddie Gray.

En ese barrio, Sandtown-Winchester, más de la mitad de los hogares ingresan menos de 25.000 dólares al año, y más del 20% de la población adulta está desempleada, según un informe oficial del Departamento de Salud de Baltimore en el 2011.

La ciudad también se hizo famosa por su alta tasa de homicidios, que en las décadas de 1980 y 1990 llegó a ser de unos 300 al año, y que en los primeros cuatro meses de este año ha sumado 68, según un recuento que lleva el diario local The Baltimore Sun.

Esa imagen contrasta con la de un puerto renovado, lleno de restaurantes, oportunidades de ocio y viviendas de lujo (situaciones de la desigualdad que también nos son familiares, puerto Madero, Nordelta y la ribera del Paraná en Rosario) que las autoridades locales presentan como vidriera de una ciudad que, por primera vez en más de medio siglo, puede presumir de crecimiento demográfico y de nuevas inversiones económicas.

En ese entorno, la policía de Baltimore recibió y eludió múltiples denuncias de corrupción, acusaciones de uso injustificado de la fuerza letal y dar soberbias palizas. Situaciones bien conocidas en estas geografías, como eje de las operaciones de toda actividad delictiva es imposible sin la cobertura policial, amparada por el poder político y judicial, para el sostenimiento de un sistema de control basado en el miedo. Condiciones que se nos hacen familiares, donde las consecuencias, más allá del país donde se escenifican, están dadas por un sistema económico y de degradación social.

La democracia estadounidense cuenta con uno de los más bajos porcentajes de participación electoral, su clase política compone una corporación asociada a los intereses corporativos más concentrados, como podemos verlo en otra mítica serie house of cards, regidores del destino de la humanidad, su representación es una cuestión ajena a las mayorías y sus enunciados de libertad, quedan circunscriptos a las libertades de mercado donde la vida y el justo derecho a protestar, a reclamar justicia, quedan por debajo de la propiedad privada, así lo hizo notar en su mensaje al pueblo de Baltimore el presidente negro y musulmán de los Estados Unidos.

Cuando los agoreros posmodernos anunciaban el fin de la historia, el final de las ideologías y de los autoritarismos, sólo intentaban barrer bajo la alfombra las más elementales reglas del desarrollo humano, las más básicas manifestaciones de la vida, que cuando son negadas, cuando sólo el producto de la actividad económica humana se concentra en una pequeña parte de esa humanidad, estalla el conflicto. Conflicto que presentan sólo como un tema racial, y es económico, es social y su principal motivo es la desigualdad, es por sobre todo un conflicto de clase.

ENLACES:

http://data.baltimoresun.com/bing-maps/homicides/

https://www.census.gov/newsroom/releases/archives/2010_census/cb11-cn20sp.html

http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/04/28/obama-sobre-protestas-en-baltimore-tenemos-que-hacer-un-examen-de-conciencia/#.VUFBgSF_Okp

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-271641-2015-04-29.html

http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/ferguson-el-fin-de-la-ilusion-posracial/

http://cosecharoja.org/la-violencia-tiene-que-cesar-dijo-el-creador-de-the-wire-sobre-baltimore/

http://www.washingtonpost.com/blogs/wonkblog/wp/2015/04/28/what-you-really-need-to-know-about-baltimore-from-a-reporter-who-lived-there-for-30-years/


 



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