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Jueves, 30 de Abril del 2026

Un movimiento fue suficiente para poner en dimensión las debilidades de aquellos que plantaron intenciones de sucederlo. Por encima del resultado electoral, Mariano West planchó al Concejo Deliberante al componer una mayoría que se vale de las escasas potencialidades de los derrotados.
Para sujetar e imprimir su lógica no sólo colocó en la Secretaría a un histórico de su riñón como Carlos Coppolaro sino que infringió un recorte que es traducido en el presupuesto propio del H.C.D sin ayudas auxiliares del Departamento Ejecutivo. De esta forma obliga a reformular los usos y costumbres que Andrés Arregui tuteló dando oxígeno a todos aquellos que sostuvieron el gobierno durante 11 años y que plantaron bandera a partir de 2010.
Tamaña decisión significó la caída casi automática de 200 nombramientos, número que podría crecer en la medida que “la sintonía fina local” lo demande. Al mismo tiempo saca de la agenda “los despidos” que ejecutó en el Palacio, calmando los ánimos con una remuneración de 400 pesos por única vez que alcanzó a todos los empleados y funcionarios jerárquicos, hecho que significa un “veto” a lo aprobado por el Concejo Deliberante en su conjunto que sancionó la norma exceptuando del beneficio a los “superiores ejecutivos”. Allí surge un mensaje concreto sobre quién manda, algo así como que en Asconapé 51 está sentado un intendente.
La visión de West no se detiene en el corto plazo, planificó un año de dificultades moviendo las piezas y colocando topes, tal es el caso de las magras recomposiciones salariales previstas para este ejercicio. Planifica el gabinete itinerante sin modificar “el gabinete” que lo acompaña desde 1995 y que dejó como “herencia” al ahora diputado nacional Andrés Arregui. Con un presupuesto afectado en casi un 80 por ciento, ofrece el “jugo” del Presupuesto Participativo. Riguroso y metódico, incorpora “figuras” para controlar a aquellas que tienen un color sepia pero que por el momento “son imprescindibles”.
Así, en la primera reunión de gabinete habló y escuchó a sus subordinados que, en la entrega de informes pormenorizados, blanquearon los enormes cráteres que tiene la comuna, obra y gracia de los que todavía conservar sus puestos ya que no hay forma de transferir el extraoficialmente llamado desmantelamiento a la cabeza de Andrés Arregui sino que es una construcción colectiva.
La impronta de Mariano West es tangible. Temprano concurre a su puesto de vanguardia. Recorrió cada área dando cuenta que no hay espacio ni tiempo para hacer “lo que antes” era uso y costumbre.
En la idea de mantener los lineamientos de su tercer mandato, el licenciado coloca “controles” que sirven de barreras para los que fueron perpetuándose en el poder, los mismos que hicieron el “trabajo” de preservación, los de la lealtad, los peronistas alineados y verticalistas, los que trabajaron en la campaña, en cada caminata, casa por casa, llevando la voz de aquel que se fue en el año 2002.
En el reencuentro con su “casa”, Mariano West comprueba que las paredes tienen algo más que rajaduras, que el fraguado de los cimientos tuvo filtraciones importantes. Antes que la estructura tiemble sale a reparar lo que está a su alcance. Para que el daño no tenga un avance irreparable observa todo. Es el objetivo de West que volvió a ser intendente. Tiene el poder y nadie puede controlarlo.
Foto: Municipalidad de Moreno
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