- BUENOS AIRES - ARGENTINA // contacto@desalambrar.com.ar
Jueves, 23 de Abril del 2026

Por C.G.P. — La preeminencia del monocultivo de soja como vedette del complejo agroexportador para alimento balanceado y agrocombustible tiene consecuencias sociales que son el saqueo y la destrucción de las comunidades y campesinos. Pero también tiene consecuencias en la economía política.
El complejo agroexportador fue siempre el principal proveedor de divisas del país. Sin embargo generaba ciclos de inflación-recesión-devaluación-ajuste, maximización de ganancia-inversión-expansión-crecimiento y vuelta a empezar, inflación recesión, etc. Una de las causas que explica la parábola tenía que ver con el hecho que los productos del complejo agroexportador (trigo-carne) eran de consumo masivo del mercado interno. Esto producía una interacción muy compleja y conflictiva entre la economía exportadora y la economía dirigida al mercado interno, Así resultaba que las periódicas devaluaciones eran medidas favorables para los exportadores a corto plazo pero muy perjudiciales a mediano plazo, y perdudiciales a corto plazo y favorables a mediano plazo para los capitales industriales.
Desde esta plataforma puede afirmarse que el cambio estructural, actual, emerge claramente porque los principales productos agroexportadores NO son de consumo interno. Con notables diferencias por cierto, la Argentina se asemeja a la estructura económica de países centroamericanos.
La Argentina en el actual modelo de acumulación habría salido de la necesidad de los ciclos de inflación, recesión, devaluación, ganancia extraordinaria (descenso) y el de inversión, crecimiento, expansión de mercado interno (ascenso). En la actual coyuntura, para seguir manteniendo las tasas de ingreso de divisas, no sería necesaria una mega devaluación sino una lenta y sostenida progresión de minidevaluaciones que iría corriendo a la inflación de cerca. Los sojeros exportadores ya no necesitan un cimbronazo para hacerse del último resto de ganancia acumulada ante un margen que progresivamente se achica, no demandan producir una crisis y volver a empezar porque en realidad el cambio de estructura (relación economía exportadora - economía mercado interno) hace que ese margen ya no se achique porque se independiza la Economía Exportadora del Mercado Interno. Esta fortaleza y cambio paradigmático tiene sólidas consecuencias que están evaluadas pero invisibilizadas:
1) El descenso de la participación de salarios del PBI vía inflación (por pérdida de poder adquisitivo) podría mantenerse en tasas estables “eternizándolo” en un deterioro gradual pero sostenido. Esto tendría dos ventajas para las clases dominantes, como la rana en la olla que no se da cuenta que la están cocinando, los trabajadores no podrían articular resistencias porque no sería tan evidente el deterioro y además las negociaciones paritarias cobrarían mayor importancia porque la burocracia sindical es una válvula de escape que poseen las clases dominantes para negociar la pauperización de los trabajadores con previsibilidad y con gradualidad, sepultando los conflictos o evitando la ramificación de éstos.
2) El modelo de saqueo continuará hasta que la tierra dé. La soja y el maíz son los cultivos transgénicos que Monsanto dice privilegiar como asociación virtuosa, es decir, alimento balanceado, aceite y agro combustible. Hay que ir despidiéndose para siempre del trigo y las vaquitas, eso que los pequeños y medianos productores hacían y se negaban a abandonar. Los que arrendaron sus campos a los pooles sojeros, y carnearon el tambo, hoy deben ser millonarios.
3) Partiendo del contexto histórico argentino, la relación entre Economía Exportadora y Economía Interna, la relación entre los agroexportadores y los industriales, siempre fue conflictiva. Si bien en los momentos expansivos todos ganan, en los períodos de crisis los intereses colisionan, principalmente porque la Economía Exportadora necesita de una megadevaluación para hacerse de las grandes ganancias que venía acumulando en el momento ascendente del ciclo, mientras que la Economía de Mercado Interno (que es una industria dependiente) necesita sostener el flujo de importaciones para mantener sus tasas de ganancias. Esta conflictividad se encuentra en el período de 1930 – 1990.
Esa conflictividad dentro de las clases dominantes se expresó políticamente de muchas maneras ya que el gran capital extranjero en determinadas épocas jugó para el sistema exportador de materias primas con algún valor agregado y en otros momentos para el mercado interno construyendo así procesos como el industrialismo, el mercado internista peronista, los liberales de la revolución “libertadora”, el desarrollismo frondizista, el nacionalismo de Onganía, el liberalismo de Lanusse, el liberalismo financiero de Martínez de Hoz, y Alfonsín con rasgos nacionalistas. Si observamos los resultados y las corrientes de poder, podemos inferir que el Estado no es un representante transparente de la clase dominante sino que es síntesis del conflicto dentro del bloque de poder y que da como resultado una estructura de gobierno determinada. El Estado es un lugar de permanente conflicto entre los diversos actores de las clases dominantes, con las clases subalternas como convidados de piedra: esa es su razón de ser.
En la última década del segundo mileno se descompone el modelo productivo agropecuario basado en el trigo y la carne y empieza a transformarse con Menem, Solá y Grobocopatel. De lo dicho puede colegirse que efectivamente durante el menemismo hubo una reestructuración, la reforma del Estado, pero también de la estructura productiva. Se modernizó la industria destruyendo el parque obsoleto, lo que provocó desocupación, hambre y miseria. No obstante dejó una capacidad instalada moderna y con mejores perspectivas para crecer. Por otro lado se sentaron las bases para la modernización del campo vía sojización, provocando también, y como requisito, la destrucción de los pequeños productores.
La Argentina de hoy celebra la liquidación de divisas proveniente de la soja. La Economía agro exportadora vive uno de sus mejores momentos, al tiempo que el Mercado Interno construye la política del pleno consumo. Este exitoso modelo da a luz en el nacimiento de la década menemista y alcanzó su apogeo en la decada kirchnerista. Llegó para instalarse definitivamente la industrialización del campo, ampliar la frontera transgénica hasta límites impensados y hasta el agotamiento y desintegración de la tierra, mientras el mercado interno tenga altas variables de consumo… y mientras el precio internacional de la soja se mantenga en niveles altos.
Mientras estas condiciones persistan cabe suponer una unidad de las clases dominantes, lo que significan malas noticias para las grandes mayorías, para los pueblos fumigados, las comunidades originarias desplazadas y reprimidas, para los desocupados y precarizados excluídos, para los trabajadores superexplotados, a pesar del "relato kirchnerista" que nos presenta como si fueran universales los intereses particulares de una clase.
En la misma semana
Desalambrar / Noticias de Moreno - contacto@desalambrar.com.ar