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Domingo, 19 de Abril del 2026

Los aplausos, abrazos de ocasión y otros, el rumbo seguro y las sonrisas firmes. Además del cotillón y los sándwiches, el cierre de los Foros para construir una seguridad democrática tiene una marca que seduce a los laboratoristas. Muchos de los senadores y diputados tuvieron contacto con la gente, y no me refiero a peritos judiciales o intelectuales propensos a dar el apoyo, sino a los comunes, los desconocidos, los ciudadanos o vecinos.
Claro está, los Foros que impulsó Mariotto para socializar la Policía Judicial, tuvieron control y seguridad. Se enriqueció la ley sin mayor interpelación a los responsables políticos, pasados y presentes. Por eso la síntesis de la gira ciudadana de los legisladores quedó sintetizada en un par de hojas, un buen CD y una carpeta azul con letras plateadas.
El proyecto de Scioli respeta el 90 por ciento de las bases elaborados por la Comisión Provincial por la Memoria y otros organismos de derechos humanos. En el 10 por ciento restante se encuentra la creación de un Observatorio de control social y una audiencia anual que rinde cuentan del trabajo desarrollado. Estos dos instrumentos no están en el proyecto avalado por el Poder Ejecutivo.
El crimen organizado, trata de personas, las redes que atrapan, el narcotráfico y sus bandas, los delitos públicos llamados complejos, eso está en el proyecto y es lo esencial. Pero lo imprescindible queda relegado por el impacto que significa en los representantes del pueblo escuchar al pueblo.
Vale la pregunta, entonces, ¿antes no escuchaban al pueblo, no les interesaba saber qué sucede en la base, ahora escucharán siempre, bajarán a los territorios abiertos a enriquecerse del saber popular? ¿Hasta dónde el aprendizaje adquirido en cada convocatoria guarda los rasgos democráticos que se postulan fervientemente? Las respuestas están en la realidad, en el posibilismo como rumbo y en la construcción de que todo lleva un tiempo razonable, algo así como señalar que nada es mágico.
La Policía Judicial es una deuda que tiene 18 años y nada indica que no cumpla la mayoría de edad. Digo esto porque ahora, en los pasos finales para que las cámaras le den tratamiento, se anuncia que la puesta en marcha será, en el mejor de los casos (año 2013) en uno o dos departamentos judiciales. Experiencias pilotos, bancos de prueba y propaganda extendida. Debe saber el lector que desmontar la arquitectura política – policial – judicial no culmina en una ley. Que no sólo son recursos en buenas cantidades sino asumir que la incapacidad, desconocimiento, ignorancia y complicidad, deben reemplazarse por sólidas capacitaciones, con hombres y mujeres calificados para democratizar una arquitectura corrompida en sus cimientos y, especialmente, saber que el rumbo que tomen los integrantes de esta fuerza no tendrá llamados telefónicos para sellar las causas que incomodan al funcionarios del Estado.
Para no quedar en la periferia y siguiendo los consejos hegemónicos, el instrumento supera lo existente. La participación propuesta es mejor que anoticiarse de la sanción abroquelada. Aún así, los legisladores que sienten la pasión de escuchar a la “gente” no se apartarán de su laboratorio, de ese lugar en el mundo que los inmuniza. Oficialistas y opositores coinciden en un punto, en una frase: “la policía judicial no puede ser un fracaso”.
La ley está a punto ser cocinada. Scioli la espera.
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