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Viernes, 17 de Abril del 2026

Román Mario Andrés Seghessa caminaba por el centro de Moreno cuando tres agentes decidieron “pegarle” en la vía pública. El tormento siguió en el patrullero y luego en una pequeña celda. Durante siete horas fue violentado por la fuerza institucional. No recibió asistencia médica y nunca se le informó a su familia de la detención.
Existe una condena eterna. Las cárceles a cielo abierto no son una metáfora. Los condenados saben que “siempre” están a tiro de la Bonaerense. No hay derechos sino violaciones. No hay denuncias sino encubrimiento. Román Mario Andrés Seghessa cumplió con su condena. Pagó en la cárcel su delito de robo. Hace seis años que está reinserto. Hace seis años que no se “equivoca”, que está limpio, contenido en su familia, acompañado por su madre. Por supuesto que las marcas del encierro están. También las otras, las interiores, las que emergen cada vez que la policía actúa en banda, impunemente. En la primera hora del sábado 15 de septiembre, Mario decide caminar por el centro de Moreno. Tomó la decisión de no visitar a algunos amigos en Rififí. De regreso a la estación es interceptado por tres policías que lo requisaron en la esquina de Ceballos e Irigoyen. No tenía nada. Pero los antecedentes de una causa ya cerrada “habilitaron la golpiza brutal”. Román nunca evitó la requisa. Jamás buscó escapar. Aceptó el procedimiento y recibió la descarga que institucionaliza la Maldita Bonaerense. Fue golpeado a metros del lugar donde murió Nicolás Castillo. Especialistas en no dejar marcas, los policías (se trataría de nuevos agentes), pusieron en práctica los saberes. Adentro del patrullero, puños y bastones fueron instrumentos genuinos para dañar pulmones y costillas. Román levantó los brazos y cubrió su cara. El calvario siguió en la Comisaría Primera de Moreno. A lo largo de seis horas, los agentes ingresaron cada tanto a golpearlo. En un espacio pequeño, Román sufrió la brutalidad. Pidió agua para limpiar el lugar impregnado de orina y materia fecal. Pidió que avisaran a su familia, pero la detención ilegal no se comunica, tampoco las legales. Pero como ocurre en ciertos casos las pruebas aparecen. El papel de ingreso de Román Mario Andrés Seghessa a la Comisaría 1ª de Moreno tiene la descripción de las pertenencias y la firma del hombre de 29 años, padre de tres hijos. Los casilleros que deben llenar los oficiales que intervinieron en el procedimiento están vacíos. No hay firmas pero existe el documento.
Alrededor de las 4 de la tarde del sábado 15 de septiembre, la policía expulsó a Román. Casi no podía caminar. Sin dinero logró que un chofer aceptara llevarlo hasta La Perlita. En la casa de su madre (Lucía), intentó acostarse y no pudo. Lo llevaron al Hospital Mariano y Luciano de la Vega. Las placas radiográficas no muestran fracturas en las costillas.
Román Mario Andrés Seghessa puede contar los tormentos:
AUDIO 1 ROMAN
Su madre relató el dolor que causa saber que la impunidad es moneda corriente en las fuerzas represivas
AUDIO 2 LUCIA
En la misma semana
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