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Domingo, 10 de Mayo del 2026

La tormenta permitió un comentario, esta noche habrá muchos nacimientos. El Viernes 4 de enero no tuvo señales de previsión en la Maternidad del Mariano y Luciano de la Vega. La nueva guardia ofrecía la seguridad impuesta, una lejanía entre paciente y profesional.
Karina ingresó por el portón de emergencia. Un agente del servicio secreto que custodia la integridad del personal comprobó que la mujer se tomaba su vientre, que pedía atención para su bebé, listo para nacer. Luego de superar ese obstáculo fue recibida por una obstetra que le indicó que caminara dos horas y luego volviera para parir. Cerca de las 21 horas el viento y la lluvia mostraron su fuerza. Karina fue trasladada hasta la casa de una amiga a pocas cuadras del hospital. Su rostro se mostraba agotado. Las contracciones seguían su curso.
Tomó la decisión de viajar hasta General Rodríguez para encontrar un trato profesional. Allí la recepción fue “más cálida”. Tuvo que esperar, soportar el silencio de puertas que no abren, de la ausencia de rostros que garantizan una mueca de comprensión. Un único médico para tres mujeres sentadas en un banco de madera. Luego de 20 minutos, aproximadamente, Karina ingresó a un lugar de atención. Todo hacía presagiar que allí daría a luz a su hijo número 11, pero la credulidad alimenta el desamparo que no tiene límites. La palabra profesional afirmó que el parto se produciría al mediodía. No hubo oferta de permanencia, sólo el alta y que se abra la puerta a la próxima paciente. Bajo la lluvia, Karina y su compañero de vida, regresaron a Lomas de Casasco. En una de las casitas del Plan Federal se refugiaron del maltrato, de la tormenta y los miedos. Esa paz innegociada duró una brisa. La panza se endureció, ya no tenía resto, y en emergencia salió hacia el Mariano y Luciano de la Vega. Pasadas las 6 ingresó para esperar ser atendida. Alguien le preguntó si quería ligarse las trompas y Karina respondió que sí con el poco aire que tenía su cuerpo. Siempre sintió que el nacimiento debió ocurrir horas antes, cuando dejó su casa y a sus diez hijos con esa sonrisa de jefa de hogar.
Dante peleó para salir, luchó para que el mundo exterior vea su capacidad de trascender todos los muros que la medicina tradicional ofrece a los que no tienen opción. Dante nació con materia fecal en sus pulmones, con una falencia cardíaca que lo puso al borde la muerte.
Dante fue trasladado a una clínica privada y conoció su hogar, su casa, su contexto, el lunes 28 de enero.
Karina, El Bocha, los pibes, el barrio, se mueven al ritmo de ese bebé que pesó 2.700 kg. Ellos, nosotros, ustedes, todos, podemos preguntarnos si la deshumanización, la violencia institucional, el maltrato permitido como fuente de justicia y seguridad, son las nuevas coordenadas para que un niño nazca llorando. Dante no llora. Grita. Su fuerza ya tiene eco.
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