Desalambrar NOTICIAS DE MORENO

- BUENOS AIRES - ARGENTINA // contacto@desalambrar.com.ar

Martes, 11 de Agosto del 2020


Espacio Publicitario

image PAIS / MUNDO

DESDE EL GRUPO DE REFLEXIÓN RURAL

"Algunas corroboraciones tristes de una historia espiral". PARTE I

Viernes, 7 de marzo de 2014

En el año 2002 escribíamos como Grupo de Reflexión Rural y en diálogo con nuestro compañero Ignacio Lewkowicz, lo siguiente: “La soja, el sistema de la soja, no es el de la oligarquía tradicional. La lucha contra el sistema de la soja es una forma local del conflicto antiglobal; pues la hegemonía absoluta de la soja es una forma local específica del crecimiento global.

Lo que importa es que los núcleos de poder neoliberal varían del sistema oligárquico tradicional al sistema que se construye en torno de la soja. La nueva división global del trabajo nos convierte de “granero del mundo” en “forrajeros del mundo”. Por otra parte, añadíamos, “desde el punto de vista de la oligarquía tradicional, se ve que, pese a toda la inteligencia o astucia puesta en juego, ese sistema oligárquico ya no es funcional al sistema global. Por supuesto que los mismos apellidos aparecerán ahora en los consorcios de las empresas; pero los modos de ejercicio del poder, los modos de ejercicio de la dominación, los núcleos a partir de los cuales se fijan, varían. Así, por más que se trate del mismo conjunto de individuos, no es la misma la lógica social que se despliega para afirmar su dominio”.

Todo -o casi todo- lo que entonces afirmábamos, podríamos reafirmarlo hoy, doce años después, con la certeza de que sus contenidos mantienen plena vigencia y que fueron anticipatorios. Los años transcurridos, lamentablemente, nos han dado suficiente razón, y además han puesto en evidencia las peligrosas derivas de pensamiento y acciones políticas de todos aquellos que, desde miradas sesgadas y ancladas en los años setenta, se negaron considerar las nuevas ecuaciones de la globalización y la nueva configuración del poder en nuestro país, así como se negaron a la necesidad de reflexionar sobre sus anteriores experiencias y, sobre todo, se negaron rotundamente a las propuestas de abrir debates políticos que permitieran cerrar los enormes fracasos que arrastraban consigo, para de esa manera, no volver a repetirlos, algo que en cierta medida ha ocurrido a lo largo de todos estos años.

Una Nomenklatura al estilo argentino

A principios de la década pasada empezó a hacerse notoria la emergencia de una nueva clase dominante, producto de la profundización de un nuevo esquema productivo primario-exportador, impulsado por el Estado, el capital transnacional y sus socios locales, y caracterizado por su profunda dependencia de los mercados globales. Una nueva oligarquía vinculada a un modelo de país proveedor de materias primas que, además de la sojización del territorio, se complementa con la megaminería, el fracking, el monocultivo de árboles y otros proyectos extractivos hegemonizados por importantes corporaciones transnacionales.

Esta nueva oligarquía instaló su protagonismo de manera sigilosa. Una oligarquía distante de la otrora “oligarquía vacuna” que se impusiera al país en las postrimerías del siglo XIX, a instancias del entonces presidente Julio A. Roca. Este sector, que tenía en la Sociedad Rural Argentina (SRA) su representación más genuina, conduciría -con breves interregnos- los destinos de la Argentina durante buena parte del siglo XX.

Pero la irrupción histórica de esta nueva oligarquía no-terrateniente (es decir, una oligarquía que no basa su poderío económico en la propiedad sino en el uso de la tierra) configura un hecho decisivo que, pocos se han atrevido a analizar. La ligazón que establece el modelo sojero entre el capital financiero y la investigación científico-técnica, transformó profundamente el esquema de producción agraria y redefinió las relaciones de poder. Basta recordar algunas de las definiciones de uno de los mayores exponentes de este nuevo sector, Gustavo Grobocopatel : “Soy agricultor y no tengo tierras, tampoco tengo tractores ni cosechadoras. Y esta es la mayor innovación del país. En Argentina, a diferencia del mundo, hoy no tenés que ser hijo de un chacarero o un estanciero para ser agricultor. Tenés una buena idea y tenés plata, vas, alquilás un campo, y sos agricultor. Este es un proceso extraordinario y democrático del acceso a la tierra, donde la propiedad de la tierra no importa; lo que importa es la propiedad del conocimiento”.

Es evidente que esta nueva oligarquía no pertenece al universo de las llamadas “familias patricias”. Su genealogía entronca con la inmigración europea (y otras corrientes inmigratorias) de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, todas caracterizadas por un humilde origen social. Hoy, muchos de sus descendientes lograron sus fortunas a partir de una relación prebendaria con el Estado, otros tuvieron importantes relaciones con el aparato financiero del Partido Comunista de la Argentina, y otros han aprovechado sus relaciones político-económicas con los Estados Unidos, con el Estado de Israel y con organismos como el Consejo de las Américas, el Congreso Judío Mundial, el Club Bilderberg, y otros.

Aceptar esta realidad, implica un cambio de conciencia y una comprensión de los nuevos desafíos que nos plantea la globalización. Se trata, en definitiva, de saber reconocer no tanto el enemigo al que debemos enfrentar, sino de reconocer el problema que tenemos por delante y que debemos resolver, para sí luego identificar a sus responsables. Lamentablemente, el kirchnerismo y sus acólitos de izquierda, junto a buena parte de los activistas e intelectuales provenientes del llamado peronismo revolucionario de los años setenta, no sólo se negaron a reconocer a esta nueva clase dominante como oligarquía sino que, por el contrario, se apoyaron en ella, respaldaron muchas de sus demandas, hicieron propia buena parte de sus discursos modernizantes -sobre todo en lo concerniente al valor de las tecnologías de punta y al poder del conocimiento- y montaron sobre estas bases materiales una narrativa épica rayana en lo grotesco.

Durante años hemos presenciado constantes demandas en favor de los pueblos indígenas que fueran víctimas de la Campaña del Desierto , e incluso se gestaron importantes movimientos de ciudadanía para que se quitara la estatua del ex presidente Julio Argentino Roca del lugar donde se encuentra emplazada (en la Av. Diagonal Sur de la Ciudad de Buenos Aires). No apuntamos a la justicia o no de estas reivindicaciones -que, sin lugar a dudas, requieren un juicio de la historia-, sino que enfatizamos la instrumentación maliciosa de este tipo de demandas que, a lo largo de la década pasada, resultaron totalmente funcionales al propósito oficial de confrontar con la ya casi exánime vieja oligarquía, con el objetivo de continuar invisibilizando a los nuevos dueños del poder. El mismo rol distractivo y a la vez desorientador, ha jugado el prolongado litigio por quitar la estatua de Cristóbal Colón de las cercanías de la Casa de gobierno. El progresismo imperante y la nueva oligarquía globalizada necesitan desprenderse de los atributos estéticos e históricos que configuraban el poder de sus antecesores, y exigen nuevas modalidades discursivas que rinden tributo a los jirones de banderas y memorias populares, de las que se sirven con total impudicia en la actualidad.

Hoy, la dirigencia política progresista -tal como en un management político- gobierna a nombre e interés de sus verdaderos amos, como virtuales gerentes de una empresa llamada Argentina. Pero dada la necesidad de ocultar este tipo de servilismo globalizado, se recurre desesperadamente a los simulacros, las puestas en escena necesarias para llevar adelante los proyectos del capitalismo global en nombre de la revolución social. Esos simulacros grotescos exhiben hoy a un gobierno supuestamente peronista -o que supera al antiguo peronismo por izquierda, tal como afirman algunos de sus presuntos filósofos-, que impulsa una devaluación solicitada por quienes detentan el control del capital financiero y el comercio exterior en nombre de la “soberanía”, y que además, cuenta con un ministro de Economía “marxista” que aplica un ajuste económico ortodoxo celebrado por todo el establishment.

No obstante sus caracteres pesadillescos, las tensiones que establece el camporismo progresista en función de sus relatos encubridores, no van mucho más allá de litigar el nombre de las calles, la ubicación de alguna estatua, el de “escrachar” a algún supermercadista por abusivo o propagandizar los temas de género y de discriminación a nivel puramente discursivo. Se trata siempre de centrar la atención en lo accesorio, y de encubrir o distraernos de lo realmente importante.

Jorge Eduardo Rulli
Maximiliano Mendoza
Grupo de Reflexión Rural (GRR)


 



Temas relacionados


Presidencia de la Nación


En la misma semana

7 de marzo de 2014

"Algunas corroboraciones tristes de una historia espiral" . PARTE II

DESDE EL GRUPO DE REFLEXIÓN RURAL

7 de marzo de 2014

¿Cómo alimentar a un alumno con 5 pesos?

PREPARANDO EL MENÚ

6 de marzo de 2014

Pedido aceptado

CASO NICOLÁS CASTILLO

Espacio Publicitario






 
Espacio Publicitario

JPEG - 23.2 KB

 
Siga a Desalambrar



 
 

Espacio Publicitario

 
Espacio Publicitario

JPEG - 27.4 KB

 
Últimos Comentarios

"Esta gestión no para, el intendente no para, a pesar de los inconvenientes económicos"

Un comentario de Fabian Ferreyra

Domingo, 24-07-2016

"Esta gestión no para, el intendente no para, a pesar de los inconvenientes económicos"

Un comentario de Fabian Ferreyra

Domingo, 24-07-2016

"Es un proyecto que está bajo análisis"

Un comentario de Fabian Ferreyra

Sábado, 11-06-2016
 





Desalambrar / Noticias de Moreno - contacto@desalambrar.com.ar