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ULTRA

Tiempos Violentos

Martes, 20 de enero de 2015

Por Fernando Ochoa.— El personaje desconocido del dibujante rosarino, Roberto Fontanarrosa “Ultra”, definido por el mismo autor como “una mezcla de James Bond con Lewis Carroll”, es una pieza difícil de encontrar en la obra del autor de Inodoro Pereyra y Boogie El Aceitoso. Un fuerte contenido en la violencia por la violencia misma y un alto grado de fascismo en las aventuras que llevó a una peligrosa interpretación de algunos lectores que distaban de las intenciones enunciativas del autor, hacen de esta historieta publicada a fines de los años ’70 crucial a la hora de analizar las historietas de Fontanarrosa
Esta historieta no llegó a ser obra cumbre del humor negro, por una simple razón, su pariente más cercano, “Boogie El Aceitoso” se llevó con él, todos los reconocimientos. En Ultra la violencia es la principal protagonista. El personaje que le da nombre a la saga es hijo natural del mundo de la creación de mercancías, el mismo que inventa guerras para sostener esa fábrica mundial de superganancias del capitalismo. Karl Marx en El Capital decía que todas las fuerzas de producción del capitalismo están en la legalidad. Lo que no estudió Marx es la ilegalidad del capitalismo que hoy es la fuerza más importante del capitalismo. Es evidente que no hay capitalismo sin ilegalidad. El Capitalismo está por encima de la ley, de la Constitución, de la policía. Crece y constituye modos de violencia social y este es el escenario de violencia letal que rodea todos los cuadros diseñados por Roberto Fontanarrosa en esta historieta.

El escritor y periodista, Juan Sasturain, describió a Ultra en su libro El domicilio de la aventura: “Ultra-ultrasecreto, ultraderecha- es la prefiguración de Boogie en lo gráfico: un clásico ropero rubio de pelo enrulado, mandíbula contundente y ojillos claritos. Parece ser otra cosa en el desarrollo interno, en la personalidad: las características de Ultra son más vagas, menos brutales, - hablamos por lo que conocemos - y el hecho de estar metido en una secuencia larga en la línea de aventura de Bond le da otras modalidades. Hay variantes libres- una nena que entra en escena y canta su ronda sin nada que ver, un pajarraco tanguero- y una intención paródica que se apoya sobre todo en la reproducción de situaciones típicas de película de superagentes. Ultra tenía la soltura y el libre juego que le permitían los arranques locos – se fabrica un avión portátil sacado de su maletín y persigue a un chino en paracaídas al grito de “Allá voy, hijo de Buda”-, un delirio que posibilitaba matar a un hombre en tierra con un torpedo, realizar secuencias con recursos de dibujo animado. El lenguaje no trabajaba, sino que se permitía todo los registros; tenía locura”.

LA VOZ DEL AUTOR

El personaje aparece púbicamente en la revista Tinta en 1979 y son solo 14 páginas de este personaje que los lectores pudieron llegar a leer. La obra fue gestada una década anterior a su publicación y muestra la libertad de un dibujante que había sido lector de las revistas de Oesterheld y que admiraba el trabajo gráfico del dibujante Hugo Pratt: “Él cambió la banda sonora de la historieta. Hasta que apareció el Sargento Kirk disparando su rifle contra los bandidos en todas las historietas los balazos sonaban; “¡¡bang, bang!!”. Pero de pronto, el rifle de Kirk hacía “crack, crack, crack”. Pensábamos que habíamos escuchado mal y tuvimos que volver a leerlo. Tiempo después, quizás en 1955, desde la terraza de mi casa, escuché unos disparos aislados y sonaban como los de Pratt”.
Luego de probar en muchas ocasiones poder concretar su búsqueda de ser dibujante de historieta seria y ser rechazado: “Yo arranqué desde muy chico simplemente porque me gustaban las historietas, especialmente las de aventuras, y para mí era un entretenimiento. Y lo sigue siendo ¿eh? copiar a Hugo Pratt, al Sargento Kirk, Ernie Pike, Pepe Dinamita, de El Tony, de Misterix… Una vez fui a presentar “jueves” un breve relato policial realista a Editorial Columba y me dijeron que me iban a dar un guión para que yo graficara, que me iban a llamar. No me llamaron nunca”.

Fontanarrosa siempre manifestó públicamente sus limitaciones estilísticas, pero que no lo cercaron a la hora de contar una historia o expresar una idea: “El dibujo mío cuenta bien lo que quiero contar. Tampoco soy un horrible dibujante, pero buenos son Sábat, los Breccia, son tipos muy virtuosos dibujando. Pero ojo, para contar lo que yo quiero me alcanza. Nunca me sale el dibujo como yo hubiera querido, pero de todas maneras tampoco tengo gran expectativa. Mis mayores dificultades son qué contar y cómo contarlo. Y siempre repito que, a mi juicio, una buena idea salva un mal dibujo, pero un buen dibujo no salva una mala idea. Hablo en el aspecto del humor, ya en la ilustración es diferente. Ahí ya es técnica y dibujo puro”.
Esta característica gráfica a la hora de contar, se observa en Ultra, su primitiva historieta. En este trabajó la libertad fue el motor principal a la hora de creación: “A Ultra lo hice después de que cerrara la revista Boom, cosa que sucedió en 1970. Yo trabajaba en publicidad. Había iniciado o bien incursionado en el humorismo en el año 1968, precisamente en la revista Boom. Recién volví a trabajar regularmente como humorista a partir del ’72 en la revista Hortensia. Supongo que en Ultra influyó el hecho de que fuese un trabajo realizado con total libertad. Absoluta libertad, tanto temática como de espacio, y esto último es muy importante. Pero también posiblemente responda a una época tanto mía como de lo que me rodeaba. Quizá había influencia del cine de Lester, de Los Beatles, etc. Recuerdo que recién por la mitad de la historieta imaginé su final, por lo tanto, el relato se torna más coherente. Hasta ese momento la narración deriva sin mayor precisión a través de distintas situaciones. Era una forma bastante frecuente de trabajo en mí: tomar el germen de una idea o tomar un tema y meterme en él sin saber cómo iba a salir. A veces salía y bien. En otras ocasiones decidía tirar todo porque no encontraba un remate”.

En el prólogo de la primera edición realizada en 1997 por la Universidad Nacional de Rosario, Reynaldo Sietecase, menciona como un dato revelador la familiaridad de este personaje con Boogie el Aceitoso: “Fue un hecho editorial singular. El ámbito académico produjo otro notable descubrimiento: Boogie, El Aceitoso, tiene un primo. Duro como es él, jamás habló de ese pariente al que no ve desde hace veinticinco años. Su nombre es Ultra y trabaja para una organización cuya identificación es impronunciable. Boogie se mueve por dinero. Ultra, en cambio, responde a razones que han pasado de moda. Los ideales, la humanidad, alguna patria, el trato fraterno. Boogie recuerda que allá por los primeros años de la década del setenta le gustaba sentarse a beber y a fumar con su primo. No hablaban, apenas intercambiaban sonrisas cuando el Negro Fontanarrosa estampaba en el espacio en blanco de un globito de historieta alguna frase ingeniosa. A decir verdad, Ultra, a veces se ponía pesado. Decía que el mundo pendía de un hilo. Hablaba de la Bomba y de una nifia que aparecía y desaparecía en el aire. Boogie siempre supo que Ultra era un espía del dibujante, así como el poeta es un espía de Dios. También que era un romántico, bastaba con verlo saludar. Una vez, llegó a advertirle: “Terminarás muerto defendiendo una causa perdida, o enamorado. No sé qué es peor”. Fue la última noche en que se vieron. Eso sí, le gustaba su manera de sostener el cigarrillo entre los labios. Manera que después adoptaría”.

Además, en ese texto de apertura a esta obra desconocida de Fontanarrosa, Sietecase describió algunos rasgos importantes de Ultra en el trabajo posterior en la obra del dibujante: “El guión de esta historia es delicioso, plagado de chistes breves, fina ironía y juegos con los textos. La intencionalidad es netamente humorística. Algo que Fontanarrosa después perfeccionó hasta su punto límite con Inodoro Pereyra. Hay cuadritos que cierran en forma independiente y perfecta. A modo de ejemplo, Ultra se encuentra en el desierto con un beduino y le pregunta: –Escuche amigo, ¿esto es un desierto? –No sé. No encuentro a nadie para preguntárselo. A diferencia de Boogie con su realismo duro, Ultra tiene un simbolismo poético que no se repitió en los trabajos posteriores de Fontanarrosa. Hay un Dragón con cierta melancolía, una nena que baila y desaparece, una persecución de un hombre misterioso llamado Helotro y más. Ultra no es cruel. Se revela en él la atracción del Negro por la aventura. Un entusiasmo que lo acompañó de pibe y que marcó sus creaciones. Acción y humor”.
Boggie se nutrió de Ultra, desde la misma imagen hasta en algunos chistes: “el único sentido que tengo es el sentido pésame”, “algún día compraré un negro y un chino para sacar cría”. En ambos reside un alto grado de violencia que el Negro Fontanarrosa, supo explotar en su obra con frescura y transgresión a su época.

VIOLENCIA REAL

Ultra fue una historieta publicada en plena dictadura militar, mientras la violencia del agente secreto se expandía en la viñetas de la revista Tinta, el golpe cívico militar con el argumento de combatir la “subversión”, término utilizado por los represores para hablar de jóvenes militantes políticos y obreros, entre otros sujetos sociales que buscaban un cambio de la realidad del país, abrió las puertas del infierno al “Terrorismo de Estado”. Los “monstruos del orden con necesidad de carne humana” implementaron el lenguaje totalitario acompañados de un sector civil que les brindó un cheque en blanco para esa nefasta acción que fue la desaparición forzada de personas y de la expansión del terror al conjunto de sociedad.

En 1979, Fontanarrosa era un tipo sin ninguna militancia y que se consideraba como un independiente: “La verdad es que siempre estuve ajeno a una militancia social. No terminé la escuela secundaria, que es donde uno se politizaba, y tampoco hice la universidad ni trabajé en un taller o una fábrica, trabajaba en publicidad, que no es un ámbito muy comprometido. Recién en el 69, 70, cuando comienzo a trabajar en la revista Boom de acá de Rosario me conecto con gente que por lo menos estaba un poco más al tanto. Nunca tuve ningún tipo de militancia. Me considero un independiente, veo las ofertas y elijo qué me parece mejor. Y eso que mi padre era emocionalmente peronista y por lo tanto bastante poco crítico de ese movimiento. Pero no me influyó en la política como tampoco lo hizo en el deporte, ya que a él le gustaba el básquet y a mí me gusta el futbol”. La censura del pensamiento fue clave para ejercer el terror. En tiempos donde el Negro publicaba en Clarín a Inodoro Pereyra y en la revista Humor a Boogie el Aceitoso y el humor era la herramienta para generar pensamiento crítico, los llamados de atención llegaban para mantener el orden de la moral de los perros del orden: “Alguna vez llegó al diario una nota, un apercibimiento porque no era conveniente en esos momentos hacer un determinado chiste, porque podía deteriorar la moral, qué se yo, esas cosas. Pero para los "modales" que se usaban en aquella época esto fue una galantería... También he hecho muchos chistes sobre la Iglesia pero con cierto cuidado, así que no he tenido problemas con ese tema”.

En Ultra como en Boogie, el rasgo fascista fue parte de la personalidad de los dos personajes, pero siempre con un fuerte cuidado por parte del autor de las repercusiones que podían ejercer las expresiones que se generaban en el mundo de los cuadros en el mundo real.
Roberto Fontanarrosa, muchas veces recibió muchas cartas en contra de las actitudes racistas de Boogie, “pero las más preocupantes fueron las que me llegaron a favor. Eran una cosa terrible, tipos contentos porque por fin llegaba alguien que le pegara a negros y a la mujeres”. Por este motivo, es decir por la lectura literal que olvida la parodia, el dibujante ejerció en su enunciación una zona impenetrable, la ética de la responsabilidad. En la entrevista realizada en el 2007 por los periodistas Américo Schvartzman y Jorge Villanova, Fontanarrosa habló sobre el humor y las religiones. Y es sorprendente la vigencia de las apreciaciones del dibujante rosarino, teniendo en cuenta el atentado en Francia por un hecho similar al que relató el autor de Ultra: “Hay una cuestión de sentido común, que es si uno quiere publicar cualquier cosa. Por ejemplo, en este tema de las caricaturas de Mahoma, una cosa es lo ideal y otra cosa lo posible. Lo ideal sería que pudiésemos publicar sobre cualquier cosa que sea pública, ya que cuando se hace algo público se arriesga a la crítica. Pero la realidad te marca que no es así. Si yo publico un chiste sobre Mahoma que me parece bueno y que entiendo legítimo publicar, y por eso le acarreo el incendio de la casa y la muerte a cuatro o cinco compatriotas míos que viven en países islámicos... Y no, prefiero no publicarlo. Porque algo que yo consideró ético puede no serlo para otro. Yo siempre digo que los que mejor hacen chistes sobre judíos son los de la colectividad judía, y si uno los hace quizá hiera alguna susceptibilidad. Es algo lógico. Son comunidades jaqueadas, golpeadas, enojadas por razones entendibles. Creo que la responsabilidad marca que hay que tener cierto cuidado”.

La historieta de Ultra, tuvo una corta vida, fue publicada en la revista Tinta en 1979. En 1997, la editorial de la Universidad Nacional de Rosario publicó en un solo tomo todas las aventuras del personaje. Fue un agregado anecdótico en el libro editado por De La Flor en 1999 “Todo Boogie” y nuevamente apareció recientemente en el flamante “Boogie, El Libro de Oro” de Editorial Planeta. Específicamente en Ultra está la frescura de Roberto Fontanarrosa que luego explotaría con ese mismo espíritu onírico y libertario en sus cuentos literarios.


 



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