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Viernes, 17 de Abril del 2026

Para comenzar esta nota debo admitir que antes del violento y cobarde ataque a Lucas Franco ocurrido en la tarde de hoy (una vez finalizada la larga sesión en el Concejo Deliberante donde el Frente para la Victoria aprobó el pliego de bases y condiciones del transporte público), me imaginé frente a la computadora redactando una secuencia de intervenciones orales de los ediles que hicieron uso de su palabra. Hubiese cometido un error grave al dejar en un plano relegado la decisión política del concejal Walter Correa, de ubicar en el sector del público una guardia pretoriana que, portando la camiseta del Sindicato de Curtidores Conducción Walter Correa, seleccionó quiénes debían ingresar a la sala de audiencia.
Esto puedo afirmarlo porque ni siquiera la prensa tuvo opción de ingresar a ese espacio para tomar alguna foto como habitualmente sucede. Lo afirmo porque una mujer del barrio Atalaya de Moreno, usuaria del transporte público de pasajeros, manifestó con profundo desasosiego lo que tuvo que padecer. Describió que unos hombres corpulentos le impidieron tomar posición en el sector asignado a los vecinos que quieren escuchar que dicen sus representantes. Peor aún, esta mujer de unos 60 años vivencia una pesadumbre mayor cuando uno de ellos le clausura el ingreso diciéndole que "no era de Moreno y que esto no pasaba de ninguna manera en Morón". Por supuesto Hilda no fue la única. El poder de quien es mayoría es mostrar su poder, limitando groseramente la amplitud y la diversidad. No hubo espacio para el relato. Consideraron la necesidad real de custodiar su vilipendiada "quinta" mostrando castigo a los que son minorías.
Desnaturalizar el apriete, la violencia y el maltrato es una acción superior a cualquier engendro de pliego que pasa por el tamiz de lo democrático. Para ser más categórico: digo que la democracia requiere de esta mano de obra para ser ¿democrática? Fue esta base constitutiva en desarrollo lo que permitió otro hecho repudiable cuando todo había concluido, luego de cuatro horas y media de sesión y tensión, adentro y afuera del recinto. Es aquí donde debo detenerme para resignificar frases como "fue al pedo", "resultó innecesario", "estuvo de más", “es parte del juego”, expresiones de dirigentes que al hacer esa síntesis dan valor a un hecho cobarde convirtiéndolo en útil. Lo hacen no sólo con esas manifestaciones sino con sus cuerpos.
Lucas Franco, dirigente de Libres del Sur le pidió a gritos a las concejales del Frente para la Victoria Patricia Giovagnola e Ilda Romano que "tengan dignidad y declaren lo que vieron", es decir, como dos hombres que estaban con el concejal Alberto Fraiz, le pegaron de atrás rompiéndole la nariz a metros de la casa auto bendecida como el templo de la democracia. Las dos legisladoras encorvaron sus humanidades para decir que "no vieron a Fraiz y tampoco a los que golpearon a Lucas Franco". En el mismo sentido el nutrido grupo de policías que observó la secuencia no emitió palabra alguna, cumpliendo así el rol asignado. Es oportuno marcar que la víctima no dijo en ningún momento que fue el concejal Fraiz quien le rompió la nariz sino dos personas que estaban con Fraiz y que recibieron la orden de Fraiz de golpearlo. Autoría intelectual y otra material. A esa altura de la tarde el abroquelamiento del oficialismo quedó situado en no poder distinguir quién o quiénes fueron los agresores, apelando así al "acto de responsabilidad institucional que tienen como funcionarios públicos de no acusar sin pruebas", sin titubear por lo menos la palabra repudio.
Como verán los lectores el golpe “no fue al pedo”, “innecesario”. En pocos minutos mostró sus efectos: nadie del oficialismo vio lo que observó directamente, sin obstáculos urbanísticos; nadie escuchó lo que escucharon, ningún policía registró el ataque y es probable que las imprescindibles cámaras de seguridad que toman las imágenes de la plaza Mariano Moreno no estén funcionando. No es un golpe, un concejal o una patota exclusivamente, es toda una estructura preparada, lista, decidida a protagonizar mucho más que una cobertura orgánica, corporativa.
Ante todos los medios locales presentes, tras el ataque artero de la patota, Lucas Franco dijo: “Al término de la sesión donde se trató el Pliego de Bases y Condiciones para el transporte... y reitero que esto tiene que ver con un proceso... Nosotros intentamos ingresar al Concejo y una patota que responde al concejal Walter Correa del Sindicato de Curtidores, gente de otro distrito, nos impidió pasar. Así comenzó la situación. Cuando salimos y comenzamos a expresar nuestras opiniones sobre el pliego, en el que estamos de acuerdo con algunas cosas, dejamos el lugar con un cartel que lo hicimos público, al que le pusimos la absoluta cara y que era un colectivo de La Perlita con los concejales adentro, que tenía que ver decirles en la cara que no podíamos creer lo que estaban votando. A la salida de la sala de sesiones el concejal “Chico” Fraiz me llama y me dice me sacaste lindo en el cartel. En el momento en que me está hablando hay tres personas al lado suyo que se empiezan a correr, cuando nos damos cuenta cortamos la charla y seguimos caminando pero una persona que estaba con Chico Fraiz me pega de atrás, mientras que otra persona me pega de vuelta. Acá estaba lleno de personas, ahí hay un cordón policial que será citado, estaba la concejal Patricia Giovagnola, la concejal Ilda Romano y el concejal Jorge Alagastino dando vueltas por ahí también. Al instante, Chico Fraiz y las tres personas que lo acompañaban se fueron, abandonaron el lugar, pero luego apareció su hijo, el también concejal Martín Fraiz para decir que no sabía quiénes éramos y que no sabía lo que había pasado. Le indicamos que su papá había salida para indicarles a miembros de su banda a quien pegarle, a una persona que intentó participar de una sesión y expresarse como lo prevé el sistema democrático en el que vivimos. Me voy doblemente triste, no por el golpe porque esto tiene que ver con la cotidianeidad de estar vinculados con gobiernos violentos como este sino porque hay una hipocresía gigante como la del presidente del Concejo Deliberante planteándome que lo deberá resolver la justicia, que no tiene nada que ver, pero también es la de todos los concejales permitiendo que Chico Fraiz se vaya. Yo recuerdo que a Chico Fraiz estuvo vinculado a un hecho de violencia en la puerta del Concejo Deliberante, pero éste Concejo Deliberante lo aplaudió y cuando intentamos llegar a la sesión nos pusieron una barra que nos impidió pasar. Es el mismo concejal que le da órdenes a una persona que estaba con él para que me golpee. El motivo por el cual me golpea es decir lo que pienso. Tenemos que terminar a 30 años de democracia con aquellos que cobardemente piensan que pueden hacer callar a golpes a los que piensan distinto. Estos que dicen ser los representantes del modelo nacional y popular que privilegia los derechos humanos son los mismos que se atreven en la puerta del Concejo Deliberante a golpear a quien piensa distinto. Saben por qué pienso distinto, porque vine acá a plantear que los discapacitados puedan subir a un colectivo, que haya boleto educativo para los estudiantes, para que haya refugios y frecuencias nocturnas, que no había que perpetuar el monopolio. Eso vine a plantear y por eso se enojó “Chico” Fraiz, por eso se enojaron los concejales que no hicieron absolutamente nada”.
AUDIO 1 FRANCO
Lucas Franco radicó esta noche una denuncia penal en la Comisaría Moreno 1ª. Ratificó todo lo dicho en los medios de comunicación.
La justicia podrá tener una causa, pero en la tarde del pliego de La Perlita quedó sembrado algo más que una agresión física, un hecho colateral, exógeno. ¿Cuándo termina lo que nunca debió comenzar?
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