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Martes, 21 de Abril del 2026

Mariano West no faltó al convite más elemental que cualquier situación ofrece. El martes y, preocupado porque "su" municipio salía de la geografía local para instalarse en la patria movilera, la misma que condenaba la presencia de manifestantes con sus rostros tapados, jóvenes, hombres que ponen el cuerpo en los cordones de seguridad e intentan protegerse de la acción institucionalizada que judicializa cualquier protesta. Son los salvajes, los desestabilizadores, los impopulares que, días atrás y antes del tornado, Cristina Fernández de Kirchner los había apuntado así con el aplausómetro de cortina permanente.
Visión y práctica reaccionaria que tuvo repercusión en las palabras de West que, sabiendo cómo y quién es, en el municipio que él comanda desde 1995, afirmó que la movilización "impedía el paso de los camiones cisternas que debía llevar un poco de agua a los barrios". Tamaña mentira, semejante provocación, no tuvo el efecto deseado. La marcha llegó a la puerta de un municipio custodiado por los eficientes-efectivos de la Bonaerense. Esto ocurrió luego de llamados telefónicos donde la propuesta oficial fue enviar un coche para llevar un grupo de referentes hasta el primer piso del Palacio, oferta que quedó descartada por los vecinos autoconvocados y organizaciones adherentes. Todo cuanto ocurrió fue pacífico, lógico, elemental y previsible.
Por supuesto que las usinas que producen la noticia formada-deformada, apuntaron a los muchachos que "llevan palos y se tapan la cara".
Se "privaron de mostrar a un muchacho que portaba uniforme, sin identificación y con un arma", se tapó la cara. El agente se ubicó al lado de la puerta de ingreso que tiene la Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad.
Agradecemos la fotografía que no tiene ninguna contradicción.
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