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Viernes, 17 de Abril del 2026

A kilómetros de distancia, en estudios iluminados por seres opacos, la feligresía mediática oficial repite conceptos posmodernos que insultan el buen sentido. En otras pantallas, atravesados por intereses subidos a las corporaciones que no extraen oro pero si ganancias históricas por operaciones bien remuneradas, los detractores del gobierno nacional gimen ser consecuentes con un pueblo en lucha.
En verdad, si algo podemos hacer los que habitamos en el concreto asfalto de metrópolis devastadas por la ignorancia globalizada, es preguntarnos cuál es el poder de fondo que se levanta en un feudo provincial, otrora propiedad de Carlos Saúl Menem, hoy senador nacional adherente al kirchnerismo.
La fuerza está en un monosílabo extirpado de la agenda política, negado socialmente a partir de la “educación básica, familiar y religiosa”, inaceptado como respuesta central y por lo tanto despreciado en el campo de toda ciencia que apuesta a crear lo creado. Famatina dice NO y punto.
Como vicio periodístico, sin que exista necesidad de argumentos más sólidos que el NO, es dable potenciar que tamaña respuesta desecha la cementada orquestación entre gobierno nacional, provincial y el tercer Estado, el minero.
Sin mayor representación que la que posee cada habitante en uso de su libertad, durante cinco años y sin usinas de reproducción mediática, el pueblo aprendió a preguntar por fuera de la estructura que administra el poder riojano. Miró a sus hermanos de Catamarca y San Juan; no dilapidó tiempo en conferencias técnicas – científicas para justificar la acción. Se nutrió de la energía que corre por sus cerros, tierras cultivadas, aire fresco, agua libre de los excrementos capitalistas que ponderan el desarrollo y que dinamitan el futuro inmediato. Famatina y su NO, informa que agradece “todos los informes, discursos, promesas, compromisos, tanto ejecutivos, legislativos y empresariales” que afirman con total impunidad “que no habrá contaminación”. Niegan esa oferta, NO quieren escuchar nada más porque están convencidos que viven en la lucha, por lo que comunican que la democracia, esa que se define como gobierno del pueblo, la ejercen en plenitud.
La resistencia en ese pequeño pueblo empobrecido por los maleantes que “ganan elecciones”, votados por muchos que no niegan el sufragio emitido a Beder Herrera pero que practican la libertad de pensamiento y acción, tiene antecedentes a lo largo de la cordillera. Es una corriente que arrastra flujos de NO que van tomando envergadura. Es un NO a la venta estratégica de Cristina Fernández de Kirchner y sus gobernadores, que sellaron el despojo reconociendo el valor de la promoción minera aprobada por el inefable pero útil Carlos Saúl Menem en la década de los ’90.
Es un NO a los acólitos de la corona que, convencidos de entender el modelo, vociferan a favor del neo desarrollismo subestimando la potencia del monosílabo al decir que es “algo sentimental, simpático, simplista e indigenista”.
Sólo en el repaso, el NO se escuchó en varias universidades argentinas que resolvieron NO tomar los subsidios mineros que, en otras palabras, fue comprar conciencias que habilitan la licencia social para saquearlo todo.
Famatina NO es un fenómeno aislado pero si un ejemplo de organización que entierra veleidades. Los que están saben las razones. La bandera que flamea tiene el matiz de un colectivo social.
Al NO la institucionalidad le teme. Me pregunto en qué faceta, cuándo y dónde, surgirá el NO en este distrito del Conurbano. NO hablo de causas porque sobran.
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