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Domingo, 19 de Abril del 2026

Sergio Toloza Molina se encuentra detenido hace más de cinco años y medio en el penal de Sierra Chica, Unidad Nº 38. La cárcel comenzó el 10 de Junio de 2008. Está condenado a cadena perpetua acusado de haber matado al violador de su hija que en el momento del hecho tenía 4 años de edad. Sergio tiene 33 años. Cinco de sus hijos viven en el Partido de Moreno y debido a la distancias y a la situación económica prácticamente no lo vieron más.
Los duros barrotes no han callado su voz. El sistema de destrucción que impera en la cárcel impacta en la subjetividad, mientras el tiempo realiza ese macabro trabajo de alienación. Sergio habla para su palabra supere los muros: “Acá tenes que tratar de llevarlo lo mejor posible en el contexto de encierro. La policía te busca para que reacciones, para poder llevarte en cana o cagarte a palos. Lo que comemos es lo que nos trae la familia. La comida que te dan en el penal es un asco porque ningún ser humano lo puede comer. Es más un un poco de agua, con fideos tumberos y le ponen suero a la comida, un par de zanahorias flotando y de vez en cuando un par de huesos. Nosotros reusamos los huesos, los lavamos y después lo usamos para cocinar. Imaginate que esa comida acá se la tiran a los chanchos. En fin, cocinan para los chanchos, no para los presos”.
AUDIO 1 SERGIO
Ese hábitat hostil donde gobierna la fuerza y los palos, tiene una forma de alimentación diaria que Sergio necesita hacer conocer: “La carne viene una vez por semana. Un camión frigorífico baja entre diez y quince media res por semana. La carne la descargan los presos y la llevan al depósito. A la media hora que se fue el camión llega un Mercedes Benz color azul y se lleva entre tres y cuatro media res. ¿Eso dónde va a parar? A la mano de los directores, de los que tienen mercados o carnicerías”.
AUDIO 2 SERGIO
Sergio describe como el Servicio Penitenciario utiliza metodologías de aislamiento, largas distancias, costos elevados y maltratos hacia la visita. El objetivo es aislar aun más a las personas: “Mi mamá ya es una persona grande, la hacen pasar a un cuarto y hay dos mujeres que le hacen sacar la ropa, la remera, el corpiño, le hacen mover el pelo, le hacen bajar el pantalón, tiene que levantar los pies, le piden que se saque la bombacha, tiene que hacer cuclillas. Mi mamá es una persona grande, la están denigrando”.
AUDIO 3 SERGIO
Sergio estudia abogacía y hace teatro. La carta que redactó un compañero que lo visitó en el lugar de encierro expresa un sentimiento de solidaridad, compañerismo y libertad.
Relato de un compañero que viajó a ver a Sergio.
En el micro tumbero voy a ir a ver a un preso que esta guardado en Sierra Cica hace ya casi 5 años, acusado de haber asesinado al violador de su hija de 4 años, no lo conozco personalmente, solo por conversaciones telefónicas pero ansío llegar a verlo. La espera bajo la lluvia y el frío que llegue la hora de partida al penal se amena al charlar con unos limpia-vidrios, que parecen ser los únicos que están vivos, en una ciudad de zombis que van y vienen de sus obligaciones de rutina. Ellos me cuentan que conocen el sufrimiento del encierro en carne propia, las torturas, las palizas, el “pararse de manos“ para que no te violen o no te roben tus pocas cosas.
Por fin llega la hora y me despido de estas personas que mandan saludos de fuerza para el preso. En el tumbero veo las caras de la gente entristecida por sufrir el encierro de sus familiares o amigos como si fuera el de ellos mismos. En sus rasgos físicos puede verse que es gente pobre, oprimida, recagada a palos por esta vida de mierda que los ricos y poderosos nos obligan a vivir, claro ellos no sufren la tortura de la cárcel, pueden robar, estafar, asesinar entre otras fechorías sin ningún pudor y nosotros los de abajo somos los torturados con el encierro, si no respetamos las leyes que nos son impuestas y que protegen el privilegio y la maldita propiedad privada.
Dos gambas ($200) hasta Sierra Chica es lo que vale el pasaje, pienso en el sacrificio para muchas familias para juntar la plata que les permita ir a ver a sus seres amados. Los presos que tienes varios hijos, quizás pasan años sin verlos por una cuestión económica, con el sufrimiento que esto implica para los padres y ni que hablar para las criaturas que crecen con muchos problemas emocionales y de salud por esta causa. Por eso también existen los presos a los que se conoce en la jerga carcelaria como “pálidas“ que son abandonados por la familias y jamás tienen visitas.
Durante el viaje al tumbero se le pincha una rueda primero, después sufre problemas mecánicos por eso hay que esperar que venga otro micro. Todos suspiramos de rabia y de resignación. Los que viajan saben muy bien que es un servicio de mierda, pero es lo que hay, es para las familias de los presos, esas no personas para muchos.
Una vez en el otro micro tumbero, veo que todos tratan de dormir, entre el frío, la incomodidad y las ansias de la llegada, mientras pasan las horas y los kilómetros hasta que por fin llegamos a Sierra Chica, que cuenta con tres unidades, la número 27 (de régimen “abierto“), la unidad número 2 de máxima seguridad y la 38 que es de un régimen intermedio. Yo tengo que bajar en la última unidad. Son las 5 de la mañana y hace mucho frío, pero ya hay gente esperando en el penal, desde hace rato haciendo fila para cuando abran la visita.
En la Unidad número dos una de las señoras que venía en el tumbero a ver a su ser amado, se da cuenta de que le robaron el bolso con alimento que traía en el portaequipaje; ese que cuesta tanto juntar afuera y que adentro hace tanta falta, ya que la “comida“ que te dan en la cárcel es un asco y hasta muchas veces tiene gusto a lavandina. El chofer del micro no se quiere hacer cargo, te lo habrán sacado cuando pasamos por la unidad 27 le dice, las cosas son así señora. Esto es el tumbero! La cara de desesperación de esta mujer me hace estremecer y otra vez me pongo a pensar en que bien que la hacen estos soretes que nos gobiernan y explotan, que fueron sembrando durante años y años de dominación este tipo de valores de pisarle la cabeza al otro, no importa que esa persona sea alguien que esta en la misma situación que vos, la guerra de pobres contra pobres, mientras ellos se regocijan a su placer, nos dividen y así nos someten mejor. Esta mujer llegó a ver a su marido con las manos vacías, otro preso recibirá la comida que era para él. La persona que se llevó ese bolso, en esa actitud vil de robar algo para un preso, no es peor de lo que pasa diariamente en cualquier penal, porque el Estado tiene un presupuesto para la comida a las cárceles, pero se quedan con la mayor parte los directores del penal y distintos funcionarios y a los presos las sobras, los huesos y las frutas y verduras podridas.
El tumbero sigue unas cuadras más hasta la unidad número 38 en donde bajo del micro por fin, angustiado pero con esperanzas de ver pronto a Sergio. Quedaron atrás muchos kilómetros y solo nos separan ahora las rejas, alambrados y muros en donde viven cientos de personas prisioneros del Estado. A las 6 AM puntual empieza la requisa de mercadería y de todos nosotros, el cacheo y ponerte en bolas adelante de un cobani. Después la burocracia administrativa de tomarte huellas digitales, sacarte fotos (para el sistema biométrico). Por suerte sale todo bien y por fin entro al patio de penal donde me esperaba impaciente, este preso que vengo a conocer, pero que ya siento como un compañero. Un abrazo muy fuerte, un beso y un mate caliente con bizcochitos hechos por él en el pabellón fueron mi recibimiento.
A pesar de todo, si que valió la pena el viaje, charlamos miles de cosas, me cuenta su vida en el penal y las pilas que le pone día a día. Me aclara, esto no es vida, yo no se lo deseo a nadie. Estar privado de la libertad, encerrado acá sin ver crecer a mis hijos, sin poder estar con las personas que ama, es lo peor. Sin embargo sigue luchando, estudiando abogacía para conocer mejor las leyes que le puedan dar la libertad, trabajando en una huerta orgánica porque dice que de esa forma siente la tierra y que ésta le trasmite libertad. Hace teatro, con obras que pretenden trasmitir un mensaje social. Cuanta dignidad en una sola persona, la conversación es más que interesante pero el tiempo es tirano y ya es hora de la despedida. Ojalá volvamos a vernos pronto, nos saludamos fraternalmente.
Al salir a la calle, tengo que apurarme para no perder el tumbero, me voy pensando en Sergio y los otros que se quedan encerrados acá adentro y en eso veo a alguien tirado en el pasto de la vereda, abriendo y cerrando los brazos como queriendo volar, su ojos reflejan una alegría enorme. Lo había largado después de 5 años de estar en cana. El había robado porque estaba en la miseria hace cinco años, hoy sigue en la miseria, pero el Estado ya le robo ese tiempo de su vida en sus centros de tortura. Solo le dieron un pasaje para Buenos Aires, pero hay paro de choferes y no tiene un mango. A pesar de todo la sonrisa no se le borra de su rostro. La gente que sale de la visita le ofrece un teléfono para que llame a sus familiares, pero él dice que gracias pero prefiere caerles de sorpresa en casa. Que alegría será para sus seres queridos verlo después de tanto tiempo. Finalmente esta persona logra viajar en el tumbero gracias a la ayuda desinteresada de la gente que le pasa unos mangos para que viaje y se compre algo para comer. La solidaridad de los oprimidos se hizo presente, esta vez no se le piso la cabeza a nadie sino que se tendieron muchas manos. Ojalá que este tipo de valores solidarios se extiendan, acompañados por el amor a la libertad que traerá la revolución social y así caerán por fin esos malditos muros de las prisiones y se romperán todas las cadenas. Libertad!
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