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PATORUZÚ

Más nacional que la bandera

Jueves, 18 de septiembre de 2014

Por Fernando Ochoa. El 18 de octubre de 1928, en el periódico de Natalio Botana “Crítica”, un aviso publicitario presentó por primera vez a los lectores argentinos a un personaje que con el paso de los años, se convertiría en un pilar de la historieta local, Patoruzú. “Mañana debuta el indio Curugua-Curiguaguigua”. El anuncio focalizaba en la tira cómica que publicaba Quinterno en ese momento, “Las aventuras de don Gil Contento”. Inmediatamente en la primera viñeta el personaje central le modifica el nombre, por consejo del periodista y director del diario El Mundo, Munzio Sáenz Peña que le advirtió lo complicado del nombre: “Con ese nombre no va a ningún lado. Debe ser un nombre criollo, pegadizo, como la pasta orozú”. Es por ese motivo que en el primer cuadro, apenas baja del tren el flamante visitante, el autor lo rebautiza con el nombre de “Patoruzú”.

LA IDEOLOGÍA DE QUINTERNO

A través del tehuelche el espíritu nacionalista de la historieta que cuenta las peripecias de ese porteño dibujado, se naturalizan. Con dispositivos cómicos en la enunciación, el autor explícitamente muestra a los pueblos originarios como salvajes e incultos. En los primeros cuadros, a través de Don Gil Contento, el autor no esconde su intención patriota: “Has llegado más atrasado que los pagos a los maestros provinciales. Patoruzú. Voy a tener que civilizarte”. Al día siguiente de la aparición pública del cacique, la tira deja de publicarse sin explicación alguna a los lectores del diario. El 27 de septiembre de 1930, Patoruzú vuelve a descender de un tren a la ciudad de Buenos Aires, pero esta vez para el diario La Razón en la tira “Don Julián de Montepío”. El personaje se mueve ideológicamente acorde a una época política que marcaba los pulsos económicos, políticos y sociales en nuestro país; la “Década Infame”, años caracterizados por el fraude, la corrupción y la entrega del patrimonio nacional. En la tira diaria que se publicó el 12 de octubre de 1930, a pocos días del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, Quinterno muestra a piel descubierta sus ideas políticas sobre ese suceso:

Julián de Montepío: ¿Sabés que fecha es hoy, Patoruzú? El día de la Raza, día grandioso en que todo corazón argentino baila de patriotismo. En este mismo día, hace una punta de años nos descubrieron…

Patoruzú: Debíamo estar mal escondidos, chei.

Julián de Montepío: Antendé, indio ingenuo; nos descubrieron brutos, mucho más brutos que vos, y nos poblaron y civilizaron…Hoy gracias a don Cristóbal, somos un país, somos algo conocido en el mundo, somos un país progresista… Es por eso que todo argentino que tiene sangre de patriotismo en las venas, no debe faltar a la magna cita; hoy todo argentino debe concurrir a presenciar el desfile de los ínclitos milicos que nos salvaron de la tiranía oficialista. Debemos ir a juntar todos nuestros corazones. Y ya sabés. Cuidado con los pisotones y los raspas, Ubícate bien y aplaudí mucho a los soldaditos. Yo voy a Palermo a ver si se me hace el doblete con alguna fijita infalible.

En 1931 la historieta comenzó a llamarse directamente: Patoruzú. El 11 de diciembre de 1935, se produce un hecho inédito hasta ese momento en nuestro país, el personaje abandona las páginas del diario La Razón e ingresa a El Mundo, es la primera transferencia de una creación gráfica con la particularidad de que los derechos de posesión son del autor y no de las empresas mediáticas. A partir de ese momento, Dante Quinterno llevó adelante el primer sindicato de historieta de Argentina y en 1936 creó su propia empresa Editorial Universo, donde su personaje tuvo revista propia y su popularidad creció a pasos agigantados. La historieta incorporó un elemento primordial: la aventura.
Es en la revista quincenal donde Cacique Tehuelche comienza a hacer amenazado por enemigos físicamente fuertes y grandes ideólogos de planes delictivos, la mayoría extranjeros y es ahí en donde el héroe acompañado de su padrino Isidoro y su hermano Upa, viven miles de peripecias hasta vencer a la injusticia.

Carlos Trillo, guionista de historieta e investigador del género, remarcó en una entrevista realizada vía mail por Manuel Barrero, los rasgos que le imponía el autor a los villanos del cacique para resaltar el nacionalismo de su cacique: “Quinterno ridiculizaba a los judíos, los hacía ávaros, codiciosos, feos, con sus narices ganchudas. Quinterno editorializaba a favor del conservadurismo que trataba de impedir las elecciones libres en su Patoruzú. Pero era, además (tal vez como Hergé) un increíble narrador de aventuras y los personajes de su historieta fueron, todos ellos, grandes pinturas de tipos humanos con carnadura humana. Su revista contenía esa carga ideológica que acabamos de describir, pero permitía a otros grandes autores (que siempre supo elegir con ojo clínico) desarrollar sus maravillosos mundos”.

En un texto de la década del 80, Dante Quinterno, enumeró las características que adquirió su personaje a lo largo de la historia: “El indio Patoruzú es un símbolo universal en el que conjugan todas las virtudes inalcanzables para el común de los mortales. Patoruzú es el hombre perfecto, dentro de la imperfección humana, o sea que configura al ser humano ideal que todos quisiéramos ser”. Pero es el semiólogo, Oscar Steimberg, quien analizó las características ideológicas volcadas en el personaje: “Patoruzú tiene virtudes gauchas pero es un indio; los indios y los gauchos nunca fueron algo parecido a una unidad social. Por otra parte, es un gran terrateniente, pero además es un cacique indio del sur; y en esta otra dualidad se da en un momento en que todavía estaban muy cerca, en el tiempo, las matanzas de indios de las que fueron responsables indirectos y aun directos, casualmente, terratenientes del sur (…) En realidad, la identidad social de Patoruzú es tan intocable y tan inaprehensible como su dinero. Ni uno ni la otra pueden ser amenazados por la realidad objetiva; y aún más: ni uno ni otra pueden siquiera definirse con exactitud en sus características básicas”.

El nacionalismo conservador y de derecha es expresado en sus personajes, donde apuntala con entusiasmo las tradiciones y enseñanzas que le brindan la familia y las buenas costumbres. El dibujante, Alberto Breccia, trabajó para Quinterno en la década del 40”, sin mordazas en la lengua, desató los temas que estaban prohibidos tratar en las páginas de la Editorial Universo: “Había libertad para trabajar, siempre y cuando no hubiera sexo, excesiva violencia, cadáveres mutilados, etc. Patoruzú era una revista que pretendía ser dirigida a la familia”.

INNOVADOR

Oscar Steimberg, explicó desde un análisis del discurso, la creación significativa en su totalidad por parte de Quinterno, hasta ese momento inédita en el mercado grafico argentino: “Con Patoruzú se puede realizar algo que podría llamarse la prueba del elemento extraño; con esta revista sucedió, en su primera época, algo que debe haber ocurrido después sólo con alguna otra revista, perteneciente con seguridad al grupo de revistas de Landrú. Los elementos extraños a la publicación, como por ejemplo los avisos, trataban de mimetizarse con su lenguaje, como si la vía de comunicación con el público que había encontrado la revista garantizado de antemano, por sus características formales, la aceptación del mensaje. Después la situación fue variando también, no la ideología ni las características básicas de la revista y de la tira, pero si el vigor, la violencia, en cierto modo la audacia que habían constituido su aspecto positivo y que en un principio exponía posiciones y juzgaba actitudes, posiblemente más espontáneamente que en periodos ulteriores”.

Quinterno observa que tiene un gran negocio y saca a la venta muñecos y remeras de Patoruzú, siendo un precursor en esos años por el merchandising en base a un personaje de historieta. Además, el universo del tehuelche llega a la radio, creciendo su fama más allá de los cuadritos que contenían sus aventuras. En 1945, publica una revista inspirada en la niñez del cacique “Patoruzito”, en donde además se presenta historietas de aventuras y humor, material nacional como extranjero. En octubre de 1956, aparece en los kioscos “Las Grandes Andanzas del Cacique Patoruzú”, donde el objetivo es reeditar las viejas aventuras. A partir de ahí, todo el material del personaje es materia reciclable.

SER O NO SER, DISNEY

La visita de Walt Disney a la Argentina, en donde el creador del ratón Mickey se reunió en la estancia de Florencio Molina Campos, ubicada en Moreno, con varios artistas locales, impulsó a Quinterno a soñar con llevar al mundo audiovisual a su indio. El 20 de noviembre de 1942, en el estreno del film La Guerra Gaucha se presentó el cortometraje animado a color de 12 minutos de duración “Upa en Apuros”. Es la primera y única experiencia en el mundo del cine por parte de Quinterno que aspiraba a convertirse en el “Disney” de estas pampas. La producción tuvo un alto costo y la inversión no se recuperó, siendo el primer fracaso económico del imperio mediático del creador de Patoruzú. Por muchos años los intentos de regresar a la pantalla grande fueron pasos truncos que no llegaron a buen puerto. En 1998, en la Feria del Libro, en el stand de Editorial Universo, exhibió los pilotos de potenciales series animadas de Patoruzú y Patoruzito, concentrando la atención de los espectadores presentes. El supervisor artístico fue Oscar Capristo, la animación fue supervisada por Roberto De Biase y los guiones estuvieron a cargo de Ricardo Ferrari. En Estados Unidos se grabaron las voces en castellano y en inglés, donde Patoruzú fue interpretado por Mark Hammil, actor reconocido por el personaje que personificó en la saga “La Guerra de las Galaxias”, Luke Skywalker. El proyecto no alcanzó para llevar sus personajes nuevamente a los cines. Después del fallecimiento de Quinterno en 2003, la versión juvenil del cacique es protagonista de dos películas con nuevos espectadores que disfrutaron de ese regreso sin su creador apuntalando su destino.

A 86 años de su creación, el universo creado por Quinterno permanece vigente en la actualidad. Las reediciones de las andanzas de Patoruzú se publican año a año y fueron y serán leídas por varias generaciones de lectores que, más allá del contenido ideológico, materializa el objetivo principal de esta historieta: entretener.


 



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