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Los grandes incendios forestales son cada vez más frecuentes en la comarca andina, en la Patagonia argentina. Los últimos veranos se multiplicaron las imágenes del fuego arrasando hectáreas de bosque y viviendas. En un contexto de temperaturas más altas, clima seco y vientos, especialistas advierten sobre un elemento central en la propagación e intensidad de los incendios: los pinos.


Se trata de una planta exótica, traída a la Argentina desde Estados Unidos, con gran capacidad de adaptación al fuego y de desplazar a plantas nativas. Su presencia en cerros se volvió “característica” del paisaje patagónico, pero desde hace años la comunidad científica advierte sobre sus peligros.


¿Cuál es el vínculo entre los pinos y los incendios forestales?


En Puerto Patriada (Chubut), la zona afectada por un incendio que arrasó 12 mil hectáreas este año (hoy contenido en un 85%), se plantó, entre otras especies, el pino radiata. El fuego destruyó las viviendas de la comunidad mapuche Pulgar, pero el gobierno nacional y provincial la culpabilizaron, así como en años anteriores hicieron la misma operación con otros Lof mapuche.


“(El pino radiata) es una de las especies de pinares más plantadas para uso forestal en el hemisferio sur y está muy adaptada al fuego. Acumula semillas en conos y piñas en lo alto de su copa, que solamente se abren cuando ocurre un incendio o cuando hay muchísimo calor, en general asociado al fuego. A esas semillas, a su vez, les va mucho mejor germinando y estableciéndose en el suelo quemado que en otras condiciones. Tiene un círculo completo de retroalimentación: cuanto más fuego, más se favorece y viceversa”, comparte a Presentes Melisa Blackhall, doctora en Biología e investigadora adjunta del Conicet.


La cantidad de pinos por hectárea puede variar ampliamente, desde menos de mil hasta cerca de 100 mil individuos por hectárea. Sin embargo, en todos los casos se observa una invasión muy alta luego de un incendio. En Puerto Patriada tuvo lugar una invasión con mayor agresividad del pino radiata luego de los incendios de 1987, 2012 y 2015, alcanzando las 465 mil plántulas de pino por hectárea. Así lo registra el artículo “Una nueva degradación de la tierra en Patagonia: retroalimentación positiva entre fuego e invasión de pinos”, de Estela Raffaele, Jorgelina Franzese, Ramiro Ripa, Alejandra Moreyra, Clara Pissolito y Melisa Blackhall.


Las especies de coníferas más utilizadas en las forestaciones en Patagonia son pino murrayana, pino ponderosa y pino oregón. Algunos pinos presentan la particularidad de ser especies invasoras, lo que significa que se propagan de forma espontánea y fuera de control. Esto ocasiona efectos negativos en la biodiversidad, los ecosistemas locales y las especies nativas.


Planta exótica e invasora


Los pinos pertenecen a la familia pinaceae, oriunda del hemisferio norte, con un clima diferente al del sur de América latina. Fueron introducidos a la Argentina desde Estados Unidos en el siglo XIX y su explotación forestal inició en la segunda mitad del siglo XX. 


Los primeros pinos llegaron a Buenos Aires y a la Patagonia en la década de 1920 por decisión estatal. Para fomentar una economía forestal, se puso en marcha el vivero nacional en isla Victoria, impulsado por el Ministerio de Agricultura, y se introdujeron especies exóticas, como las coníferas. 


“Desde entonces, estas poblaciones de árboles, con una gran capacidad de adaptación al fuego, fueron invadiendo, reduciendo el terreno disponible para las especies nativas”, subrayan las investigadoras Jorgelina Franzese y Melisa Blackhall, integrantes del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-Conicet) en el artículo “Advierten que la proliferación de especies de pino contribuye a los incendios forestales”.


Por qué con los pinos los incendios son más intensos


Los pinos son más inflamables que otras plantas. “Es una especie que acumula mucho combustible por la hojarasca que junta, las ramas secas y la resina. Levanta temperaturas muy altas y hace que el lugar sea un polvorín, muy propenso a incendiarse. Un incendio en estas condiciones es más intenso y severo”, dice la investigadora. 


“Hoy están ocurriendo incendios en otras partes que no se asocian a los pinos —agrega—. Nuestras especies nativas están adaptadas a determinados incendios, pero no a los que son tan severos e intensos, por ejemplo, el de Puerto Patriada. El suelo, con los pinos, levanta más temperatura, y eso hace que plantas que en otras condiciones podrían rebrotar, mueren”. 


Las semillas de los pinos resisten al fuego y, con cada incendio, la especie se reproduce con más fuerza. La vegetación nativa, en cambio, no puede reponerse con esa facilidad. Así, el pino le va quitando espacio a las plantas nativas. 


En un estudio llevado adelante en Puerto Patriada, las investigadoras Franzese y Blackhall observaron la velocidad de germinación y crecimiento por año de una especie de pino frente a la del ciprés, un árbol nativo. Mientras el primero crecía alrededor de un metro por año, el segundo apenas lograba ganar unos pocos centímetros de altura en el mismo periodo.