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El ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, explicó los puntos que propone discutir en materia laboral, que incluye reducción de juicios y registro de trabajadores.

1. El gobierno de Javier Milei presenta su proyecto de “modernización laboral” como una reforma necesaria. ¿Qué propone concretamente esa iniciativa, qué efectos podría tener sobre el empleo, los salarios y los derechos laborales, y qué objetivos políticos y económicos persigue?

El gobierno de Milei es, en términos económicos, el representante de los grupos concentrados de la economía mundial y, en términos políticos, actúa como administrador de la entrega de la soberanía y de los recursos naturales a cambio del capital necesario para subsistir.

Muchas veces, cuando se hacen este tipo de descripciones, nos dicen que estamos anclados en el pasado o que se trata de un discurso viejo. Sin embargo, el problema es justamente ese: la fórmula es vieja y el método que impulsa este gobierno ya se puso en práctica. Y cuando se aplicó, generó un proceso de industricidio, con millones de trabajadores en la calle y miles de familias por debajo de la línea de pobreza. Esto ya ocurrió en nuestro país y los indicios actuales nos permiten anticipar que nos encaminamos hacia un nuevo 2001.

Al cumplirse dos años del gobierno de extrema derecha de Javier Milei, se perdieron más de 200 mil puestos de trabajo formales. Y esto no es una planilla de Excel: son padres y madres, hermanos y hermanas, hijos e hijas que se quedan sin trabajo o que ya no llegan a fin de mes.

Sin ir más lejos, hoy sucede que cuando una trabajadora o un trabajador se presenta a un empleo ya no pregunta qué categoría le corresponde, qué salario va a cobrar o cuántas horas por día va a trabajar, porque la prioridad pasa a ser llevar un plato de comida a la casa. Ya existe una fuerte flexibilización laboral de hecho, que con la eventual aplicación de esta iniciativa no haría más que profundizarse.

2.Más allá de lo técnico, ¿qué modelo de sociedad y de relaciones laborales entraña esta reforma? ¿Qué tipo de país se construye cuando el trabajo es concebido como un costo a reducir y no como un derecho a proteger?

La situación laboral en la Argentina es crítica y la coyuntura actual profundiza la flexibilización del trabajo. Hoy resulta engañosa la forma en que se mide el desempleo: cuando se consulta a la gente si trabajó durante la última semana, la respuesta suele ser afirmativa, aunque en realidad se haya tratado de apenas unas horas en alguna aplicación o de una changa ocasional, situaciones que poco tienen que ver con el trabajo genuino y de calidad que promovemos desde el gobierno de Axel Kicillof y desde el peronismo a lo largo de la historia.

Estamos atravesando el momento de mayor retracción de los últimos 41 años de democracia, con derechos individuales y colectivos vulnerados por un gobierno de rasgos cuasi autoritarios y con una incidencia explícita de los Estados Unidos sobre la soberanía económica del país.

Hoy se habla de modernización laboral mientras se propone una jornada de trabajo de hasta 13 horas. No hay nada de moderno en esa iniciativa, como tampoco lo hay en intentar manotear la caja de los jubilados para financiarse, avanzar en retrocesos fiscales o impulsar una veintena de artículos que atentan directamente contra derechos esenciales de las y los trabajadores.

3.Frente a este avance, ¿qué rol debe asumir el peronismo —en el plano sindical, parlamentario y territorial— y cómo explicarle con claridad a las trabajadoras y los trabajadores cuáles son las consecuencias reales de esta reforma en su vida cotidiana?

En primer lugar, no creo que haya que “explicarle” a los trabajadores nada. Lo entienden perfectamente y son los que están todo el día en la calle, rompiéndose el lomo para llevar un plato de comida a la casa. No hay que subestimar al pueblo trabajador, hay que estar cerca. Porque ahí es donde vamos a encontrar la respuesta a las preguntas que nos hacemos cuando pensamos en una reforma laboral.

Por otro lado, parte de esta realidad es también consecuencia de lo que hemos hecho los peronistas; es cierto, con un poder mediático y judicial muy fuerte, actuando como adversario político. Debemos dejar de ser el Partido Peronista de los militantes para transformarnos en el Movimiento Peronista del Pueblo Trabajador. 

Allí emerge la figura de Axel Kicillof, que debe gestionar todos los días para los bonaerenses y, al mismo tiempo, tolerar que hablen de corrupción o ineficiencia del Estado quienes a la vista de todos se roban la plata de los jubilados, de las personas con discapacidad y de los hospitales. Mienten e intentan encubrir bajo el concepto de “eficiencia” una reforma laboral que pretende volver a un pasado donde el trabajador era explotado y reprimido si se le ocurría protestar.

Pero acá estamos los Peronistas para revertir esa situación a fuerza de trabajo, de unidad, de debate y, fundamentalmente, a fuerza de una visión del mundo renovada donde no tiremos todo por la borda simplemente porque nos lo dice a los gritos el Presidente, en medio de insultos y descalificaciones; sino que avancemos defendiendo los derechos adquiridos, con educación, trabajo y producción. 

4.Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires se habla de “otro camino”. ¿Qué alternativas concretas se están explorando e implementando como contrapunto a esta reforma? 

Alternativas concretas son muchas y muy variadas. Y es importante entender que esta ingeniería económica que encabeza el gobernador Kicillof en la Provincia está destinada a amortiguar los efectos de las medidas que arbitrariamente impone el Gobierno “Nacional”. Cuando Milei restringe el dinero que debe girar a las Provincias, no entiende —o mejor dicho, sí entiende y decide avanzar de todas formas— que el impacto lo sufre más que nadie el pueblo trabajador y los vecinos de los 135 municipios provinciales.

Por otro lado, en lo que respecta a la gestión, cada Ministerio está impulsando proyectos destinados a fortalecer la economía de los hogares y a proteger los derechos ya adquiridos por los trabajadores.

En este sentido, a comienzos de año, en la apertura de la Asamblea Legislativa el Gobernador presentó un proyecto que impulsamos desde el Ministerio de Trabajo: el ICLOP. Una instancia de Conciliación Laboral Obligatoria Prejudicial para dirimir reclamos laborales individuales y pluriindividuales antes de que se inicie la demanda judicial. De esta manera se evitan los juicios y se da intervención a mediadores tanto del Ministerio de Trabajo como del Ministerio de Justicia para llegar a un acuerdo.

Con esta iniciativa, disminuyen sustancialmente los juicios, se agilizan los acuerdos y se termina ese cuello de botella que hoy se encuentra en la justicia laboral que no hace más que perjudicar al trabajador, que ante un fallo favorable cobra un monto mínimo, diez o quince años después de la sentencia. Es fácil hablar de la industria del juicio y en función de eso extirpar derechos laborales elementales. De esta manera, atendemos la problemática con una solución constructiva que no afecta al trabajador.

Al mismo tiempo, atentos a este cambio de paradigma que se está dando en el mundo del trabajo, estamos impulsando un proyecto vinculado al trabajo de plataformas que se elaboró a partir de las recomendaciones de la OIT y ya fue presentado con gran aceptación. Esta nueva modalidad de trabajo debe ser regulada y requiere de una inmediata intervención del Estado para regular y proteger la actividad, en pos de garantizar las condiciones de salud, seguridad y registración laboral de las trabajadoras y los trabajadores.

Se viene hablando de la problemática que se genera en torno a esta modalidad de trabajo, pero se mira para otro lado para no afectar intereses empresariales. Sin embargo, la Provincia de Buenos Aires es la primera en avanzar en un proyecto concreto, real y realizable en lo inmediato. Un proyecto que impulsa medidas de carácter no punitivo y propone un acercamiento real a los trabajadores y trabajadoras para garantizar una adecuada registración laboral.

Paralelamente, trabajamos desde el Ministerio de Trabajo con 366 Centros de Formación Laboral activos, donde se forman trabajadoras y trabajadores en torno a las necesidades industriales de cada región del país. El año pasado, egresaron de los Centros 82.000 trabajadores y trabajadoras y este año la cifra será mayor.

5.¿Es necesaria una reforma laboral en la Argentina y, si lo es, qué lineamientos debería tener una reforma orientada a ampliar derechos, incorporar nuevos sectores como el trabajo en plataformas y fortalecer un modelo de desarrollo con inclusión?

Estamos en un momento en el que se ha perdido el horizonte, se ha desestimado el factor humano y se repite una consigna común, fomentada por el establishment: “hay que terminar con 80 años de peronismo”. Una gran falacia que propone volver a épocas preperonistas, cuando no existían las vacaciones, el aguinaldo, el derecho a huelga, las paritarias ni las obras sociales, entre muchas otras conquistas históricas.

Por eso, claro que hace falta una reforma laboral, pero una reforma verdaderamente moderna. En el mundo, la jornada laboral tiende a reducirse, bajo la premisa de que se puede producir lo mismo en menos horas si los trabajadores cuentan con tiempo para la vida familiar, para desarrollar otras habilidades o perfeccionarse en su oficio. Está comprobado que la reducción de la jornada mejora la productividad, protege la salud y eleva la calidad de vida. Sin embargo, en la Argentina el debate se orienta en sentido contrario: hacia el aumento de una jornada que ya es de 48 horas semanales, una de las más exigentes del mundo.

La gran apuesta de una reforma laboral debería ser la incorporación de las y los trabajadores a la economía formal. Es necesario blanquear la economía, terminar con la timba financiera y volver a un modelo productivo centrado en la producción nacional, que fortalezca nuestra soberanía y defienda los recursos naturales.

Al mismo tiempo, este proceso debe impulsarse en función de las nuevas demandas sociales y de las transformaciones tecnológicas. La inteligencia artificial y la robótica deben pensarse como herramientas para la producción y la sustitución de importaciones. Hoy vemos que la variable central ya no es solo la obtención de ingresos, sino también el tiempo libre y el tiempo útil; eso también debe ser atendido. Puede parecer utópico, pero es una realidad. No se puede pensar una reforma laboral que deje afuera a los trabajadores y beneficie de manera arcaica a los empresarios, que siempre estarán dispuestos a ganar más.

Hay muchos puntos para debatir sobre esta reforma, y esa es la cuestión: una verdadera reforma laboral, social y política es aquella que se anima al debate abierto y a la construcción de consensos, con toda la sociedad política y la sociedad civil sentadas alrededor de la misma mesa. No se impone a puertas cerradas ni se decide entre pocos, como pretende este gobierno.