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Las cifras oficiales y las series estadísticas no son meros registros contables; son la radiografía más fiel de las prioridades que guían a las políticas públicas. Una medida sostenida, sistematizada y promovida en el tiempo deja de ser coyuntural para transformarse en la columna vertebral de una gestión de gobierno.


Bajo el influjo del habitual consignismo político, suele repetirse que las y los trabajadores municipales constituyen el engranaje esencial del Estado más próximo a la ciudadanía. Sin embargo, el contraste entre el discurso y la ejecución presupuestaria revela fracturas profundas.


El modelo de Moreno: Ajuste salarial, crecimiento burocrático y pérdida histórica


En el municipio de Moreno, la administración que conduce Mariel Fernández ha impreso un rumbo caracterizado por un ajuste fiscal sobre la familia municipal. Si se analiza la serie que abarca desde 2020 hasta este 2026, el salario acumula una pérdida consecutiva frente a la inflación a lo largo de siete años (computando el corriente). Como saldo de este proceso, un trabajador /a municipal de Moreno perdió por lo menos la mitad del poder adquisitivo del que ostentaba en 2020.


Este deterioro salarial no operó en el vacío ni respondió a un achicamiento general del Estado; por el contrario, convivió con una expansión sostenida de la planta de personal y una ampliación del organigrama jerárquico. La fórmula política implementada en Moreno resulta, por lo tanto, inocultable: aplastamiento sistemático del ingreso real combinado con un incremento de la fuerza de empleo y de las estructuras jerárquicas. En 2019 la planta de personal era de 5.434 trabajadores /as. En 2025 la foto muestra otro árbol: 7.499.

El Gasto en Personal decreció significativamente, lo que en la jerga se llama ajuste. En 2020 representaba un 45% del Gasto total y en 2025 solo significó el 34%.

Observando la planta municipal, en seis años aumentó un 38 por ciento la dotación de recursos humanos.


La contraparte en General Rodríguez: Prioridades invertidas en un mismo signo político


En la vereda opuesta, dentro de la misma sección electoral y bajo la órbita de la misma fuerza política, se ubica el municipio de General Rodríguez. Gobernado por Mauro García, el distrito exhibe una ecuación diametralmente opuesta para exactamente el mismo período de análisis, ubicando a la comuna entre las de mejores salarios de toda la Provincia de Buenos Aires.


A pesar de tratarse de una estructura estatal cuantitativamente más pequeña que la de Moreno, la decisión política se tradujo en números concretos: la «familia municipal», una planta de 1716 trabajadores /as, fue jerarquizada y colocada entre las prioridades centrales de la gestión.


La evolución de los ingresos en General Rodríguez demuestra que la asfixia salarial no es una fatalidad macroeconómica inevitable para los gobiernos locales, sino el resultado de una elección presupuestaria deliberada.



La administración Mauro García proyecta una recomposición de haberes del 32 por ciento para este año, lo que estará por arriba del IPC acumulado 2026.


Si tomamos el período completo 2020 – 2025, al cabo de los 6 años consolidados (2020–2025), la recomposición salarial acumulada superó a la inflación acumulada. El poder adquisitivo GANÓ en el balance global del período frente al proceso inflacionario, revirtiendo los momentos de mayor caída (como el pico inflacionario de 2023) mediante paritarias con recomposiciones por encima del índice general en 2021, 2022 y 2025.



Pero hay otro dato que ratifica la política en materia salarial: sobre el básico se otorga un 22 por ciento en concepto de refrigerio, una suma remunerativa.


Con argumentos, Mauro García puede sostener que la “familia municipal” es la columna vertebral de la gestión. Los /as trabajadores /as pueden decir que, en porcentajes derrotan a la inflación desde el año 2020.


No es un dato técnico, simplemente así es la política.