Los vientos de Villa Domínico buscan ordenar un peronismo que todavía discute quién conduce, cómo se construye el poder y, sobre todo, qué hacer con una interna que lleva demasiado tiempo ocupando el centro de la escena.
El acto del último sábado volvió a mostrar a Axel Kicillof como protagonista de una construcción que el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) pretende ampliar desde los territorios. Desde Moreno, Martín Arrizabalaga, dirigente del espacio, leyó el encuentro como una señal política: construir una alternativa con participación de las bases, discutir una nueva forma de conducción y dejar atrás lo que define como las formas de hacer política de los últimos 20 años.
“Estamos enfocados en una construcción. Somos conscientes de lo necesario y de lo urgente de acercar una esperanza a nuestro pueblo, pero también de lo complejo del camino”, sostuvo Arrizabalaga en diálogo con Desalambrar.
Sin nostalgia, sin odio. ¿Y hacia dónde?
Kicillof eligió dos palabras que rápidamente atravesaron el análisis político: “sin nostalgia” y “sin odio”.
Para Arrizabalaga, no se trata de negar el pasado, sino de evitar que la reivindicación de lo que fue impida discutir lo que viene.
“La sociedad pretende algo más que la reivindicación de un pasado que todos reivindicamos. Necesitamos poner la pelota adelante y decir: vamos a hacer esto, vamos a mejorar las condiciones, vamos a hacer lo que no llegamos a hacer y vamos a corregir lo que destruye este gobierno. Necesitamos hablar de futuro”, afirmó.
La definición tiene destinatarios múltiples. Hacia afuera, una sociedad que demanda respuestas. Hacia adentro, un peronismo atravesado por una discusión de conducción que todavía no encuentra resolución.
“Las formas de construir política de los últimos 20 años están caducadas”
Arrizabalaga ubica allí otro de los puntos centrales del planteo de Kicillof: la necesidad de modificar las formas de construcción política.
Según su lectura, hubo una primera etapa desde la recuperación democrática hasta 2001 y, posteriormente, otra dinámica marcada por las conducciones de Néstor y Cristina Kirchner.
“En este tiempo necesitamos una forma de articulación, de administrar el poder y de relacionar la política distinta”, planteó.
La pregunta siguiente es inevitable: ¿cómo se construye esa nueva conducción?
La respuesta del dirigente del MDF aparece en una fórmula que Kicillof viene repitiendo: de abajo hacia arriba.
El territorio no es una bajada
Para Arrizabalaga, hablar de territorialidad no significa simplemente llevar una estructura política al barrio.
“Nosotros entendemos que se construye en el barrio, que hay compañeros que están insertos en los barrios y no que hacen bajadas de orga al barrio”, explicó. “Hay compañeros que viven, que articulan con sus vecinos, que escuchan a sus vecinos, que acompañan a sus vecinos, que son parte del barrio, que tienen los problemas que tiene el barrio”, agregó.
Ahí, sostiene, aparece el verdadero valor de la construcción desde abajo: conocer qué pasa, qué falta, pero también qué espera la sociedad.
“Tenés el termómetro puesto de qué es lo que está pasando por la cabeza de nuestros vecinos. No solo cuáles son las necesidades, sino cuáles son las aspiraciones, qué están mirando, de qué manera imaginan ir pudiendo desarrollarse”.
El plenario de Villa Domínico, desde esa perspectiva, no sería solamente una foto política. Es parte del mecanismo que el MDF busca instalar para discutir hacia dónde va el espacio.
PASO: la herramienta para dirimir lo que todavía no se puede ordenar
Y ahí aparece otro punto sensible: las PASO.
Con una interna que sigue abierta y distintas pretensiones de conducción, Arrizabalaga defiende las primarias como mecanismo para ordenar la disputa.
“Creo que es la herramienta necesaria en todos los niveles: nacional, provincial y local”, sostuvo.
Para el dirigente del MDF, las PASO permiten transformar la disputa interna en participación electoral.
“Creo que es sano la existencia del mecanismo de las PASO y creo que hay que sostenerla. Hay un compromiso de todos los sectores que forman parte del movimiento de sostenerla”.
El planteo tiene una consecuencia política concreta: si la nueva construcción pretende diferenciarse de las formas de conducción de los últimos 20 años, deberá demostrar también cómo procesa sus propias diferencias.
Villa Domínico dejó una foto. Kicillof habló de futuro, el MDF habló de bases y Arrizabalaga puso las PASO sobre la mesa.
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