Leopoldo Plantié, presidente de la Comisión de Asociados y Asociadas del Banco Credicoop Moreno, reflexionó sobre la asistencia solidaria a organizaciones territoriales, el rol del cooperativismo y la disputa política y cultural que atraviesa al país. Para el dirigente, la llamada “batalla cultural” fue apropiada por sectores concentrados y debe ser recuperada desde una perspectiva basada en la solidaridad, la soberanía y la organización comunitaria.
“La batalla cultural es nuestra. La tomaron y la están usando. Hay que arrancar de vuelta de ahí”, expresó Plantié al analizar el escenario político y económico actual.
Para el dirigente del Banco Credicoop, el concepto no puede reducirse a una disputa de ideas mientras se profundizan la pobreza y la concentración económica. “Si esta batalla cultural deja tanta gente afuera del sistema, deja tanta pobreza y deja al mundo en manos de 15 multimillonarios que manejan las redes, las comunicaciones y las máquinas de guerra, no es una batalla cultural: es una concentración oligopólica corporativa”, afirmó.
“Si nosotros hacemos que las ideas cooperativas y las ideas de la solidaridad pasen por la sociedad y se penetren adentro de las cabecitas, podemos generar una forma de revolución pacífica para cambiar la realidad”, sostuvo.
En ese camino, reivindicó la conversación y la discusión política cotidiana como herramientas fundamentales. “Hay que hablar lo más posible con toda la gente que conocemos, con todos los amigos, aunque piensen diferente, dar la batalla, la discusión”, afirmó.
El lugar del Credicoop
Marcó los límites y, al mismo tiempo, el sentido político del rol institucional del Banco Credicoop. Aclaró que la entidad, por su carácter cooperativo, no plantea una adhesión partidaria determinada.
“Nosotros como banco no proponemos una idea política porque somos una cooperativa. Acá puede venir cualquiera con cualquier pensamiento”, explicó.
Pero esa apertura no significa neutralidad respecto de determinados valores. “Sí queremos que tengamos una sociedad mucho más justa, igualitaria y solidaria. Entonces, en ese punto, es una posición política la que tenemos”, afirmó.
Para Plantié, ese compromiso forma parte de la identidad histórica de la institución y se expresa en su vínculo con las organizaciones y comunidades.
“El banco tiene su trabajo institucional que mantiene nuestro espíritu”, sostuvo. Y resumió esa identidad con una metáfora: “La torta es la torta, pero el decorado que está arriba, que somos nosotros, somos los que le damos el sentido”.
El costo de abrir la economía sin límites
Plantié cuestionó las políticas de apertura indiscriminada de las importaciones y planteó que una mercancía barata no necesariamente implica mayor bienestar social.
“Si yo traigo una campera china a 8.000 pesos y no tengo gente para comprarla porque no tiene 8.000 pesos, porque tiene que comprarse la comida, ¿para qué traje camperas a 8.000 pesos?”, preguntó.
Según su razonamiento, la destrucción del empleo y de la industria nacional termina afectando también al consumo. “Destruí la economía nacional, destruí la industria, pero también dejé sin plata a la gente porque no tiene trabajo”, sostuvo.
El proceso termina conformando un círculo de deterioro: menor actividad, menor recaudación estatal, reducción de políticas públicas y pérdida de capacidad de consumo de amplios sectores de la población.




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