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Por Pavla Ochoa /


Moreno tiene historias que se van resignificando al paso del tiempo. Una de ellas es la visita de Walt Disney a Cascallares, hace 85 años atrás. 


Por un largo tiempo, se rescató esa jornada del 13 de septiembre de 1941 como un acontecimiento artístico y cultural por parte del creador de Mickey Mouse. Primaba la idea que el norteamericano admiraba y reconocía internacionalmente al pintor argentino Florencio  Molina Campos por sus dibujos  en los almanaques de » Alpargatas», y no poniendo el acento a los objetivos «diplomáticos y políticos», que fueron los que impulsaron ese viaje a Latinoamérica a pedido de la Casa Blanca.


Me enteré de esa visita de Disney a Moreno cuando era  pibx e iba a la escuela primaria y un día de 1986 nos llevaron al Museo Florencio Molina Campos ubicado en el cruce de las calles Güemes y Victorica. Cuando llegamos al lugar todo era sorpresa para quienes proveniamos de barrios populares. Lxs pibxs de «La 13» del barrio San José, vivimos una experiencia única, algo que objetivamente estaba fuera de nuestras posibilidades materiales.  Ahí estábamos, cerca de los cuadros originales sintiendo los trazos, la respiración del autor.  El toque de solemnidad lo dio lx guía del museo que nos brindó detalles de cada obra.


Al llegar a un rincón de la sala, donde había fotografías en blanco y negro, nos reveló algo que nos revolucionó para siempre. Sin aviso alguno comenzó a contar que en  1941, el creador de las películas «Fantasía», «Blancanieves» y «Pinocho», entre otras obras de animación, estuvo en el barrio Cascallares en el rancho de Molina Campos «Los Estribos».


No puedo olvidar lo que me sucedió  internamente en ese momento, mí imaginación no paraba de crear universos paralelos. No salíamos del asombro por la noticia, era entender y comprender que el autor de Mickey Mouse y el Pato Donald había estado cerca de nuestras casas. 


En los detalles de esa jornada, lx guía nos dijo que «Walt arribó a Moreno junto a su esposa y su equipo creativo para conocer al pintor, pero que no sucedió el encuentro porque Florencio estaba justamente en Estados Unidos realizando una serie de dibujos publicitarios para la revista Liberty. Fueron recibidxs por su compañerx de vida María Elvira Ponce. En esas fotos de época, todxs pudimos ver que hubo asado, guitarreada y danzas folclóricas. 



Todo lo referido a ese encuentro quedó en mí mente hasta estos días. Por un tiempo lo destaqué como un hecho pintoresco y de relevancia para el lugar del que nací y crecí .Pero, con el paso de los años, más la suma de análisis político adquirido por tener amigxs y colegas como Jorge Lascalea, el mismo que junto al carpintero Suchi hicieron ese rancho que Disney visitó, más la lectura de libros e información internacional, comencé a pensar la realidad que me rodea con más complejidad y profundizar otro aspecto a la hora de contar esa visita internacional, su contenido político al servicio del imperio norteamericano.




La verdad es que pude quedarme con la imagen mediática y vacía de contenido que es contar todo como «El día que Walt Disney comió asado, cantó al ritmo de canciones folclóricas y bailó sambas y chacareras, en Moreno». Y no estaría faltando a lo sucedido. Pero, esa zona de confort, impide ver el panorama completo. 


Hacernos una simple pregunta puede ayudarnos a desatar el nudo histórico:


La visita de Disney a Moreno el 13 de  septiembre de 1941, ¿solo sucedió porque quería conocer al pintor Florencio Molina Campos y su forma de expresarse a través del dibujo?


Es cierto que él admiraba esa vida gaucha expresada en sus cuadros, y que lo respetaba como colega. Pero la visita a Argentina no se debió exclusivamente impulsada por el arte creativo.




A partir del libro «Para Leer al Pato Donald», de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, publicado en 1971, sabemos desde el profundo análisis semiótico que el «trabajo de Disney no es  inocente». Sus personajes e historias difundían una ideología acorde con los valores del capitalismo y una visión del mundo funcional al imperialismo estadounidense. Y la visita a Moreno, que era parte de su viaje a Latinoamérica, no fue «inocente».


Él, viajó a estos pagos, a pedido del gobierno de Franklin D. Roosevelt, en una misión diplomática llamada «Política del Buen Vecino».  La tarea que tenía Disney estaba dirigida a los países que estaban siendo influenciados por los regímenes nazi y fascista de Alemania e Italia. La política de «Buena Vecindad», lo tuvo como embajador y al servicio de la Casa Blanca. 



Continuará…