La vicerrectora de la Universidad Nacional de Moreno, la Dra. Patricia Rosemberg, habló con Desalambrar al inicio de la quinta marcha en defensa de la educación pública y reclamó la aplicación efectiva de la Ley de Financiamiento Universitario. Advirtió que la falta de recursos compromete salarios, becas, investigaciones, nuevas carreras y el acceso a la universidad. «La universidad está en riesgo absoluto», afirmó.
«Marchamos ni más ni menos para que se cumpla una ley votada democráticamente, sancionada democráticamente y que el Gobierno todos los días incumple». Patricia Rosemberg, vicerrectora de la Universidad Nacional de Moreno (UNM), sintetizó así el motivo de la quinta marcha universitaria, que volvió a poner en la calle el reclamo por el financiamiento del sistema público de educación superior.
En diálogo con Desalambrar, Rosemberg definió como histórico el escenario institucional: una ley aprobada por el Congreso, vetada por el Poder Ejecutivo y posteriormente ratificada por el Parlamento, cuyo cumplimiento continúa en disputa judicial. También señaló como un hecho excepcional que la Justicia deba avanzar con medidas para exigir su aplicación, incluida la sanción económica dispuesta en el marco del expediente contra el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
Para la vicerrectora, el conflicto no puede reducirse a una discusión presupuestaria. «No es que la ley se cumple parcialmente, lo único que hace el Gobierno es dilatar el cumplimiento», sostuvo. Y advirtió que esa demora tiene consecuencias concretas en la vida universitaria: menos comisiones, menos carreras, menos investigación, menos extensión y mayores dificultades para que los estudiantes puedan sostener sus estudios.
Una ley incumplida, consecuencias concretas
Rosemberg cuestionó que el Gobierno nacional presente la discusión como un problema de recursos fiscales cuando, según afirmó, la medida judicial exige obligaciones que todavía están lejos de cumplirse plenamente.
La vicerrectora también cuestionó el discurso oficial sobre el trabajo y las expectativas de los jóvenes. Como ejemplo, mencionó una investigación de la UNM que indaga en las aspiraciones laborales de jóvenes del distrito, tanto de quienes concurren a la universidad como de quienes no lo hacen.
Según explicó, los resultados muestran que el deseo de acceder a un trabajo registrado sigue presente entre esas juventudes. «El deseo es tener un trabajo en blanco», remarcó, en contraposición con los discursos que relativizan las diferencias entre el empleo formal y el informal.
La situación económica también atraviesa a la comunidad universitaria. Rosemberg contó que la institución mantiene reuniones mensuales con el Banco Nación para conocer la situación de trabajadores que no llegan a fin de mes y enfrentan una cadena de endeudamiento. El deterioro de los ingresos, sostuvo, no es una abstracción estadística: impacta en quienes enseñan, investigan, trabajan y estudian.
La UNM, entre el crecimiento y el riesgo de no poder sostenerse
La entrevista se produjo en un momento significativo para la Universidad Nacional de Moreno, que acababa de celebrar sus 16 años. Rosemberg reivindicó el papel de las universidades del Bicentenario y su contribución a ampliar el acceso a la educación superior en el conurbano bonaerense.
La creación de estas instituciones respondió, entre otros objetivos, a una desigualdad persistente: sectores de la población tenían menos posibilidades de llegar a la universidad, no por falta de capacidades, sino por barreras económicas, sociales y territoriales.
«Que existamos las universidades en el conurbano tiene que ver con mejorar el acceso a la educación. Pero con mejorar el acceso a una educación de altísima calidad», explicó.
En ese sentido, destacó que la tarea universitaria no se limita a la formación de profesionales. También comprende investigaciones, proyectos de extensión y actividades que repercuten sobre la vida de las comunidades. Mencionó, entre otros ejemplos, los estudios sobre la calidad del agua del río Reconquista y del dique Roggero, además de las investigaciones vinculadas con el acceso al trabajo.
Sin embargo, advirtió que la continuidad de las actuales políticas de financiamiento compromete el desarrollo de la institución. La preocupación alcanza tanto a los salarios docentes y no docentes como a la posibilidad de sostener carreras nuevas, entre ellas las vinculadas con Diseño y Abogacía, y el funcionamiento de la escuela secundaria universitaria.
«Por supuesto que la universidad está en riesgo. Si no hay financiamiento real, la universidad está en riesgo», afirmó.
El problema, explicó, no se limita a una eventual interrupción de las actividades. También se manifiesta cuando no pueden abrirse todas las comisiones necesarias, cuando los estudiantes encuentran dificultades para completar la secundaria o cuando la falta de recursos restringe las posibilidades de ingreso y permanencia.
La UNM recibe estudiantes de Moreno y de otros distritos de la región, como Merlo, Morón, Ituzaingó y General Rodríguez. Por eso, Rosemberg insistió en que el desfinanciamiento afecta a una comunidad que excede los límites del partido.
«Festejamos porque estamos vivos»
La celebración de los 16 años de la UNM estuvo atravesada por esa contradicción: una institución que crece, sostiene sus actividades y amplía su presencia territorial, pero que enfrenta incertidumbre sobre los recursos necesarios para continuar haciéndolo.
«Ayer festejábamos porque marchamos, festejamos porque estamos vivos», expresó Rosemberg. La frase sintetiza una posición que combina la defensa de lo construido con la advertencia sobre los riesgos que enfrenta el sistema universitario.
Para la vicerrectora, la movilización social es una herramienta que produce efectos y permite mantener abierto el reclamo. «Cada vez que salimos a la calle a marchar pasaron cosas diferentes», sostuvo, al convocar a acompañar la movilización, participar desde las redes y sostener el debate público sobre el derecho a la educación.
También vinculó esa defensa con otras discusiones nacionales, como la soberanía y la causa Malvinas. En ese marco, destacó la participación de la comunidad en actividades organizadas por la Universidad y la necesidad de mantener espacios de encuentro, formación y memoria.
La marcha, concluyó, no suspende la tarea universitaria: la reafirma. «Hoy es en la calle; mañana volvemos acá, estamos enseñando, estamos dando clases, estamos investigando, estamos haciendo actividades de extensión».




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