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A cuadras de la Estación  de Moreno, se puede ver en estos días del 2026,  la estructura de una rampa para dos vagones de tren que construyó la empresa de Trenes de Buenos Aires Sociedad Anónima (TBA). Todos los días muchxs vecinxs cruzan las vías y la observan desconociendo los motivos que generaron su existencia que, actualmente, es de un estado absoluto de abandono.


En ese lugar por más de siete años estacionó cada mediodía y tarde «El Tren Cartonero» o como muchxs lo llamaron despectivamente «El Tren Blanco». La serpiente de metal llevaba a muchxs morenenses a la Ciudad Autónoma con sus carros a cartonear y reciclar.  Una respuesta que encontró el pueblo en ese momento de crisis para poder parar la olla en sus hogares. En 2001 la continuidad del Plan de Convertibilidad del gobierno de Fernando De La Rúa, estaba llegando a su punto más extremo. La desocupación crecía día a día y la fantasía del 1 a 1 se disolvía como ácido en las manos. Ante el inevitable hundimiento de las políticas económicas liberales, el presidente de la ALIANZA buscó la salvación con Domingo Felipe Cavallo como Ministro de Economía de su gestión, él cual determinó una medida que impactó a la clase media del país: «El Corralito». Mientras, la clase obrera ocupada y desocupada resistía.


En esos días, comenzó a suceder un fenómeno social que se veía en cada estación de trenes del conurbano bonaerense y en los vagones furgón: lxs cartonerxs. 




Ante el capitalismo salvaje, nunca humano, que golpeaba directamente a los cuerpos de la pobreza, lxs trabajadorxs desocupadxs, comenzaron a salir a las calles con sus carros a reciclar lo que se encontrara en las calles porteñas y sirviera para obtener unas monedas y resistir a las políticas neoliberales que aplicaba el gobierno nacional.  


Luego, vinieron las jornadas del 19 y 20 de diciembre, donde la represión estatal generó 39 personas muertos en todo el país. Era la explosión política, económica y social, donde el pueblo gritó bien fuerte y exigió :«¡Que se vayan todxs, que no quede ni unx solx!». Lamentablemente no se fue nadie. 


Ante esa crisis, el pueblo se organizó en asambleas populares, con «trueque» y todo lo que era necesario para enfrentar al hambre.  




En esos días podía verse llegar al centro de Moreno con sus carros a quienes se paraban de mano al sistema y buscaban directamente respuestas a sus necesidades. Al principio subían con sus carros en el andén de la vieja estación de trenes para viajar en los dos vagones furgón de las formaciones que iban a la estación de Once. Pero ante la queja de algunxs usuarixs del servicio ferroviario y la propia empresa que les molestaba lxs cartoneros, fueron trasladados a unas cuadras del lugar. El argumento oficial fue el de generar un espacio más ordenado para todxs y no entorpecer a lxs pasajerxs, la versión popular manejada por las propixs recicladorxs era cruda y sin metáforas: «todo era para ocultarlxs y que nadie lxs vea». 


Eran más de 400 recolectores que viajaban con más de 180 carros a Capital Federal. Para ellxs, la empresa TBA montó una rampa que servía de andén a dos cuadras de la estación, en la Avenida Francisco  Piovano y Bernardino Rivadavia. Ahí llegaban en dos horarios específicos, al mediodía y a la tarde, dos vagones viejos, sin vidrios, ni asientos, ni luz, es decir sin nada, donde se podía subir con los carros con destino a la ciudad de la furia. 




Aún recuerdo las voces y rostros de quienes esperaban en la calle Rivadavia al esqueleto metálico oxidado de dos vagones. Cada vez que les hacía entrevistas para el programa de radio «Recorte Informativo» y para el diario «ParaUd!.. , ellxs contaban cómo era pelearle todos los días al hambre y a la estigmatización social que encontraban cada vez que iban a reciclar. Ahí pude ver que, sin romanticismo de la pobreza, llevaban adelante la solidaridad de clase con ellxs mismxs, convidando algo para comer entre las familias numerosas que emprendían el viaje o prestando alguna moneda para el pasaje para quien no lo tenía.


En julio de 2007, TBA retiró las formaciones de circulación. El argumento empresarial está vez fue que necesitaban material rodante por el Plan de Reconversión impulsado por el Gobierno Nacional que los obligaba a sumar más formaciones.  «No hay más material rodante , ni siquiera en desuso. Por eso decidimos suspender el servicio del «tren de lxs cartonerxs» para que esos coches entren a la fábrica para ser remodelados. Además eran vagones muy peligrosos en inseguros para quienes viajaban , debido a que llevaban material altamente inflamable. El tren cartonero es una bomba de tiempo; aseguró Gustavo Gago, Vocero de Trenes de Buenos Aires. 


Por un corto tiempo, TBA puso a disposición fletes que llevaban a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires los carros , mientras que lxs cartonerxs viajaban en tren y al llegar a Once los retiraban. Esta iniciativa no duró mucho tiempo. Las personas que iban a reciclar tuvieron que encontrar otras formas, muchas veces bajando la carga a transportar para poder usar el servicio formal de trenes.

 

Pasaron 19 años del último viaje del «Tren Cartonero». Dos vagones deteriorados que llevaban todos los días a quienes se negaban ser exterminadxs por el «Capitalismo «. Fueron expresión pura de como la clase trabajadora ocupada y desocupada, se organiza ante la avanzada de políticas neoliberales. El Tren Cartonero, como la cartelera del buzón rojo en la Avenida Libertador, entre otras iniciativas barriales, fueron respuestas surgidas de la necesidad ante la ausencias de políticas públicas que abordarán el alto porcentaje de desocupación de esos años. 




La mayoría de personas que cruzan todos los días las vías alrededor de esa vieja rampa, que con el paso del tiempo se la denominó «Plataforma de Maniobras Ferroviarias», desconoce su origen y la historia de ese tren que transportaba los cuerpos de la pobreza a reciclar a Capital Federal. Una respuesta del pueblo para el pueblo, que marca una huella colectiva que es puente entre el pasado y el presente.