Darío Kubar puso en relación dos resultados electorales que reordenan el escenario político internacional: el triunfo de Lula en Brasil y la derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término de Estados Unidos. Para el dirigente, es prematuro medir el impacto económico que tendrá el resultado estadounidense sobre la Argentina, aunque consideró que el alineamiento estratégico entre ambos países no depende exclusivamente de quién ocupe la Casa Blanca.
«El presidente argentino ha tomado una postura de alineamiento con los Estados Unidos, más allá de ese alineamiento con la figura del presidente Trump. Creo que en ese camino va a seguir estando, más allá de quiénes conduzcan después los destinos del gobierno de los Estados Unidos», sostuvo.
Kubar planteó que la política exterior estadounidense responde a intereses nacionales que atraviesan las diferencias entre republicanos y demócratas. En ese sentido, llamó a la dirigencia argentina a tomar nota de esa continuidad: «Algo que ellos siempre han puesto y que los argentinos tenemos que aprender mucho es poner por encima los intereses nacionales, aún por encima de los intereses personales, pero también de los intereses partidarios».
En su lectura, la disputa geopolítica no se limita a Trump. China y Rusia también intervienen en un escenario global donde las potencias proyectan su influencia económica y territorial a largo plazo. «Estados Unidos es una potencia económica que no proyecta de acá a los próximos años, sino que, para proyectar una hegemonía y encima en disputa con China principalmente, está pensando en 40, 50 y hasta 100 años de posicionamiento», afirmó.
Desde esa perspectiva, Argentina conserva una ubicación estratégica para Washington que no debería modificarse con el cambio de administración. «La Argentina tiene un rol importante que no va a desaparecer con la figura de Trump», aseguró.
Lula, el populismo y el costo de las medidas electorales
Al analizar el resultado brasileño, Kubar se apartó de la interpretación que pone el acento exclusivamente en la comunicación política y la reacción popular frente a las derechas. Reconoció que las medidas adoptadas por Lula antes del balotaje pudieron incidir en el resultado, pero las encuadró en lo que definió como una estrategia populista.
«También los populismos siguen funcionando y siguen trabajando, y eso sigue dando resultados electorales. Pero también hay que ver cómo se sostiene», señaló. En esa línea, mencionó las medidas sobre la jornada laboral y las deudas, y advirtió que el gasto público puede tener como consecuencia aumentos impositivos. «Para sostener todo eso se está hablando de aumento del IVA y aumento de impuestos», afirmó.
También atribuyó parte de la derrota de la derecha brasileña a errores propios de campaña. Entre ellos, cuestionó las burlas dirigidas a Lula por la pérdida de un dedo durante su vida como trabajador metalúrgico. Para Kubar, ese episodio pudo generar identificación en el electorado trabajador con el dirigente que sufrió aquella lesión mientras trabajaba.
En cuanto a Estados Unidos, consideró que la derrota de Trump era un escenario previsto por los analistas, aunque reconoció que su magnitud fue mayor a la esperada. De todos modos, interpretó que el mapa electoral continúa expresando la polarización histórica entre republicanos y demócratas.
El 2027 ya empezó
Sobre el impacto de estos resultados en la política argentina, Kubar reconoció que el calendario electoral comienza a ordenar los movimientos de los distintos espacios. Sin embargo, pidió no trasladar mecánicamente las experiencias de otros países al escenario local.
«Cada país y cada región también tiene su particularidad. Dentro de nuestro propio país también hay particularidades de la región, dentro de nuestra provincia hay comportamientos diferentes en el Conurbano y en el interior», explicó.
Para el líder de Compromiso por General Rodríguez, la construcción electoral requiere atender las diferencias territoriales y las características de cada electorado. «La ingeniería electoral es compleja, la captación de las voluntades de los votantes también es compleja», concluyó.
Kubar dejó planteado así un doble argumento: la continuidad de los intereses geopolíticos estadounidenses, más allá de Trump, y la necesidad de leer cada elección desde sus propias condiciones políticas, económicas y territoriales. Mientras tanto, con las reglas de juego todavía sin definir, la disputa por 2027 ya comenzó.




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