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Desde la Mesa de la Economía Social y Popular (MESyP), Juan Carlos Sanchetta prepara el lanzamiento de un comedor social financiado por empresas locales. La propuesta contempla garantizar las cuatro comidas diarias a personas en situación de vulnerabilidad, pero incorpora una condición central: capacitación laboral y vinculación con firmas que necesitan trabajadores. El dirigente cuestiona las políticas asistenciales, apunta contra el Movimiento Evita y sostiene que Moreno necesita un cambio de rumbo.


“Una bolsita de mercadería no es justicia social, no es movilidad social ascendente”, afirma en diálogo con Desalambrar. Para Sanchetta, el Estado no puede seguir tercerizando la ayuda social ni limitar su intervención a la distribución de alimentos. El objetivo, sostiene, debe ser generar puestos de trabajo y recuperar una cultura laboral que permita modificar las condiciones materiales de vida.


La iniciativa surge de conversaciones con empresarios de distintos rubros. Sanchetta cuenta que visitaron 15 firmas y que diez manifestaron un compromiso concreto con la propuesta. Entre ellas hay empresas metalúrgicas y de otras actividades productivas. Los nombres todavía no serán difundidos, según explicó, para evitar que queden expuestas a cuestionamientos.




El esquema contempla diferentes aportes económicos de las empresas para sostener el comedor y financiar la capacitación de quienes concurran. También prevé la posibilidad de generar pasantías y experiencias laborales en esas mismas firmas. La intención es que la asistencia alimentaria funcione como punto de partida para una inserción laboral efectiva.


De la comida a la capacitación y el empleo


Sanchetta toma como referencia la dimensión de la asistencia alimentaria en Moreno. Menciona que existen más de 600 comedores declarados, aunque pone en duda que todos atiendan la cantidad de personas que informan. Si cada uno alimentara a cien personas, calcula, habría alrededor de 60.000 vecinos cubiertos por esa red.


Para dimensionar los costos, compara el valor de las cuatro comidas diarias en un hospital, que estima en unos $12.000 por persona, y plantea que el sistema podría organizarse con costos menores. La propuesta de la MESyP es que las personas reciban una alimentación completa y, al mismo tiempo, asuman el compromiso de capacitarse para trabajar en actividades que tengan demanda en el distrito.


El dirigente considera indispensable realizar primero un relevamiento profundo de Moreno: identificar los bolsones de pobreza, conocer cuánto tiempo llevan instalados, establecer la composición etaria de la población afectada y determinar qué herramientas laborales pueden generar un cambio concreto.


En ese diagnóstico también incorpora la inseguridad. Para Sanchetta, la exclusión social, la falta de oportunidades y la expansión de las economías ilegales no pueden abordarse de manera aislada. “El trabajo es el ordenador social”, resume, y plantea que una política de formación y empleo debe formar parte de una estrategia más amplia de reconstrucción comunitaria.


La crítica al asistencialismo y al Movimiento Evita


La propuesta tiene, además, una definición política. Sanchetta cuestiona el modelo de intervención social que identifica con los gobiernos de Mariel Fernández, Walter Festa y las organizaciones territoriales. Su crítica apunta especialmente al Movimiento Evita, al que acusa de reproducir una relación de dependencia con las personas que necesitan asistencia.


“No queremos ser una copia buena de lo que hace el Evita”, afirma. Y contrapone dos perspectivas: una que reúne a la población necesitada alrededor de la asistencia y otra que busca que esas personas puedan modificar sus condiciones de vida mediante el trabajo.


En ese sentido, utiliza una comparación provocadora: recuerda que Mariel Fernández surgió políticamente de Cuartel V y que hoy tiene una situación económica distinta de la de muchos vecinos de ese territorio. “Los vecinos de Cuartel Quinto, ¿cómo viven?”, pregunta. La referencia funciona como cuestionamiento a los resultados de las políticas sociales y a la distancia entre la trayectoria de quienes llegaron a posiciones de poder y las condiciones de vida de los barrios populares.


Sanchetta también toma distancia de la idea de que la justicia social se resuelve mediante transferencias o bolsones de mercadería. Pero tampoco reivindica la posición de Javier Milei, a quien le atribuye una negación de la justicia social.


“Lo que hizo Alberto no es justicia social. Lo que se sigue haciendo de darle una bolsita de mercadería a la gente no es justicia social. ¿Qué hace Milei? Tampoco es justicia social”, plantea.


Empresas, política y un nuevo proyecto para Moreno


El financiamiento empresario aparece como una pieza central del proyecto. Sanchetta explica que inicialmente la MESyP buscaba recursos para adquirir herramientas y poner en marcha unidades productivas. En las conversaciones con empresarios surgió también la posibilidad de construir una masa de financiamiento destinada a acompañar a las personas que necesitan asistencia alimentaria.


La iniciativa se inscribe en una estrategia que la organización ya había planteado con los almacenes populares y la generación de unidades productivas. Sanchetta recuerda que la MESyP había propuesto la creación de 400.000 puestos de trabajo genuinos en Moreno, pero cuestiona que el peronismo no haya acompañado aquel proceso.


En ese punto aparece una definición política sobre el futuro del distrito. El dirigente sostiene que Moreno necesita un cambio de signo político y anticipa que la organización acompañará las propuestas de Ramón Vera Chávez, a quien identifica como un interlocutor con el que comparte confianza y lealtad en los planteos.


Por ahora, el primer paso es poner en marcha el comedor social, definir los aportes empresarios y realizar el relevamiento territorial. La apuesta de Sanchetta es que la comida no sea el destino final de la política social, sino la puerta de entrada a una capacitación y un empleo.


El desafío será convertir esa idea en una estructura sostenible, con puestos de trabajo concretos y capacidad de alcanzar a quienes hoy dependen de la asistencia. Porque la discusión que propone no es solamente cómo alimentar a quienes tienen hambre, sino qué modelo de inclusión puede romper la reproducción de la pobreza en Moreno.