FATE es una empresa cuyo cuerpo vivo grita desde el techo de la planta. Una resistencia que echa raíces desde el momento mismo en que el propietario decidió bajar la persiana. De un lado, la Justicia escribió el desalojo. Del otro, los trabajadores escriben su propia respuesta: resistir.
La Justicia ordenó el desalojo y la restitución del predio a FATE, en el marco de una causa iniciada por la permanencia de los trabajadores en las instalaciones. El sindicato apeló la resolución y, mientras se espera la respuesta, la tensión permanece frente a la fábrica.
La disputa ya no se reduce a una cuestión judicial. La permanencia de los trabajadores interpela al poder político y pone en escena el destino de una planta industrial, de sus puestos de trabajo y de toda una cadena productiva.
FATE es una empresa argentina dedicada a la fabricación de neumáticos y su planta de San Fernando es la única del país que produce cubiertas para camiones y colectivos. Por eso, la continuidad del conflicto alcanza a los trabajadores directos, sus familias y al conjunto de actividades vinculadas con la producción.
En la puerta de la fábrica, la espera tiene forma de crisis: una orden judicial vigente, cientos de trabajadores en alerta y el temor de que el próximo movimiento sea el avance de las fuerzas de seguridad.
El conflicto lleva siete meses sin una salida, ataca a más de 900 puestos de trabajo.
El desalojo está escrito. La resistencia también.




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