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Desde 2017 está prohibido hablar de género en las escuelas y es común que las iglesias evangélicas den cátedra sobre sexualidad en las aulas.


Cuando Marcelito, estudiante de segundo curso, le dijo a su profesora de Ciencias que él es bisexual, ella le contestó con un Anichéne (“No me digas”, en guaraní). “Seguro que estás confundido nomás y probablemente naciste con una anomalía cromosómica”, le aseguró la docente. Ese día desarrollaron en clases las anomalías genéticas y cómo estas supuestamente son determinantes en las personas LGBTIQ+. 


En el 2019, Renato estaba cursando el segundo año en un colegio religioso y todavía no había transicionado. Estaba saliendo con una chica. En medio de una clase, una profesora le pidió para hablar. Quería saber si era cierto que estaba de novia con alguien de su mismo sexo. Renato se sorprendió, no entendía cómo se relacionaba eso con la clase que estaban dando, pero le dijo que sí. La profesora respondió: “Eso está mal. No es lo correcto. No está bien visto por Dios. A tus papás no les va a gustar, se van a sentir avergonzados”. 


Estas son apenas dos historias de muchas en Paraguay. Niñas, niños y adolescentes son empujados a explorar su orientación sexual o identidad de género en silencio, con el miedo a ser descubiertos o delatados. 


¿Quiénes deciden sobre la sexualidad de niñes y adolescentes?


No existe la Educación Sexual Integral dentro del currículo educativo en las aulas de Paraguay. Desde 2017 no se puede hablar de género en las cátedras. Con el dictamen de la Resolución Nº 29664, conocida como la “resolución Riera”, impulsada por el entonces ministro de Educación Enrique Riera, se prohibió la utilización de materiales que contengan “ideología de género” en los espacios educativos. El fin era proteger a la familia tradicional paraguaya de cualquier doctrina foránea. En otras palabras, “cuidarlas” de los gays, las lesbianas, lxs trans, lxs travestis. 


En 2021 se realizó la presentación del Plan Nacional de la Niñez y Adolescencia 2020-2024, un proyecto destinado a la protección de los derechos de niñxs y adolescentes. Grupos autodenominados “pro vida y pro familia” se opusieron al plan e incluso lograron llevar a audiencia pública a la ministra de la Niñez y Adolescencia Teresa Martínez por promover un documento que contenía supuestamente “ideología de género” y buscaba corromper a les chiques. 


En lo que va del año, la fiscalía recepcionó 885 denuncias de abuso sexual infantil. El 80% de los hechos se da en el entorno familiar. En 2021 registraron 2.947 casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes. Aproximadamente 8 casos por día. Según el informe #SonNiñasNoMadres de Amnistía Internacional en promedio cada año, dos niñas entre 10 y 14 años dan a luz. 


Educación sesgada y religiosa


En el mes de mayo de este año, con la compra de uno de los diarios más importantes del país se podía adquirir la primera entrega del material “¿Se puede educar el corazón? Propuestas de educación afectivo – sexual para la comunidad educativa”, de la autora ecuatoriana María Judith Turriaga. La guía es recomendada por la Conferencia Episcopal Paraguaya y su uso está dirigido a docentes, padres y madres.


La educación sexual integral que se desarrolla en los colegios de Asunción y el interior del país se da en materias como Ética, Psicología, Orientación y/o Ciencias, desde una perspectiva pseudocientífica y religiosa. En muchos casos, para desligarse de esa responsabilidad, la institución invita a otras organizaciones o grupos para que vayan a hablar al respecto. 


Fue el caso de la organización evangélica Decisiones, que durante 6 años utilizó fondos públicos para impartir charlas con información falsa sobre métodos anticonceptivos, infecciones de transmisión sexual y el “origen” de la homosexualidad. Gracias a las denuncias del grupo Somos Pytyvohara y a una investigación del medio El Surti, Decisiones fue presionada a renunciar al dinero del Estado y terminar con su actividad.