La representación sindical de los trabajadores municipales de Moreno atraviesa un escenario que merece atención. La fragmentación gremial y el retroceso en la cantidad de afiliados de algunas organizaciones históricas abren interrogantes sobre la capacidad de los sindicatos para defender los intereses de sus representados frente al Ejecutivo local.
Los datos de afiliación correspondientes a octubre de 2026 permiten trazar una primera fotografía de esa realidad. En un contexto de deterioro del poder adquisitivo y negociaciones salariales cada vez más determinantes para el bolsillo de los trabajadores, la representatividad de las organizaciones gremiales adquiere una importancia central.
Según los números relevados, la distribución aproximada de afiliados entre los principales sindicatos municipales es la siguiente:
1- Asociación Sindical de Trabajadores Municipales de Moreno: 1.040 afiliados /as
2- Sindicato de Trabajadores Municipales de Moreno (SITRAM): 940 afiliados /as
3- ATE: 650 afiliados /as
4- UPCN: 200 afiliados /as
Más allá de las cifras de cada organización, hay un dato que sobresale: el retroceso de SITRAM, un gremio que históricamente supo ocupar un lugar de peso dentro de la estructura municipal.
En otros momentos, SITRAM llegó a representar a más del 30 % de la planta municipal. Hoy, con unos 940 afiliados y una dotación estimada en alrededor de 8.000 trabajadores, esa proporción se ubicaría cerca del 12 %.
La comparación muestra la dimensión del cambio, aunque requiere una salvedad: las cifras de afiliación no pueden sumarse de manera directa para establecer el total de trabajadores sindicalizados, ya que una misma persona puede estar afiliada a más de una organización.
La pérdida de peso relativo de un sindicato histórico y la dispersión de la representación plantean una pregunta política: ¿qué capacidad tienen hoy los gremios para construir una fuerza colectiva frente al Gobierno municipal?
El crecimiento de algunas organizaciones no necesariamente se traduce en una mayor capacidad de negociación del conjunto. Cuando la representación se distribuye entre distintos sindicatos sin una estrategia común, la posibilidad de sostener una posición compartida frente al empleador puede debilitarse. Y esa dificultad adquiere especial relevancia cuando lo que está en discusión son los salarios y las condiciones laborales.
Paritarias con una oferta del 0 %
En las últimas negociaciones salariales, el equipo paritario de la intendenta Mariel Fernández se sentó a la mesa con una oferta del 0 % de aumento, según los antecedentes que motivan este análisis.
El dato instala un interrogante inevitable: ¿cuánto influye la fragmentación sindical en la posición que adopta el Ejecutivo frente a los reclamos salariales?
Una representación dispersa puede reducir la capacidad de presión de los trabajadores, sobre todo si las organizaciones no consiguen articular demandas y acciones comunes. En esas condiciones, el margen de maniobra del empleador puede ampliarse.
Sin embargo, la cantidad de afiliados no explica por sí sola una oferta salarial sin aumento. También intervienen decisiones políticas, presupuestarias y económicas del Gobierno local. La fortaleza sindical es una variable relevante, pero no la única, en una negociación donde están en juego los ingresos de miles de trabajadores.
La cuestión, entonces, no pasa solamente por cuántos afiliados tiene cada gremio, sino por la capacidad efectiva de convertir esa representación en fuerza negociadora.
¿Quién representa hoy a los municipales de Moreno?
La discusión excede las diferencias entre sindicatos y las posiciones que cada organización adopta frente al Ejecutivo. El interrogante de fondo es si los trabajadores y las trabajadoras municipales cuentan con una representación capaz de defender eficazmente sus intereses.
La afiliación constituye un indicador, pero no alcanza para medir por sí sola la representatividad gremial. También cuentan la participación de los trabajadores, la legitimidad de sus dirigentes, la capacidad de movilización y la posibilidad de construir consensos entre organizaciones con trayectorias y estrategias diferentes.
Los números de octubre de 2026 abren así un debate que va más allá de una estadística sindical. La representación no se mide únicamente por la presencia de los gremios en una mesa paritaria, sino también por la fuerza con la que llegan a ella y por los resultados que consiguen para sus representados /as.
Porque si la representación se fragmenta y no logra traducirse en una posición común, los trabajadores /as pueden quedar en una situación de mayor vulnerabilidad frente al empleador.
En Moreno, con una oferta salarial del 0 % y diferencias en el peso relativo de los principales sindicatos, la pregunta sigue abierta: ¿pueden los gremios recuperar representatividad y reconstruir una fuerza colectiva capaz de defender los salarios municipales?




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