“Cuerpo-territorio” es un concepto que visibiliza que las enfermedades y la contaminación son causadas por el extractivismo. Pero muestra también que las comunidades son cuerpos vivos, que existen y resisten. A través de talleres participativos, se generaron cinco mapas que ilustran estos procesos desde la Patagonia, el Noroeste, el Noreste, Cuyo y el Centro del país.
Por Laura Hintze
“Todas nos enamoramos de nuestra gorda”, dice Leticia García. Vive en La Pampa y se refiere a la mujer ilustrada en uno de los cinco pósters del proyecto llamado «Cuerpo-Territorio», que publicó el Instituto de Salud Socioambiental (InSSa) de la Universidad Nacional de Rosario. “Ella es un reflejo de lo que somos las mujeres patagónicas”, asegura. Los pósters representan el Centro, el Noroeste, el Noreste, Cuyo y la Patagonia. Se elaboraron a partir de talleres en los que participaron organizaciones socioambientales, vecinas y vecinos. El trabajo se complementó con bibliografía científica y así se llegó al mapa de la salud socioambiental en Argentina. Muestra cómo impacta el extractivismo en la salud de los cuerpos y de los territorios. Y también da cuenta de las resistencias que se generan para frenarlo.
Leticia García es geógrafa, feminista y profesora jubilada. En la imagen que observa se ve una mujer de piel marrón, con el pelo negro recogido en una trenza, con la nariz baja y ancha, los pezones oscuros, la panza generosa y las rodillas gastadas. Es el dibujo de una mujer-mapa que lleva marcado en su cuerpo los procesos socioambientales de la Patagonia. Este póster incluye la crisis hídrica de La Pampa, la megaminería en Chubut, la explotación de gas en Tierra del Fuego, del carbón en Santa Cruz y el fracking en Río Negro y Neuquén.
Entre otras problemáticas, el póster del Noroeste (Jujuy, Santiago del Estero, Salta y Tucumán) marca la producción de cítricos con agrotóxicos, el monocultivo de caña, el uso de transgénicos y la violencia institucional. El del Centro (Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe) menciona el extractivismo urbano, la caza indiscriminada, la presencia de silos y de antenas de telefonía. El de Cuyo (Catamarca, Mendoza, San Juan y San Luis) destaca la extracción de hidrocarburos, el fracking y la megaminería de litio. Y el del Nordeste (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa) señala la falta de acceso a la tierra, el monocultivo de pinos y las hidroeléctricas.
La categoría “cuerpo-territorio” es una herramienta de los feminismos decoloniales y de los pueblos indígenas, que vincula la salud de los cuerpos con las problemáticas socioambientales generadas por el extractivismo. El InSSa la usó por primera vez en 2020 para el póster “Cuerpo-territorio”, sobre las problemáticas socioambientales en Sudamérica. Ese primer trabajo fue una forma de abrir los ojos ante un lenguaje que la mayoría del equipo de salud ambiental no trabajaba: el artístico.
“Con estos mapas cuerpo-territorio nos animamos a transmitir información científica y validada de una manera que puede llegar a todo el mundo, sin restricciones. Sentimos que pudimos hacer mucho más asequible y palpable la importancia de la universidad pública y de la ciencia digna para las comunidades”, explica Damián Verzeñassi, director del InSSA.
Después del primer póster surgió la necesidad de mapear los diversos territorios del país. El InSSa impulsó 40 talleres de educación popular, que contó con la participación de organizaciones socioambientales, campesinas e indígenas.
Así se construyeron las cartografías regionales que dan cuenta de “procesos protectores” (organizaciones comunitarias, leyes y ordenanzas, producción agroecológica, áreas verdes, presencia de pueblos originarios). Y también los “procesos malsanos” (déficit de agua, basurales, fracking, megaminería, deforestación y fumigaciones). También incluyen indicadores registrados en cada sitio sobre salud mental, neoplasias (cánceres o tumores) y afectación en la salud respiratoria, endocrina, reproductiva, dérmica y digestiva.
Las voces de los pueblos en la academia
“Este trabajó nos dio una información riquísima sobre lo que ocurre en Argentina. Son cosas que ya conocíamos, pero que habíamos identificado de otra manera. Acá fueron las propias comunidades las que las nombraron. Ese peso es invaluable”, destaca Verzeñassi. Y agrega: “Es clave transmitir un mensaje riguroso en lo científico y en lo académico, pero también de posibilidad de transformación. Incorporar en los pósters los procesos protectores fue también clave porque estamos en un tiempo en el que tenemos la sensación de que hemos perdido”.
Los talleres se hicieron entre 2023 y principios de 2025. Lo que siguió fueron meses de lectura de conclusiones, sistematización de información y sobre todo de búsqueda de referencias bibliográficas y científicas que respaldan/complementan lo que dicen las comunidades. Cada lámina tiene un código QR que permite acceder a esa documentación.
El trabajo fue intenso. Y logró lo que el InSSa buscaba: que lo que dicen los pueblos también lo digan las universidades. “Nos querían científicos de la ciencia normal y positivista. Y ahí tienen. No nos quedamos solo con el arte y con la comunicación en otros lenguajes. También podemos disputar sentido con sus mismas herramientas”, resume Verzeñassi.
Del territorio al mapa
El taller que Leticia García coordinó en La Pampa, junto a otras cuatro mujeres, se hizo en parte en Santa Rosa y en parte en el oeste de la provincia, cerca de la zona conocida como La Puntilla, región de crianceros de chivos afectada por el represamiento del río Atuel en Mendoza. El primer encuentro fue en diciembre de 2024, en la capital. “En ese taller salió la herida que tenemos en nuestra provincia respecto al despojo de los ríos en el oeste”, cuenta García. Se refiere a los desvíos de los ríos Atuel y Salado para embalses mendocinos en la década de 1960. La mayoría de las y los participantes del taller de la capital desconocía la problemática. Y el tema despertó interés.
“Nosotras no podíamos hablar por la gente del oeste, que es la que sufre las consecuencias de este problema”, recuerda. Estaban seguras de que el póster no podía decir algo que no fuera dicho por los habitantes de esa zona. Lograr que su voz esté presente en el trabajo final fue su apuesta política. Entonces viajaron.
Organizaron una reunión en los puestos de La Puntilla. “Nos costó bastante porque era juntarse para esto. ¿Y cómo le explicas a un criancero o a una criancera que vamos a hacer talleres de ‘cuerpo-territorio’?”, relata. Al final, asistieron varias familias. La coincidencia fue evidente: en el oeste pampeano los desvíos de los ríos tuvieron un profundo impacto en la biodiversidad y en salud humana, en la historia y en la vida de esos territorios y de quienes los habitan.
https://agenciatierraviva.com.ar/un-viaje-por-los-cuerpos-y-territorios-de-argentina




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