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ATE Unidad denuncia que la conducción Verde Anusate pretende quedarse con el local que la agrupación Marrón utiliza desde hace más de 30 años en el Hospital Mariano y Luciano de la Vega. La pelea por el espacio expone una confrontación política y gremial que se profundizó tras las últimas elecciones de Junta Interna.


La disputa por una oficina en el Hospital Mariano y Luciano de la Vega de Moreno abrió un nuevo capítulo en la interna de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE).


ATE Unidad denuncia que la conducción a cargo de la Verde Anusate y encabezada por Walter Cravero, busca apropiarse de un espacio que la agrupación Víctor Choque (ATE Marrón) sostiene haber conquistado a través de décadas de lucha.


El conflicto tiene un trasfondo electoral. En los últimos comicios de Junta Interna, la Marrón obtuvo el triunfo entre los trabajadores del hospital, pero el oficialismo logró la conducción al contabilizarse los votos de la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Cuartel V, donde se desarrolló la elección. La oposición cuestiona las condiciones del proceso y denuncia irregularidades en los padrones, los tiempos y la organización de la votación.


Esta mañana, trabajadores y referentes de ATE Unidad hablaron con Desalambrar y plantearon que el intento de avanzar sobre la oficina no constituye un episodio aislado, sino parte de una disputa por el control sindical y por la capacidad de organizar la resistencia frente a la precarización laboral, los bajos salarios y la falta de respuestas a los reclamos del sector.


«Un atropello que viene de hace muchos años»


Manuel Lombardía describió una relación deteriorada con la conducción gremial y cuestionó las condiciones en las que se desarrollan las elecciones internas.


«El atropello y el maltrato que viene ejerciendo el gremio desde hace muchos años se expresan en un formato electoral que no termina siendo democrático. No se respetan los tiempos ni los padrones; recibimos la información a último momento y hay una especulación permanente», sostuvo.


El dirigente también denunció restricciones para ingresar a la sede gremial y recordó lo ocurrido durante la última elección, cuando, según relató, trabajadores de la oposición debieron esperar afuera durante la noche, bajo la lluvia y el frío.


«Eso va más allá de cualquier interna. Es un criterio de deshumanización, de atropello y de maltrato que ni siquiera hemos sufrido con las patronales», afirmó.


Lombardía cuestionó, además, que no se haya instalado una urna en el hospital, donde asegura que la Marrón tiene un respaldo mayoritario. También puso en duda la composición del padrón y señaló que la documentación electoral llegó con escaso margen para verificar quiénes estaban habilitados para votar.


Para el referente de ATE Unidad, el conflicto por el local está vinculado con la orientación política de la conducción. «Lo que vienen a hacer es lo que ya lograron en la UPA: frenar las luchas, prometiendo cosas que no pueden cumplir. Siguen sin resolverse el problema de los becados y el de los salarios», planteó.


«Me sentí bastante amedrentada»


Marisa Laurenzo relató que la situación escaló cuando un grupo de integrantes de la conducción se presentó para reclamar la llave de la oficina.


Según su testimonio, el día anterior le habían comunicado que querían recuperar el espacio, pese a que ella ya había anticipado que no entregaría la llave y que tenía argumentos políticos para sostener esa decisión.


«Me estaban esperando para pedirme la llave. Se quedaron ahí y, cuando definimos reunirnos afuera, se convocaron alrededor mío. Obviamente, una se siente bastante intimidada en esa situación», contó.


La trabajadora aseguró que sintió miedo y que llegó a comunicarse con un compañero porque temía que se produjera un episodio de violencia.


«Nunca hemos ejercido ningún tipo de violencia, ni psicológica ni física, hacia ningún compañero o compañera. Nunca nos manejamos de esa manera», afirmó.


La denuncia de Laurenzo introduce un componente personal en una disputa que ambas partes podrían presentar como una cuestión administrativa o patrimonial. Para la oposición, la exigencia de entregar la llave, en esas circunstancias, representa un intento de desplazar a una agrupación de un espacio que considera propio por su historia y su actividad gremial.


Débora Aguiar: «El sindicato se alinea con la patronal»


Débora Aguiar, de Alternativa Estatal, amplió el cuestionamiento y ubicó el conflicto dentro de una discusión más profunda sobre el papel de las organizaciones sindicales frente al ajuste.


«El sindicato es una herramienta fundamental para que la clase trabajadora salga a luchar. Hoy, las conducciones sindicales están cumpliendo un rol de desmovilización y desarticulación. Se mete miedo a los trabajadores para que no hagan paro, con el argumento de que les van a descontar el día», expresó.


Aguiar sostuvo que esa orientación termina convirtiendo a los trabajadores en la variable de ajuste y acusó a la conducción de ATE Moreno de ser funcional a las políticas de los gobiernos nacional, provincial y municipal.


En el ámbito sanitario, vinculó la precarización laboral con las dificultades que atraviesan los servicios públicos y sus usuarios.


«Tenemos becarios que llevan seis o siete años sin acceder a una remuneración como corresponde, que les permita llegar al hospital y seguir trabajando. Eso termina encubriendo la falta de personal», señaló.


Para la dirigente, la oficina en disputa tiene un valor que supera su función material. «Esto no es meramente una cuestión edilicia. Es simbólico. Se trata de desarticular una organización que tiene 20 años», afirmó.


Aguiar también cuestionó los vínculos políticos de la conducción y denunció presuntas maniobras con los padrones electorales. Esas acusaciones forman parte de los cuestionamientos que la oposición sostiene sobre el proceso interno de ATE.


«Este lugar tiene historia de lucha»


Raúl El Mosca Soria, calificó lo ocurrido con Laurenzo como un hecho de violencia y cuestionó que un grupo de personas se presentara ante una trabajadora en su lugar de trabajo para exigirle la entrega de la llave.


«Han venido a violentarla y a amenazarla. Hay que ponerle el nombre que corresponde. Esto no sucede solamente en Salud: también pasa en Municipales y en Educación», sostuvo.


Soria apuntó directamente contra Walter Cravero y afirmó que, desde la conformación de ATE Unidad y la articulación de distintos sectores para enfrentar a la burocracia sindical, se intensificaron los episodios de hostigamiento.


«Denuncian que los violentos somos nosotros cuando, en realidad, los que violentan son ellos», planteó.


El dirigente también vinculó la interna con la situación de los trabajadores municipales y con los episodios de represión que, según señaló, se registran en distintos ámbitos laborales.


«En lugar de tener un sindicato unido, que respete las diferencias ideológicas y de acción, Walter Cravero debería conducir las distintas líneas que existen en ATE Moreno. Sin embargo, lo que hace es acordar con las patronales, perseguir trabajadores y amenazar a sectores históricos», cuestionó.


Y dejó en claro que la defensa de la oficina no quedará circunscripta a la agrupación Marrón: «Desde ATE Unidad vamos a defender este espacio porque tiene historia, y no cualquier historia: tiene historia de lucha y de clase trabajadora».


CICOP: una disputa que trasciende la oficina


Juan Pedro, secretario adjunto de CICOP Moreno, acompañó el reclamo y consideró que el conflicto debe leerse en el contexto de las luchas que atraviesan el sistema sanitario bonaerense.


Señaló que los trabajadores de la salud enfrentan una discusión paritaria con salarios deteriorados y situaciones de precarización que afectan tanto a quienes tienen becas como a quienes todavía no accedieron a la planta permanente.

«Los compañeros de ATE Unidad expresan una tendencia a luchar y una tendencia democrática», afirmó.


Desde su perspectiva, el conflicto por el local busca desplazar a quienes intentan organizar reclamos por mejores salarios y el pase a planta de los trabajadores precarizados, en un momento en que también se desarrollan medidas de fuerza de los residentes de la provincia de Buenos Aires.


«La intención de la Verde Anusate es borrar y expulsar del hospital a todos aquellos trabajadores que estamos tratando de poner en pie un movimiento que luche por el salario y por el pase a planta», sostuvo.


Para el dirigente de CICOP, defender el espacio físico significa también defender la posibilidad de sostener una organización gremial activa dentro del hospital.


La disputa por la oficina, entonces, deja expuesta una fractura que no se limita a quién conserva una llave o utiliza un local. En el fondo, confrontan dos lecturas sobre el papel del sindicato: una conducción que la oposición acusa de negociar con las patronales y frenar los reclamos, y sectores que reivindican la organización y la movilización como herramientas para enfrentar el ajuste.


Por ahora, las denuncias de ATE Unidad describen la dimensión política de una interna que también tiene un resultado electoral de fondo: la Marrón ganó entre los trabajadores del hospital, pero no logró quedarse con la Junta Interna, que ya está en manos de la Verde Anusate tras computarse los votos de la UPA de Cuartel V.