Por Pavla Ochoa /
Blanca Flor resistía con su identidad del conurbano bonaerense al salvaje capitalismo que imponía el peronismo con el gobierno de Menem. En 1997, editaron de forma independiente, un nuevo trabajo discográfico: «Nada en los bolsillos», con la ausencia de Pablo en teclados ya que se había retirado de la banda un año antes.

Luego de una histórica presentación en el Museo Almancio Alcorta, Blanca Flor se alejaría de los escenarios por cuatro años.
En diciembre de 2001 ocurrió el regreso en» El Galpón de Álvarez». Nando, en esos años ya vivía en la Pampa, y no pudo estar presente. Su lugar lo ocupó Joaquín Iriarte.
En ese instante, sin aviso alguno, quien escribe se sumó de casualidad a una parte de la historia de la banda de Paso del Rey.
Christian «Tano» Pulitano, integrante de Salsa Champignon y parte del grupo fundador del centro cultural que funcionaba en el viejo galpón ferroviario, lindero a la estación de trenes de Francisco Álvarez, logró convencer a cada integrante de que Blanca Flor tenía que volver a tocar en un escenario. Ahí entra en acción el grupo de teatro experimental que integraba en esos años: «Maniobras Pampas».
Nosotrxs estábamos craneando la obra «Mp Web», una iniciativa experimental que nada tenía que ver con el teatro convencional ya que rompimos en pedazos la idea de la «caja italiana» y la obra transcurría en todos partes y el público era parte de la misma. El Tano, se acercó a invitarnos a ser parte del show, se iba a hacer en principio dentro del galpón pero terminó realizándose afuera, al aire libre. En la semana previa al concierto, Domingo López, Federico Tinelli, Martín López, Patricio Roaun, Gabriela Conde, Lucas López, Paola Silveira y quien redacta este texto, fuimos a ver un ensayo de Blanca Flor en la Sala de Ensayo «La Palmera» para ver qué canciones íbamos a intervenir desde la expresión actoral. Al escucharlos elegimos tres: «La Parka», «Mí Papel» y «Reyno».
La noche del sábado 15 de diciembre de 2001 la banda brilló en su reencuentro y nosotrxs ejecutamos lo craneado, siendo una fuerte y explosiva combinación.
En «La Parka» estábamos en cuero, solo con ropa interior y un gamulán, con una estructura de hierro que habíamos realizado con una parka de telgopor y tela roja, en nuestra espalda, corríamos por un andamio de obra de construcción que había al costado del escenario y otra parte de lxs maniobras lo hacían por arriba del techo del galpón. La gente se sorprendió de nuestra puesta en escena, nosotrxs también.
En «Reyno», corríamos por todos lados y nos sentábamos en esos andamios a comer torta y caramelos. Nos enchastramos con la comida y la tiramos al público. Pero «Mí Papel» fue el cierre perfecto de nuestra perfomance. Teníamos a unx compa de Maniobras Pampas, atadx en un péndulo al costado del galpón y en la chapa habíamos puesto bolsas de harina. Cuando se balanceó y chocó con fuerza, fue una explosión contra la estructura, haciendo que todo sea un polvo blanco hacia adelante, llamando la atención de la gente. Mientras Patricio estaba colgado de una tirolesa con una bola con cadenas de preso, al empezar el estribillo, caía entre el público. Todo era una fiesta, obviamente no pude ver casi nada de ese recital porque estábamos a mil haciendo cosas, pero fue inolvidable para quienes disfrutaron a ver a Blanca Flor y para quienes estuvimos colaborando con nuestro arte.

Al tiempo fuimos con Pablo Ballarini, compañerxs de estudio de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Extensión Moreno (estoy hablando de lo que fuera el CENUM, la semilla para lo que luego fue y es la Universidad Nacional de Moreno) y nunca le conté que había estado esa noche, hasta hace unos meses atrás.
El dato a poner el foco es que cuatro días después del regreso de Blanca Flor en Francisco Álvarez, estallaba la rebelión social del 19 y 20 de diciembre de 2001.
Pasaron 17 años después de esa inolvidable fecha que marcaría historia en el rock local, subirían una vez más a los escenarios. En el 2018, un recital de bandas locales que impulsaban un homenaje contagió a Luetto, Ballarini, Cogo y Valle, a volver a tocar ante público. El resultado; un recital en Rojo Bar con entradas que se agotaron apenas se difundió el show. Esta locura por el regreso inesperado generó que tuvieran que negociar 30 entradas para la familia y amigxs, porque lxs Blanca Flor no querían que su gente se perdiera la velada.

En la tocata se sumaron a la formación original como invitadxs Pablo Rizzi y Santiago Schroeder, en el bajo, Esteban Freydier y Efraín Ambrosioni en saxos.
Rubén Gattero, periodista local que por años le hizo la prensa al grupo, fue el encargado de dar el puntapié inicial : «Buenas noches, su atención por favor. Vamos alistando los oídos y preparando el corazón porque enciende el tiempo del reencuentro. Bienvenidxs a este pliegue del tiempo donde todo cambió para que sigamos siendo los mismos. Cuando explotaron las bandas de los barrios apareció esta banda que la calle eligió como suya. Mucho trabajo, mucho graffiti, mucho ensayo, muchos shows. Y cuando la fruta estaba madura lxs pibes se tomaron un recreo. Pasaron días soleados y noches de plateado. Los que los habían seguido a todas partes alimentaron su recuerdo y abonaron la leyenda. Algunos hijxs se hicieron padres y los heredaron para que siempre se sepa que hay canciones que hablan de trenes, de voracidades que matan, de negritos, de rini ramón, de revoluciones y traiciones, de polis con matracas, del ingrato amor. Pellizcate bolú, no es sueño, es realidad. Y está pasando acá, porque con nosotrxs está la banda de lxs pibxs del barrio que saben dónde sale el sol. La banda de lxs pibxs de mí calle, mí esquina, mí ciudad. Está con nosotros, otra vez, Blancaflor».
Fue el mismo Andrés, que hizo una broma con el regreso cuando se enfrentó al micrófono; «Voy y vengo dijo el General. 18 años tardó en volver, nosotrxs 17 años. No queríamos de ninguna manera robarle un récord al General. ¡Viva Perón, Carajo!».
Fue el inicio de una noche a puro rock, arriba y abajo del escenario.
A fines de 2019 y principios del 2020, Armando Valle, Andrés Luetto, Pablo Ballarini y Federico Cogo, grabaron un EP de dos canciones que lo llamaron «Buen Viaje», editado por CALT Records y mezclado en «Estudios de Barro» por Agustín Ramírez. El espíritu de siempre en la música, con una mirada de estos tiempos actuales en la letra, hacen que lxs integrantes de la banda nos muestren en el vídeo de «Mejor mañana», que la pasan bien y se divierten, como en el inicio de la banda.
En 2022 realizaron otros dos shows en Rojo Bar. Está vez, Nando no pudo estar presente y la batería la tocó Rubén Sarmoria.
Lxs integrantes de este grupo siguen haciendo música y colaborando en los proyectos solistas o grupales, como es el caso de la grabación «El Eterno Retorno» de Andrés, donde colaboran Fede y Pablo y se siente la vibración sonora y estética del grupo.

Hablar en el 2026 de Blanca Flor significa contar una parte de la historia de Moreno. Ese grupo de amigxs, no solo quienes se colgaban los instrumentos para tocar, sino la gente de la barra que hacía de todo para que la banda se conozca, lograron entrar en el inconciente colectivo morenense y mantener viva su música e historia a 37 años de hacer sonar los primeros acordes en aquel ensayo de Paso del Rey en 1989. Lograron que muchas generaciones lxs busquen en las plataformas de música o esperen con ansiedad alguna nueva juntada porque Blanca Flor «siempre viene llegando».




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