Por Pavla Ochoa /
En la década del ’70, dos jóvenes que se criaron y se formaron intelectualmente en el barrio La Perlita, llevaron su música a la primera división del rock argentino, a puro esfuerzo y honestidad. Marcos «Gueso» Pelaitay y Miguel «Chocolate» Obando, crearon «Ceibo«. Un grupo que no tenía un encuadre de música definido, que no se podía encasillar en ningún género particular, pero que logró impactar en ese universo de energía que buscaba transformar con sus palabras y arte la realidad que lxs rodeaba. Con arduo trabajo, la banda logró entrar en la historia del «rock argentino».
Me enteré de la existencia de Ceibo, en 1994, por Jorge «Conejo» Olguín, vecinx del barrio y tío de mí amigx y compadre Marcelo Lara, con quien me inicié en la música . Aún no puedo olvidarme de la demencia en la que Jorge hablaba y destacaba las virtudes en la guitarra de «Miguelito». Él era un verdadero fanático de su amigx, hablaba de Obando como sinónimo de Jimmy Hendrix o «Stevie Ray Vaughan», pero en su versión perlitense. Y ahí, con mucha data empírica, nos nombró esa banda que marcó huella y que tuvo al propio Litto Nebbia como fiel admirador de su música: Ceibo.
Hasta ese momento a Miguel solo lo conocía de vista. Él era parte del paisaje del barrio. Todos los días pasaba con su bicicleta y su guitarra en sus espaldas, mañana, tarde o noche por la calle México. En cambio a Marcos lo conocí recién en 1995 en el Fek 67 Bis. Siempre estuve enteradx de ese grupo que integraron, pero nunca puntualicé con ambxs al respecto.
Con el tiempo, aprendí que para hablar de Ceibo, hay que centrarse en el recorrido musical previo que hicieron juntxs ambxs amigxs. Gueso y Chocolate crecieron en la «Capital de Moreno». Se conocieron jugando al fútbol en la canchita que estaba frente a la Parroquia San José, en el Hogar de niñxs del Cura Pepe.
Todo cambió para Gueso, cuando un día Chocolate lo invitó a su casa y al llegar estaban lxs hermanxs Obando haciendo música. Ese universo sonoro contagió a lxs pibxs que comenzaron a sumergirse de acordes, ritmos y letras. Ambxs tocaron por primera vez en el escenario de la Sociedad de Fomento de Lomas de San José, impulsadxs por lo que generaba la banda de los hermanos Obando, que hacían rock and roll, y se llamaban Los Ding Rogger. Lxs dos jóvenes se hicieron llamar «Marcos Héctor y sus Dinámicos». La matemática es sencilla: Marcos Héctor era esx pibx de 14 años, que seguía llegando de su San Juan y «Sus Dinámicos» era Miguel Obando con un redoblante, porque aún no tocaba la guitarra.

En esos días, lxs dos estaban todo el tiempo con sus guitarras, emulando a sus ídolxs, soñando despiertxs con tocar como esxs artistas que se presentaban en los populares bailes de carnaval que se realizaban en el Club Recreativo Los Indios. Esa pasión compartida lxs llevó a integrar varios grupos como «Los 5 de Madalena», donde hacían folclore colombiano, teniendo como referencia a «Bovea y sus Vallenatos». Luego integraron «Siglo 20», está última hacía rock instrumental y tenía en su formación a Ricardo Acciardi en primera guitarra, Gueso en el bajo, Chocolate en la guitarra rítmica y Adolfo De Simone en la batería. En el medio de esta experiencia nacen «Los Instantáneos«. Hasta que después de esas aventuras musicales llegó el grupo de San Miguel «5.ª Dimensión», donde estaban Bubi en bajo y teclado, en la batería el «Rata» , tocando la primera guitarra Chocolate y Gueso la segunda guitarra. Esta banda es la antesala a Ceibo.
A Marcos y Miguel se les suma en la batería Raúl Pérez, que le da templanza a las propias composiciones que comenzaban a surgir en esos días. Está formación tocó en un bar de La Perlita llamado «Collagge» de Dardo Buglione, ubicado en Marcos del Bueno y Camilli. Ahí mostraron su música a su gente, a su barrio.
En una fiesta, lxs tres integrantes conocen a Daniel Tisati con su flauta dulce y una tenor. Ahí también estaba Mario Luis Muscio con su guitarra, tocando Beatles y las obras de Eduardo Falú. Lxs jóvenes no dudaron y al terminar la noche hablaron con ambxs, acordando encontrarse en la semana a ensayar en la casa de Muscio. Ahi quedó la formación que llevaría a puro sudor y esfuerzo, a tener ese particular sonido que era su identidad. Entraban a ensayar a las 14 horas solo lo instrumental. A las 17 horas hacían los arreglos vocales con la única guía que era la guitarra de Miguel. Y luego hacían todo junto hasta quedar conformes, finalizando a las 00 horas. En base a ensayos y disciplina, lograron ser una sólida «Pared Sonora».
Su debut como quinteto fue en «Jerico», ese boliche bailable que estaba ubicado en Bartolomé Mitre 1068 y Camilli, donde actualmente funciona el Registro Civil de Moreno a metros de la Escuela de Educación Primaria N° 3 «General José de San Martín». En el local de Jorge Dambolena, Ceibo mostró sus nuevas canciones por primera vez, gracias a la insistencia de Carlos Capisci, que estaba atentx a ese sonido particular y quería que se presentarán en el centro de Moreno.

La rueda comenzó a girar. Los recitales le dieron corporalidad a ese torbellino musical. Fueron convocados por el propio Litto Nebbia a su programa «Melopea» en Radio Municipal de Buenos Aires (que se emitía los sabados y domingos) con una duración de 25 minutos. Ahí, Nebbia conectó con la propuesta de Ceibo que fue a tocar sus canciones en vivo. En esos días, el creador junto a Tanguito de La Balsa, venía de editar el long play «Muerte en la Catedral» y «Melopea«, que hizo con su trío, Jorge González en contrabajo, Néstor Astarita en batería y él en guitarra, piano y canto. En ambos trabajos el planteo compositivo era una ruptura con lo que en ese momento se denominaba rock y cruzarse con lo que proponía Ceibo, era un choque de planetas en la misma sintonía y vibración.
Continuará…




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